El último poema

Muchas veces poemamos un instante

como si fuera el último

y lo más cotidiano,

como las hojas cayendo,

las hojas arrastradas por la lluvia,

se revelan proféticas,

demandadas,

como dogma de verdades,

y a veces, por verdades,

también inconsistentes.

 

Y miramos el papel en blanco,

el papel acabado,

el papel rellenado,

muchas veces, también, atropellado,

eventos publicados,

entradas entre redes,

la celda brillante

de la colmena posmoderna.

 

Y mientras observo este ir y venir de pensamientos,

mi mente se sumerge,

en su obsolescencia programada,

y si todos naciéramos con un número determinado de poemas

tatuados en la espalda,

y si esa fuente inagotable de estrofas

sucumbiera,

a la caducidad de los designios,

y si tal vez no yo fuera siquiera, poeta,

una mujer que debate con el tiempo

el canto de sirena,

buscando agarraderas a la vida.

 

 

Si algún día tuviera en mi mente ese último poema,

lo dejaría en blanco,

tan solo escribiría

tus besos.

 

 

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Stand by

Hoy es uno de esos días,

stand by,

en el que los versos son pausa,

el método ficticio,

de un lienzo de impaciencia.

Las palabras derramadas,

las preguntas acumuladas,

aglutinadas

en el embudo de la incoherencia

sin persistencia interna,

en  rebelión externa,

impresionadas,

por la inexistencia de respuesta.

 

¿Oyes el viento ?

Presagio de tormenta.

LLama que no cesa

En un día de esos que el trabajo te sale por las orejas, me tomo un respiro y recupero una antigua entrada, sobre el amor reincidente.

Dice la leyenda que hay amantes que se reencuentran una y otra vez en sucesivas vidas hasta que aprenden a convivir sin su soberbia, y es entonces, cuando quedan unidos para siempre.
Dicen que puedes distinguirlos por una llama azul sobre el hombro izquierdo.Si lo ves, aunque sea un roce, un instante o toda una vida, sabrás que es él/ella…

Porque hay llamas que no cesan…

 

Aun recuerdo ese adiós,

el que nos dimos,

cuando nos huimos,

y nos fuimos

mirando hacia delante,

temiendo regresar,

por un instante,

siempre es hábil cegarse,

apostando al boleto de la pérdida

en las lagunas de los desaciertos.

Hay quien dice

que, en otra vida

nos volveremos a encontrar,

y cuando ello suceda,

nos amaremos

de nuevo en mil intentos.

Cuando te ibas

yo me dí la vuelta

y pude ver

la llama azulada

sobre nuestros hombros.

Hay una historia inconclusa

en nuestro retroceso,

ahora vuelvo cada día,

a aquel lugar,

por si tú,

quisieras,

volver a mirarme.

Sin sol que cobijarse

Maldecir al sol,
a veces, es de menos,
si sale cada día, para que todo aguante,
por mucho que el papel se esmere en embaucarte
este mundo es de locos, y la cordura un arte,
cuando ya todos mienten,
cuando ya nada vale
que no sea el comercio que nos mancha la sangre,
por las venas marchitas de todos los cobardes,
las lágrimas de niña al temblor de la tarde,
los tambores de guerra, la máscara del aire
los monstruos de la noche, lo que nadie comparte,
esos ojos vendados, aquí y en cualquier parte.

Maldecir a la luna,
a veces, es de menos,
si maquilla los días sin luz para cegarte,
tu razón de miseria en vuelo de rasante,
que se arropa en las nubes para no congelarse
en un giro maldito, en lucha de titanes,
donde no existen mitos, ni palabra que aguarde,
donde ya todo vale, porque nada ya vale
donde ya no hay aliento que pueda levantarse
y erizar a los pájaros, para poder llamarte,
despertándote vivo, de este sueño inquietante,
que aliena las verdades sin sol que cobijarse.

Maldecir es sin duda,
a veces lo de menos,
cuando el alma esta huida,
cuando todo es ajeno,
y salpica una vida,
deshaciendo los sueños.
Has sucumbido al frio,
y al poder de su miedo,
te han robado tu rostro,
eres angel caido,
eres dorso y reverso
un errante perdido,
el que vaga sin dueño.

Seducción

Yo quiero ser la magia
que despierte tu cuerpo
el lunar de tu espalda,
el aire en movimiento,
el color de tus mares,
el faro de las tardes,
el zumo de tu aliento.

Yo quiero ser las manos
que rozan en silencio,
la luna de tu nombre
y el sol de tus inviernos.

Yo quiero ser mirada,
para encontrarte dentro,
yo quiero ser torrente,
la marejada en texto,
cómplice de tus labios,
embaucando tus besos

Yo quiero ser la magía,
yo quiero ser mirada
la idea que te atrapa,
la razón más precisa,
tu parte más preciada,
aquella que te ama.

Palabras

La mala calidad,

la baratija,

prosa del conformismo

o la paciencia,

la indigencia o la ciencia,

la palabra académica,

la pluma,

la palabra impresa,

la palabra huida,

la perdida,

denostada,

la palabra ausente,

la no escrita,

sí, esas palabras

que van llegando a tientas,

y que te envuelven

destendiendo recuerdos,

y alborotando esperas.

 

No hay palabra buena o mala,

hay sentimiento,

por eso,

siempre que un verbo emocione,

aun sin tilde,

un solo verso,

siempre que haya un aliento para el hombre”

Sin duda, habrá poesía