Ausencia propia

Tropiezo,

con la misma piedra,

en el mismo lugar,

casi miméticamente,

reiterando,

los segundos,

la deshora indiferente.

Y pienso,

que fue ya demasiadas veces,

el cántaro a la fuente.

La luna hoy no lleva pasajeros

no aúllan los lobos,

silencio.

La pausa repetida,

suena a ausencia,

pero esta vez de mí misma.

 

Dependencia

Nadie debe complicarse

en buscar claroscuros

permanentes,

cuando el bosque es abierto

y la retina,

nos trae un verde intenso a nuestros ojos.

Respira.

 

Hay un árbol cerca de tu casa,

El día es soleado.

 

 

Comienza a pensarte

desde dentro.

 

Resucita,

tú existías

antes de su gesto manchado

y de sus gritos.

Él, en cambio,

solo existe en ti

porque tú sufres.

 

Si has llegado a leer hasta aquí, te invito, tras este poema mío, a leer uno de Bukowski, pues no puede decirse más sencillo y más claro.

Oh sí

Hay peores cosas que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde.

 

 

 

 

El vaso medio lleno

Hay días que son

acantilado,

recipiente del mar,

de ese de dentro,

y pirotecnia

de todos los sentidos.

Cascada sobre dunas,

turbulencia,

esculpiendo la luz.

 

Cuando la luna que habita

tu noche o tu desencuentro,

vista de negro tus alas,

y el tic tac del reloj

torture todos los motivos,

retoma sus aires,

pues esos días son mapa,

amaneceres,

coronándote,

en el gobierno de los vientos.

 

 

 

 

 

Fantasma

La forma se acomoda,

en un escenario vacío,

en la rebelión normada de las sillas,

contestatarias,

al movimiento de la batuta.

 

El lienzo es partitura

es el abrigo,

del pentagrama al óleo,

y aquellos tornasoles

que va dejando el temple en la puntera

que danza a destiempo con las sombras,

disimulando,

ya no estar entre nosotros.

 

 

Es suyo

Se levantó con una sensación extraña. No se le iba de la cabeza una idea absurda: Alguien había robado parte de su identidad y hoy se la devolverían. Se fue, inmediatamente, a mirarse al espejo. Era ella, sin duda, sus manos, su pelo, esas arrugas en el entrecejo. Era su casa, su armario, su baño, todo estaba igual ¿Y entonces qué era lo que no encajaba?

Se sirvió un café doble muy caliente y decidió olvidarse de ese absurdo pensamiento. Era un bonito sábado de mayo. Un paseo no le vendría nada mal. La calle de siempre, el portal de siempre, los vecinos de siempre. Todo igual. Le saludaban sin advertir nada extraño. Está todo bien, se decía sin cesar.

Pero como la intuición a veces nos alerta, lucía recordó una escena de hace muchos años. Una vieja, vestida de negro y de aspecto desagradable, le había pedido todo el dinero que portaba para hacer un ritual que le aseguraría- eso le dijo- su felicidad. Lucía obviamente se negó, y se dio la vuelta, mientras la vieja le maldecía.

Un cortejo fúnebre se acerca. La curiosidad le hace entrar en lo que parece un tanatorio. Allí, en una de las salas hay muchas personas pero sorprendentemente celebrando la muerte y no llorándola. Sobre un ataúd la fotografía de aquella vieja. Se acabó la maldición, decían.

Pasa, pasa, le dijo un niño de cabello rubio rizado de unos ocho años de edad, a mi me tocó todavía niño, tú has tenido que esperar un poco más.

Fuego. Llamas. Se desintegra el ataúd. Todos aplaudiendo. Lucía no da crédito a lo que ve con sus propios ojos.

De nuevo está en la calle, ya no hay cortejo fúnebre, ni ataúd, ni tanatorio, ni personas aplaudiendo. Lucía se vuelve a frotar los ojos ¿Pero dónde está ahora todo esto? Me estoy volviendo loca, pensaba, mientras al alzar la vista vislumbra como en un cartel publicitario, el mismo niño rubio, ahora muy sonriente, sujeta una pancarta entre sus manos: “Hoy comienza una nueva vida”

Con esa frase en la mente, sigue paseando, con una luz diferente en su mirada.

Te brillan mucho los ojos, le dijo un transeúnte desconocido. Por supuesto, contestó Lucía, “hoy comienzo una nueva vida”.

 

 

PD: No te quedes con lo negativo que te transmiten otros. Devuélveselo, es suyo y no tuyo.

 

Oopart

 

                      Muchas veces pienso que la realidad nos pone pistas delante de los ojos. Nuestra vida cotidiana se rellena de objetos que parecen traídos del pasado, y no me refiero a los recuerdos que podríamos haber acumulado, sino a aquellas cosas que nosotros no hemos puesto ni decidido traer al presente, pero que nos tropezamos con ellas. Fantaseo con el hecho de que algunas de las otras cosas que nos encontramos, puedan pertenecer al futuro. La realidad es, ciertamente, algo muy ajeno a lo que vemos. Quizá de ninguno de nuestros avances ha dejado de ser guiado.

Oopart

 

Un árbol, guiado hacia los cielos,

se revela, por instantes, a la poda,

rebrotando ramilletes en las ramas

quebradas por la sierra.

 

Reubicarse, como si la encrucijada,

fuera solo un reto,

para quebrar las vibraciones

de los universos incendiados.

 

Cada palmo de mi materia,

guarda un trozo de casa,

una pista casi indescifrable

de la conjunción de los pasados.

 

Mi mente busca pruebas,

anecdóticas,

del rastro de aquellos azulejos,

la escalera de mármol,

el pasillo

y el olor a naranja recién recolectada.

 

Sé que tienes un mensaje tras tus manos,

y yo una ventana,

hacia las montañas,

que todavía saben

dibujar tu futuro nombre.

 

 

 

 

 

Viaje

 

No existe mejor viaje

que aquel que hacemos sin fecha de regreso.

Por eso he lanzado al abismo los boletos de vuelta,

y he trucado los días de mi calendario.

 

Llevo en mi mochila

una anotación de marca-páginas,

una fotografía de hace años

y un mapa de carreteras ilegible.

 

 

Cuando tus besos se pegan a mis labios,

no son necesarias las barreras,

ni las barandillas de silencio,

 

Un campo de girasoles

difumina la lluvia,

agua,

correntía,

sobre todo desierto

que no sepa

de tu nombre.

 

Viento

Camino

sobre la puntera deslizante,

de unas bailarinas,

un concierto de alegorías,

en la geometría de la vida.

Camino,

sin raíces,

deslizándome,

en el aroma indisciplinado de tus labios,

siendo el viento,

nómada sobre tu piel

y paisaje en tu recuerdo.

 

 

 

 

 

De espaldas

 

 

Miro de espaldas

al poniente,

para ignorar tu laberinto,

He perdido mi estrella,

la que renace

cual escudo,

en la nebulosa de orión,

ese blindaje,

rotante

en la trinchera

de mi antebrazo,

No quiero soltarla,

que permanezca en mi bolsillo,

imperceptible.

Mi propia piel,

está distante,

explosionando

la gravedad terrestre

y el sonido,

es el aullido

de las noches de luna y desconcierto.

 

Lo que mi oído no escucha,

lo que mis ojos no ven,

en el no sentido.

 

Lo obvio es ver la salida,

Lo no obvio es comprenderla.

La densidad insostenible

de quien aguarda

la tregua.

 

PD. Estimado Walt,  estimado León Felipe, no siempre somos conscientes de que puede existir un mundo dentro de nuestros mundos y que quizá no nos guste ninguno.

 

Amigos imaginarios

Juzga por ti misma, dijo Adela, mientras agitaba un sobre en su mano. Lee y verás.

Mandato, y realmente imperativo, como los que acostumbraba a sugerirme Adela cuando estaba realmente enojada. Dentro del sobre, una pequeña cuartilla arrugada y de aspecto avejentado, que decía, con letra temblorosa:

               “Sé quién eres, y que has usurpado mi identidad. Pero voy a recuperarla y puedes estar segura que mi piel ya no será tu piel.

                 Avisada quedas. Adela”

              ¿Qué significa esto, Adela? Es una carta antigua ¿Cuándo la escribiste? La letra no parece la tuya, pero….

               Estás perdida, Laura, me dijo Adela de forma tajante. ¡Cómo voy a escribir semejante estupidez! Yo no fui quien escribió esta nota. Fuiste tú.

               ¿Yo?, contesté atragantándome el asombro- No digas tonterías. Qué estupidez.

                 Y a partir de ahí, comencé a pensar que Adela era solo mi propia imitación. Desde ese momento, y por una nota que no sé ni quién la escribió, perdimos nuestra amistad.

 

PD: Así es como Laura dejó de tener una amiga imaginaria. Se dio cuenta que necesitaba amigos diferentes a ella, no una muñeca que se le parecía y que le decía lo que quería oír en cada momento.

       La nota la escribió su abuela, muchos años antes, cuando intentó librarse de una amiga imaginaria a la que, curiosamente, también llamaba Adela.

       Porque crecer significa amar la diferencia.