Cuando no soltamos lo que nos duele

Una espina se aprieta en las manos contenida y quiere pasar por un ribete de tu blusa. Pero es mentira. Eres tú la que te engañas pensando que es un ribete, cuando todos vemos la espina. Es más, también vemos la herida.
No temas, en algún lugar perdido, en algún tiempo, en alguna esfera, hallarás un hueco para depositarla, un tiempo para encontrar todos los ribetes de todas las blusas y un sueño, escondido, quizás pequeño, pero sueño al fin y al cabo.
Y mientras escribo, me miras, sonriéndome, porque sabes que soy demasiado emocional para encontrar el hueco en el que depositar mi espina.

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