Geis

Y vos, mi caballero,

qué torpeza,

cuán apacible era su destino,

le esperaban placeres de la carne,

profecía en los labios,

las noches estrelladas en cascadas,

permutando los soles de poniente.

 

Más hubo de romper el sortilegio,

creerme humana, reclamar mis huesos,

pretendiendo confinarme en sus dominios

y apropiarse del fuego de mi boca.

 

Ahora ya es tarde,

ha terminado el juego,

los bueyes de Femen rugen fuerte,

y mis ancestros reclaman que me eleve

con toda la fuerza de su sangre.

 

Y mientras le degrado a vil infante,

un geis le impongo,

de forma inquebrantable,

conjuro o sortilegio,

ninguno de mis rostros será humano

ante la vista de sus ojos.

 

Prosiga, pues, su camino,

ya no hay diosa,

que vaya apiadarse de su espada.

 

KAWAII

Acariciarse,

deslizar los dedos,

aplaudiendo

la propia mirada.

 

Despegarse,

lanzar al vacío

el arcano del mundo

y confabularse con el loco.

 

Rebeldes,

al frío,

a la usura del tiempo

y los abusivos intereses

que se imponen

sobre la vida.

 

Atrincherarse,

en la nobleza del unicornio,

rebuscarse

y quemar,

una a una,

las cartas de la baraja.

 

No hay naipe que me aturda,

No hay nada que me oprima,

Ni tu marca, ni la publicidad,

ni tu reclamo, ni lo que me dices es correcto,

ni siquiera esas absurdas condiciones

que tornan un sistema en obsoleto.

 

El mundo que pisamos está caduco.

Seamos “Kawaii”

y busquemos el consejo de los bosques,

para retomar el viento salvaje de la naturaleza.

 

No soy ingenua, soy auténtica.