Maneras

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imagino,

maneras

para doblegar el espacio

y retenerte,

en los confines de mi boca.

Maneras,

para ser fantasía,

aparecerme,

imaginada

ante tus ojos.

Maneras,

para enardecerte

sigilosamente y al descuido

en medio de la noche,

erizando tu piel

sin advertirte.

Maneras,

para no despertarte,

para que seas

mi amante

navegando

los confines

de mi sueño.

 

 

 

 

Reseña: Olvidadas Íberas

             Su autora, Teresa Sánchez Ruiz, es una persona multifacética, profesora, deportista, escritora y acuarelista, cada día nos sorprende con una propuesta diferente y eso se nota. Olvidadas Íberas es algo más que una novela corta, es un caleidoscopio que nos deja ver un prisma con multitud de tonos, colores e impresiones; Impresiones que se recomponen en un auténtico largometraje, donde los planos se rellenan con imágenes de profunda carga visual.

           Teresa escribe imágenes, el lenguaje de este siglo y consigue un efecto esencial, convirtiendo un cortometraje en la “biblia” y pauta del guion mayor en el que el lector cae inmerso.

            Los asesinos son gente corriente, quizá el vecino del segundo piso, tal vez ese sabio profesor que tanto admiramos. No llevan un cartel que indique su grado de maldad, pueden ayudar a las ancianas a cruzar la calle sin pestañear y sobrecogernos con una mirada tierna. La protagonista tiene que enfrentarse con ese mal, ese que sobrevive disimulado en las escenas cotidianas, demasiado cercano a la investigación, demasiado cercano a la pasión.

           La novela nos trae imágenes de alto impacto, las madres que quieren saber de sus hijas asesinadas y el cordón policial que impide se acerquen al lugar de los hechos. También nos ofrece reflexiones sobre la mujer ancestralmente objetualizada y el hombre, tan despojado de su esencia, que entiende que solo puede redimirse como criminal. Las niñas, las inocentes, las mujeres, históricamente relegadas, forman un círculo, en el que confluye la exposición detallada de muchos aspectos del mundo íbero, con aquellas frases que, inconscientemente, nos enraízan con la cultura ancestral, en el camino entre la vida y la muerte. Es fácil deleitarse con las detalladas descripciones de los lugares, las indumentarias, caer preso en el deseo de descubrir ese secreto del lenguaje íbero. Y mientras el lector se sumerge en estas descripciones, la santa compaña avisa del peligro. El peligro que, con cámara subjetiva, se mimetiza entre los párrafos, dando un giro sorprendente a la historia narrada.

           El relato es también redentor. A la protagonista no la salva ni el “séptimo de caballería” ni un aguerrido caballero andante, se salva ella misma. Porque las íberas reclaman su lugar para no ser olvidadas.

 

 

No hay tiempo

 

 

Que no haya  despertar

sin que me encuentre,

tus besos en mi espalda

Y que sean tus versos,

que lo sean,

los que cubran de amor mi madrugada,

porque no hay tiempo

para no despertarse

sin sentirse.

 

La semiótica de tus labios,

descubriendo el signo,

ese inmenso oleaje

que imanta mi boca.

 

 

 

22 de abril/ Aire

Tú me dices amor,

yo pienso en aire,

ropa blanca, danzando, en la ventana,

ese baile que eleva nuestras almas,

expectantes de azul de madrugada.

 

 

Tú me dices amor

y pienso en viento,

desplegando cometas, primavera,

repasando colores, en los vuelos

dibujantes al sol, entre los cielos

que bendice la luz en la mirada.

 

Tú me dices amor,

Yo pienso en aire,

la caricia, tus manos, esta tarde

Aire…