Si tuviera un telescopio…

   Enrique soñaba que, por fin, el día de Reyes, sus padres le regalaran el telescopio que tanto ansiaba. Fantaseaba con tener un telescopio más profesional que aquel de juguete que le había regalado su abuelo en su cumpleaños. Sabía que era caro, muy caro, pero había oído que a sus padres le había ido bien la cosecha este año. Cruzaba los dedos, encomendándose a la suerte. ¿Tendría por fin ese regalo tan ansiado?

  Enrique era un joven de 17 años cuya mayor pasión era llegar a ser físico. Su madre siempre le bromeaba y le decía que pensase ser pianista, ya que tenía unas manos ágiles y delicadas. Enrique pensaba que las madres siempre ideaban un destino diferente para probarte. Pero él lo tenía claro, sería físico, sí o sí.

 Esa mañana se levantó bien temprano. Tenía el pelo alborotado y hacia arriba. Su cabeza parecía una bombilla amarilla a punto de lucir. Bueno, siempre tenía el pelo alborotado al levantarse. Ese pelo rubio, pero tan rizado, era indomable cuando crecía y desafiaba la ley de la gravedad, erizándose hacia arriba. Lo aplastó con las manos. No tenía tiempo para peinarse. Iba a conocer a su amado telescopio.

 Cuando llegó al salón, se encontró con una caja enorme. Por fin el telescopio, pensó. Abrió el paquete apresuradamente, no reparando en una nota que estaba colgada junto al lazo que decoraba el envoltorio de regalo. Cuando abrió la caja de cartón que escondía tal vestimenta su sorpresa fue mayúscula. En lugar del telescopio había un microscopio, muy bueno, pero un microscopio. ¿Podían ser sus padres tan torpes? Habían confundido un telescopio con un microscopio.

 Preso de la desilusión se dispuso a recoger el papel de regalo esparcido por el suelo. Y ahí estaba un pequeño sobre blanco, que parecía contener una tarjeta, en la que textualmente leyó:

 Querido Enrique. Sé que deseabas un telescopio, pero me ha parecido mejor idea regalarte un microscopio. Si uno no comprende las reglas de las cosas pequeñas, ¿Cómo va a comprender el universo? Atentamente, Baltasar.

 Las cimas más altas se escalan desde abajo. Si no tienes las herramientas adecuadas no puedes escalar. Asume que todo es un trayecto, y que cuando la vida regala algo de manera apresurada y sin merecerlo, más que el éxito como regalo lo que te somete es a una prueba. Y créeme, de ella no es tan fácil salir ileso. Atentamente, Melchor.

 Bueno, qué decir tiene que yo quería regalarte el telescopio. Pero me convencieron de que no era oportuno. Sí entiendes este deseo no colmado, todo fracaso, como un paso más adelante en tu destino, sin duda llegarás a ser un buen físico. Atentamente Gaspar.

  Volvió a mirar el microscopio. Quizá no era tan mal regalo. Podría examinar minerales, cosas pequeñas, la materia es densa y ese instrumento facilitaba observar lo que nuestros ojos no nos dejan ver. Observar, ver más allá de la densidad, para crecer. Hay demasiadas cosas que no vemos y tenemos cerca.

2 comentarios en “Lunes, 29 de abril. ¿Puedes sentir la densidad?

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