Subconsciente

 

He visto una estrella,

caída,

sobre el marco de la ventana

y un ramo de cien rosas,

sobre el nido de un cuervo.

 

He bajado escaleras, 

acantilados,

asomándome,

a la irrealidad de la caverna,

los ojos traicioneros de la noche,

la penumbra,

donde se guardan los días.

 

He visto mil ciervos,

fusilados,

mil hembras fusiladas,

cacerías de brujas

y la pócima

que ha de traer la luz

ante mis ojos.

 

He llorado ausencias,

levitado,

desgajado,

los pétalos del sexo.

 

Los cuervos no siempre

anuncian mal agüero,

los ciervos no siempre,

son doncellas encantadas.

Pero,

tus manos,

pueden hacer maravillas

sobre mi espalda.

 

 

 

 

 

Poema para hablarte

Quizá este poema,

debiera tocarte,

como un ángel,

abrazado a tus pies

y así elevarse

sobre acantilados abruptos,

mar de invierno 

y huracanados vientos de palabras.

Quizá, si

quizá debiera tocarte,

haciendo que tu piel se sonrojara,

mientras la uva tinta se desboca,

humedeciendo los labios de la noche.

 

Pero este poema,

hoy,

solo desea hablarte,

arañarse, morderse, desarmarse

en la desnudez que un aguacero

va dejando visible tras la ropa.

 

Este poema grita, se revela,

no quiere seguir métrica ni estrofa,

solo,

pretende hablarte,

dejando que sus versos

aniden en los árboles más viejos

y si fuera posible

en tu ventana

para ser pronunciados en tus sueños.

 

 

 

 

 

 

un