Y si te digo que tus ojos son como esmeraldas

despertando a la luna,

me dirás que te hago una metáfora,

no muy realista

porque tus ojos son del color de la miel

y les duele la noche.

Nuestras oscuridades son un campo de batalla

y no tenemos gafas de visión nocturna.

Quise encargar en Amazon una lámpara azul

pero informan que el producto está descatalogado.

Quizá podamos vernos

en la estantería de los libros prohibidos,

único lugar en el que encuentro

el código secreto para hablarte.

Es duro comprenderte, mi adversario,

ese incombustible antagonista,

que no teme a la luz.

Siempre fantaseo

que existe un lugar como refugio

de los buenos momentos

y que algún día hallaremos un motivo

para descorchar los sentimientos

y sentir como la pasión recorre

todos los segundos de mi tiempo.

Fuera de mí. Dentro de mí.

Arriba y abajo.

Una palabra puente,

para transmutarnos

entre las luminarias de diciembre.

Y si te digo que tus ojos son la miel serena

que despierta el sabor de tus abrazos,

me dirás que es una metáfora

y no muy realista,

porque tus ojos a veces son tan verdes

que se pierden

en las profundidades de tu bosque.

Y es así, mi adversario, que entenderte

supone enfrentarse a mis silencios.

De esta historia hay que salir indemne

para no repetirla en otra vida.

Aunque si fuera así, también confieso,

que quizá tus besos

calmarían la sed de mi sonrisa.

10 comentarios en “Y si digo

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