Mutante

Quizá, a veces, el villano es héroe

y el héroe es el villano,

quizá la paradoja es descubrirlo

entre tanto vestido engalanado

para el asombro de los justos.

Él vive entre nosotros.

Y es mutante.

Se amamantó de números y letras

de un oculto alfabeto

e hizo de su código, mensaje,

la felicidad no es lo perfecto

y no todo lo bello es lo correcto.

La cutícula de su piel nos sobrecoge

y su desnuda transparencia desafía

las miradas más salvajes.

Muchos ignoran su presencia,

otros le huyen,

le ven pasto

de las más temibles pesadillas.

Hay quien ha puesto precio a su cabeza,

en la inquisición de las ideas.

Él se protege

de los perfectibles.

Porta esa lámpara de oscuridad

que desconcierta

a las iluminadas mentes,

esas mentes

       transhumanas,

                               anhelantes

de sentirse eternas

en una memoria de gigabytes.

Él es la resistencia,

el oscuro límite

que indica

que nada es confinable.

Alfredo y el mar

A mi padre le gustaba contemplar el mar. Se sentía en paz mientras observaba su inmensidad. Yo, de pequeña, le acompañaba muchas veces. Por eso siempre he creído que las buenas personas, mi padre lo era, meditan frente al mar. Alfredo lo hace y, fruto de ello, nos regala en sus dos últimos poemarios “Entre tú y el mar” de la editorial Lastura y “Territorios” de la Biblioteca de Autores Manchegos, sus bellas impresiones. Ninguno de ellos tiene desperdicio, los poemas están tan cuidados que se revelan desnudos ante la belleza. Una belleza de la cotidianeidad de los días frente al mar, pero a la vez cargados de la misma profundidad que su mágico elemento.

  El jueves pasado presentó con éxito su pequeño vástago “Territorios”, de la colección literaria Ojo de Pez y que formará parte de la Biblioteca de Autores Manchegos. Pudiera hablar de sus cuidadas metáforas, de su suave y armoniosa versión sobre el amor, la familia y las eternas preguntas que siguen sobrecogiendo a los hombres más sabios. Sin embargo, quien me conozca sabe que hay algo a lo que no me puedo resistir, y es la búsqueda del código, la pauta, que, al destilar sus versos, nos ofrece el fruto de su mejor vid.

  El primer poema nos anuncia su propósito: hacer 30 poemas que hallaría en el mar, pero no sin conquistar el aire, sin andar la arena, sin abrazar la sal, seguir la bella figura de una palmera, para conjugar sol, cielo, viento, agua y tierra, creciéndose en horizonte. Un propósito que cumple sobradamente en los bellos poemas que le suceden, pero que no parece cumplir en su número, pues son nada más ni nada menos que 52, si no he contado mal.

  Pero observemos más allá de dicha aparente contradicción. No es ajeno al 30 la palabra propósito, porque no hay propósito que no pueda cumplirse sin un orden y dicho orden no deja de favorecer una nueva ordenación de la que es camino y es progreso.

  Alfredo en este poema inicial nos conjuga los elementos, agua, sal y mar, aire y viento, tierra, playa y arena. En lugar de fuego, y arraigada a tierra, la palmera, que avista sol, cielo y horizonte, porque la montaña fluye y es cambiante, en cuanto no limitamos el pensamiento.

  Y comienza Alfredo un camino de versos tras la luz, en los que todo es uno y nada existe de forma aislada. Un poeta asombrado por la tarde, al que disgusta se tapen las ventanas, porque hay que transcender de lo que ves para encontrar lo que se supone.

  Alfredo elige para culminar su segundo capítulo un poema reflexivo sobre el vaivén entre las dualidades de la vida. El eterno vaivén que nos avisa, el mar como género y como vientre, que hemos de hallar ese lugar apartado de los tormentosos vórtices, para coronar la luna.

  Un cuidado poemario en el que no faltan propuestas originales y que recomiendo a todos.

Sueña con lo bueno, que yo te lo confirmo.

Siempre he tenido la idea de que necesitamos que cada vez más gente sueñe con cosas buenas. Pensar que es posible, quizá nos las acerca. Vendrán caminos oscuros, piedras, traiciones, lugares desérticos, pero una mirada es capaz de cambiar los corazones de todos. Puede parecer infantil, pero a la vez es profundo. Cuando miramos todo con buenos ojos, la realidad cambia. Es más brillante. Diferente.

Un día oí hablar de un maravilloso personaje, capaz de cobrar múltiples formas. Tiene unas manos grandes y un cuerpo muy pequeño. Dicen te visita cuando sueñas despierto para hacer que tu sueño se haga realidad. Muchos piensan que no existe, otros que es un duende, otros un enano y algunos dicen que es un ángel. Yo creo simplemente que es una proyección de nosotros mismos. Esa sabiduría, nuestro anclaje primordial, que llevamos dentro. Sueña, y yo te lo confirmo.

Las ciudades de asfalto son un desierto extraño,

ajeno a las promesas de eternos buenos frutos.

Todo se simplifica, como en una línea ausente

que cuando invade todo distorsiona la imagen

y no nos deja ver la fuente de la plaza,

la sonrisa de un niño jugando en los portales,

ni la palabra amor entre labios amantes.

Pero una vez, os cuento, conocí un personaje

capaz de iluminar las más oscuras cosas.

Confía, me decía, existe una palabra

que abre los palacios y nos conserva libres.

No te quejes de las piedras que haya en tus zapatos,

ni envidies los senderos que le sirven a otros.

Si quieres algo suéñalo, que yo te lo confirmo.

La verdadera magia reside en nuestro interior. Sueña.