Sabiendo que no puedes

Mirar fijamente los ojos de un asesino,

el mal es turbulento en su mirada,

desgañitarse con la víctima tendida en el suelo,

la sangre sobre los platos de la cena,

querer retroceder el tiempo,

sabiendo que no puedes.

Atrapar un suspiro,

que se queda pegado en los oídos,

negándole poder al victimario,

relegarlo,

al capítulo primero,

donde se cierran los días,

sabiendo que no puedes.

Bloquear las puertas del infierno,

que todo sea cielo,

un lugar seguro,

sabiendo que no puedes.

Cuando miras los ojos del averno,

comprendes,

que ser víctima es fruto de un aciago azar,

pero no ser verdugo,

porque el mal elige a sus demonios.

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