REFLEXIONES SOBRE EL TRABAJO NO REMUNERADO

Hoy no voy a publicar un poema. Voy a reflexionar sobre una propuesta concreta que hago, para mejorar la situación de aquellos/aquellas que desempeñan trabajos no remunerados para cuidado de menores y dependientes.

7 puntos básicos para el planeamiento de un sistema de cotización voluntario a la seguridad social por trabajos no remunerados para atención de la familia o dependientes:

  1. Las personas que realizan exclusivamente un trabajo no remunerado de cuidados, verían reconocido su derecho a cotizar a la seguridad social, por las contingencias que se delimiten, pero especialmente en situaciones de incapacidad permanente y jubilación.
  2. Dicha posibilidad de cotización implica un mayor compromiso del Estado en el reconocimiento de la relevancia de dichas tareas, y en especial cuando una persona tiene que dejar de trabajar, o no puede trabajar, para atender a familiares menores o dependientes.
  3. Reconocimiento de los trabajos del hogar o ama de casa, a fin de aseguramiento de un mínimo de contingencias básicas.
  4. El establecimiento de carácter voluntario de la cotización, facilita a cada economía familiar, la decisión de destinar los recursos que tenga a tal fin. Igualmente debiera ser desgravable en el IRPF, renta conjunta o individual.
  5. No se debería establecer la cotización  exclusivamente como carga de la economía familiar, debiéndose ponderar la posibilidad de establecimiento de una cuota plana( como en los autónomos) o subvencionada, total o parcialmente, en supuestos de rentas mínimas o extrema dependencia de familiares, con cotización a mínimos.
  6. Efecto positivo de dicha regulación en el incremento de cotizaciones.
  7. Mejora de la situación de las mujeres, quienes asumen más habitualmente dichas tareas, a fines de atenuar la desigualdad que pudiera producirse por el mecanismo de la asignación del rol de trabajo de cuidados no remunerados a la mujer.

Y ahora abro el debate ¿Qué opináis?

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Escaparate

Un grueso cristal aumenta,

un rostro entristecido

y empujado,

a no reconocerse en los abismos.

Otro día se dice,

retándose,

como si ignorara,

que va pasando la vida.

No hay un billete de vuelta,

ni un pasaje infinito,

pero ella,

persiste,

en permanecer detenida,

en un escaparate,

como un maniquí sin tiempo.

Un paseante, desde el otro lado,

le regala diariamente su saludo,

en la esperanza de que tome carne

y puedan caminar hacia otro sitio.

Él la ama,

más de lo que se ama ella misma.

Hay veces que el amor nos lleva a esperar

que el otro despierte.