El último poema

Muchas veces poemamos un instante

como si fuera el último

y lo más cotidiano,

como las hojas cayendo,

las hojas arrastradas por la lluvia,

se revelan proféticas,

demandadas,

como dogma de verdades,

y a veces, por verdades,

también inconsistentes.

 

Y miramos el papel en blanco,

el papel acabado,

el papel rellenado,

muchas veces, también, atropellado,

eventos publicados,

entradas entre redes,

la celda brillante

de la colmena posmoderna.

 

Y mientras observo este ir y venir de pensamientos,

mi mente se sumerge,

en su obsolescencia programada,

y si todos naciéramos con un número determinado de poemas

tatuados en la espalda,

y si esa fuente inagotable de estrofas

sucumbiera,

a la caducidad de los designios,

y si tal vez no yo fuera siquiera, poeta,

una mujer que debate con el tiempo

el canto de sirena,

buscando agarraderas a la vida.

 

 

Si algún día tuviera en mi mente ese último poema,

lo dejaría en blanco,

tan solo escribiría

tus besos.

 

 

Publicado por

Pilar Astray Chacón

Mi espacio en mi dimensión creativa.

14 comentarios en “El último poema”

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