Envidia

A veces, quien nos pone piedras, no sabe cuánto nos reta.

 

Crees retarme con desiertos

pensando,

que reclamaré tu oasis

tan pronto tenga sed,

me derrote el ánimo

y las fuerzas.

Sin embargo,

ignoras que mis botas

se han fraguado en otras eras,

bajo el aplomo del oro emergente de la estrella,

por eso puedo volar,

surcando el océano,

sin necesidad de plegar velas,

sobre la tierra desértica de tu envidia.

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