Demando tus manos

Yo demando tus manos,

la mirada hacia atrás,

el fuego,

la trastienda

de la caverna de las ideas.

 

El epicentro de la mentira

nos pretende,

agitándose

en la propagación de sus cimientos,

ofreciéndonos

la bengala aparatosa

de la abundancia.

Pero la barrera ignífuga de tus ojos

nos permite transitarnos sin cadenas

 

No preciso

la tela verde del croma

para ver el paisaje

que recorren

nuestros cuerpos amantes

en todos nuestros parajes.

Yo demando tus manos,

el  asiento

indescriptible

de tu boca

sobre mi nuca,

una llamada a la eterna primavera

danzante,

sobre el lago del averno.

 

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