Aterrizar sobre tu piel

Aterrizar sobre tu piel,

sin freno de emergencia,

confesa y sin recurso,

carente de paciencia

 

Aterrizar sobre tu piel,

sin freno porque quiero,

tropezar en tus ojos,

atraparme en tus besos

no abandonar la noche

sin dibujar tu cuerpo

aterrizando al vuelo

sin ruta y sin espejo

 

 

 

 

 

 

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Lado oscuro

En ocasiones todo parece salir mal. Nos sentimos emocionalmente heridos y descendemos, con nuestros demonios, a los parajes más oscuros de nuestros miedos. Podría haber hecho, debería haber hecho, no lo debí permitir, tendría que… Este poema habla de ese momento en el que ya estamos cansados de ese martirio. Decidimos abandonar la tiranía de nuestra propia mente y ya no nos importan sus machacones mensajes de culpa o de rabia Y, curiosamente, en este momento, comenzamos a sentirnos mejor.

 

Reinvento mi grito, hoy

no hay brebaje que calme la comezón de mi piel,

ese purito intenso que da bienvenida a la noche,

ni siquiera el alcohol más puro,

aunque se mezcle con miel y aguacate.

En esta historia, me he perdido algo

y no soy ya capaz de seguir el hilo

Todo me suena a teleserie,

quizás tenga detrás un muerto viviente,

demasiado drama  para una comedia.

Pero, es curioso, en realidad, me siento bien

ya no me importa que la lava caliente mis pies,

o que no exista conjuro que me rescate de esta vuelta

sin billete de ida a mi particular infierno.

Es latoso tener que resurgir,

aunque todos lo hacemos,

pero hoy me quedo en este lado oscuro,

resiliente a la sombra de mis ojos.

 

 

El amor que no se fue

No tiene horas el día, no tiene horas

Para entretejer  tus labios

con los hilos del recuerdo,

para no seguir pensándote

entrelazado a mis manos

en imaginado encuentro

y es que te sigo llevando

en mí,  muy dentro, muy dentro

 

No tiene horas el día, no tiene horas

Voy añorando tus pasos

en las baldosas de invierno

Me duele porque te siento,

te siento porque te tengo

clavado en mi pensamiento

y presente en cada sueño

 

No tiene horas el día,  no tiene horas

porque te sigo queriendo.

Nada es igual que ayer

Nada es igual que ayer

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

 

Diferentes perspectivas

se disipan cada día

y aquello que te dolía

ya no te vuelve a doler

Nada es igual que ayer

al menos, como hoy lo ves

 

Ya no sufras por aquel

Que no supo  bien quererte

Que no supo comprenderte

Por aquello que  se fue

 

Ves, tu cuarto, huele a menta

y esa luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

y que tu cuerpo perfila,

entre tonos violetas

se tropieza con las lilas

que asoman a tu cintura,

tus brazos ya no lo dudan

lo ves, ya se fue la duda

y también esa amargura

por aquello que se fue

Nada es igual que ayer.

 

Porque el dolor ya se fue,

al menos como hoy lo ves

Nada es igual que ayer.

Moda, modismo y manera

Moda, modismo y manera

de esconderse tras cualquiera,

tela que en telar tejiera,

rueca entrelazada al huso

postines de medio uso

y botines de color

 

Moda, modismo y manera

arrebatada y ligera

informal, perecedera

descarada, nunca austera

una piel, una cartera

de serpiente o de visón

 

Moda, modismo y manera

bufanda, peto, campera,

Llevo el mundo por montera,

jugando a ser la primera

que lleve la ropa nueva,

y así sentirme mejor

 

Modismo que moda fuera

con contundencia en la frase

paso a la siguiente fase,

entre suspiros de alcohol

Refranero encorsetado

de un lenguaje sin calor

Modismo y también manera,

impostada en el poema,

en modo al tiempo y desuso,

compartiendo el mismo pulso

con distinto tenedor.

 

Moda, modismo y manera,

Fugaz por más lisonjera,

para un mundo de cartón

 

 

 

 

 

luna de vino y cosecha

27 nardos surgen

en la puerta de tu casa,

umbral del grano que nutre

esa pasión que nos ata

 

27 nardos, círculo,

aquel que nunca se esconde

corona surcando el cielo,

que va vistiendo la noche,

para recordarte a tiempo

el amor que te profeso

el amor que yo te tengo

y que siempre te confieso

 

27 nardos miran

a esta luna de septiembre,

ensalzada en la simiente,

dorada entre la penumbra,

aquella que nos alumbra,

que nos proteje y nos cura,

cada vez que nos encuentre.

 

Oro de vides erguidas,

secreto que las encierra

luna de vino teñida,

encaramada en la tierra.

 

 

Esta luna fue testigo

de aquel  nuestro primer beso

de lo que hoy aun te digo,

de cuando callo y te pienso

 

27 nardos, nueve

Luna de vino y cosecha