Hormigón de serie

Puedes poner cimientos,

y dudar que el suelo sea firme,

una solera de hormigón,

para asfaltar los sentimientos

contenidos,

sobre la barandilla de los ojos.

 

Puedes caminar despacio,

improvisando techos,

y paraguas,

sobre la lluvia caprichosa

impredecible,

de la tercera apuesta

a un terremoto.

 

Pero yo quiero ventanas,

galerías,

juegos de luz,

y lírica en las manos.

 

No quiero ser protagonista ausente.

ni el verso épico,

que resida en las torres relegadas

ni en la memoria de tiempos más remotos.

 

Si fuera tan fácil,

hablar con la verdad,

seguro que este castillo

tendría amplias ventanas,

y tu y yo, todavía,

ausentes o presentes,

en el mismo lugar, o diferente,

podríamos reír toda la noche.

 

 

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Escalera

La introspección, a veces, es como un caballo que cabalga sin rumbo, desbocado, en los albores de nuestras ausencias.

Mil perdones por mis constantes ausencias últimas.

 

ESCALERA

 

Una escalera puede ser un puente al cielo,

un abrazo infinito apresurado,

el lugar de reposo

y el avance,

hacia el centro de unos ojos.

 

Pero una escalera también puede ser

un desconcierto,

que abruma en su giro tortuoso

el tránsito de horas,

un laberinto

que no sabe de unos labios calurosos.

 

El ir y venir de una noria,

constante retroceso,

sin impulsar el agua,

ni la noche,

en ese viaje a ninguna parte

que en ocasiones nos marca

la dentellada de la vida.

 

 

Olvídate

Olvídate de mí,

de mis zapatos

abarrotando el armario,

de los frascos de perfume vacíos,

las pinturas en el cuarto de baño,

de los pinceles,

de las pinzas de depilar

(que no uso),

de los libros invadiendo todas partes,

de las camisetas con frases,

del café a media tarde,

olvídate…

Olvídate también de mi risa,

de mis ganas de abrazarte,

de mi mirada ausente

cuando no puedo escucharte.

Olvídate de todo,

olvídate de mí

porque yo no puedo olvidarte.