Aire

Tú me dices color,

yo pienso en aire,

ropa blanca, danzando, en la ventana,

ese baile que eleva nuestras almas,

expectantes de azul de madrugada.

 

 

Tú me dices amor

y pienso en viento,

desplegando cometas, primavera,

repasando colores, en los vuelos

dibujantes al sol, entre los cielos

que bendice la luz en la mirada.

 

 

Tú me dices color,

yo pienso en aire,

cascada interminable de tus brazos,

aire amante de viento,

aire, tan solo aire.

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Cuando el amor se bastaba

La luna ya no me avisa

de la luz de tu mirada,

tus ojos ya no responden,

entre mentiras calladas,

agujeros en esquinas

de todas nuestras palabras.

 

Y mientras pasan los días,

y tú crees que me engañas,

yo ya solo tengo lástima,

de lo que fuimos un día,

cuando el amor se bastaba.

 

 

Voltios

Esperando el tren, presiento

que los 25.000 voltios que anuncia el poste eléctrico

desafiando la vía,

no serían hoy suficientes para hablarme,

ni siquiera para optimizarme

como un androide cualquiera, viajante,

a las profundidades del otoño,

y ya van más de tres, los poemas

que se “auto-liberan”

desafiando todas mis premisas,

las confabuladoras de emociones,

desde la ajenidad imaginaria.

 

Y ahora, aquí, estoy,

tan presente y tan

ausente, de metáforas,

se perdieron en un frasco de café,

reñidas en mis identidades divergentes.

El rayo que no cierra las heridas

y el páramo de toda encrucijada.

 

Sin duda, si no fuera tan emocional,

todo pudiera ser perfecto,

caminar a mi lado en homogéneos trazos,

pero mis curvas son imperio entre mi ropa

y en el universo de mi mente,

así lo será,

soy concentrado

a veces peligroso

del azar del tiempo.

 

Todo pudiera ser bonito

sino supiera lo que piensas.

 

Perdida

La luna no protege el canto de las sirenas,

mira cómo mece el sonido del viento

La tarde está en silencio

y hay quien no escucha la canción.

 

Siempre

esta maldita sensación de haber equivocado

todos mis rumbos,

mi isla no es de este océano,

no hay viraje

que no exija una pérdida.

 

Yo soy la postura que emborrona,

más confusa que nunca,

la tinta sobre el papel,

la que derrama,

las lágrimas,

sobre la fotografía de tu ausencia.

 

Lástima que no te duela, lo que a mí me duele.

 

 

 

Vital

No gusto rememorarme en épicas,

de batallar en asfalto de emboscadas

trincheras en olvido de las sombras,

las llagas, la crudeza en las entrañas.

 

Yo no digo que este tránsito sea fácil,

no lo es,

ni que yo misma,

no haya tropezado contra muros,

desangrado mis soles,

o temido haberme ahogado

en los mares de la impotencia.

 

Sin embargo,

una vez  llego  a la orilla,

me sacudo las larvas y las flechas

y destierro las cicatrices de mi ropa,

pues mi victoria es seguir mirando

la claridad de todas mis mañanas.

 

Amo, por convicción,

el suave talante de mi brisa,

la tersura de tus arrugas,

la tibieza de las noches,

la sonrisa de la piel recién duchada

y esa sensación de novedad

en cada instante

de la vida.

 

Por eso las batallas no las cuento,

porque la única materia contable

entre mis versos

son tus besos,

resguardados,

en el ancantilado de tu risa.