15 de abril. Paraíso

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Tú eres el sentido de mi sueño

 

Hoy mis ojos viajan sobre un mapa

camino a tu memoria

y mis manos conocen el secreto,

para retomar tu luz y recogerte

disipando la nieve.

 

Hay un intenso y generoso océano,

invitándome,

a regresar al papel y retozarme,

entre  la ventisca de la tinta,

sin más letra que la mia propia

bajo el imperio del mar.

 

En mi maleta hacia el paraíso,

tú eres el sentido de mi sueño.

14 de abril. Amor, bendito mundo de utopía

 

Quiero escribirte un poema cada día

y cuando nos despierte la mañana,

te lo encuentres grabado en la ventana,

porque yo quiero regalarte poesía.

 

Y sea la palabra luz que sana,

brotando de mis ojos la alegría,

que atrapada de amor busca tu guía,

tu piel y tu caricia más cercana.

 

Y por mucho que pasen las semanas,

no quiebre el sol la dulce sintonía

tan devota y conversa a tu mirada.

 

Puede que quiera regalarte poesía

puede, tal vez, que sí, al fin, lo haga,

amor… bendito mundo de utopía

 

 

13 de abril, por tu beso ausente

             Decía, hace ya dos años, en un Alfabeto para amarse, que amar es despertar el aroma de la risa. Amarse es despertar en una aurora permanente de alegría, porque el amor ríe y se alimenta de sonrisas.

          Hoy día del beso, imaginemos aquel que daremos cuando podamos ver a nuestro amigo/a, nuestro padre o madre, nuestro abuelo o abuela, nuestros hijos o hijas que están fuera. Todos tenemos en mente a alguien que nos falta y que queremos abrazar y besar.

      Mandemos ese beso al aire, porque hoy, la brisa cómplice, lo hará llegar a sus mejillas.

      En la imagen el poema “Besarte” de mi poemario un alfabeto para amarse.

 

Reflexiones intermedias: El desprecio a la verdad

 

      El desprecio a la verdad

 

                    Ya sé, me van a decir eso de que “hay tantas verdades como personas, puntos de vista o impresiones sobre una misma situación”, y si bien ello es así, en cuanto a nuestra percepción subjetiva, no lo es con respecto a elementos susceptibles de comprobación y ajenos a las impresiones personales. Si en un cuarto hay una mesa o dos, algo contrastable, tangible, apreciable a simple vista, no debe relativizarse, menos negarse, cerrar los ojos a la evidencia diciendo que da igual que exista una mesa o dos y que lo importante es el sentimiento o mi emoción al apreciarla.

               Cuando el posmodernismo tardío se mimetizó con la impulsividad propia de las redes y la desinformación de la comunicación de masas, transmutó aquello de la construcción del yo y la verdad, en mero un juego de palabras. El papel, y mucho más twitter, todo lo aguanta, escribamos lo que escribamos.

             Si ya la ausencia de memoria, la relativización de la verdad, llevaba a una cierta laxitud en la exigencia de los contenidos, hemos ido avanzando, no sin mi estupor, al total desprecio de la realidad. Y una cosa señores es que yo no pueda ver la realidad tal cual sería en el universo cuántico, es decir mis ojos no vean las partículas, sino la masa que forma una mesa, y otra que niegue que la mesa exista, aunque la esté viendo.

          En estos tiempos en los que estamos confinados, los bulos se transmiten sin cesar, sin que a nadie le sorprenda ni le importe. Al final decidimos que da igual que ello haya pasado, que alguien haya manipulado la autoría de unos versos, que otros se hayan inventado lo que un determinado médico ha dicho o hayan puesto en riesgo a la población contando una serie de remedios peligrosos para la salud. Podemos, incluso, iniciar una escalada hacia mayores desprecios a la verdad, con consecuencias cada vez más peligrosas y nefastas.

                Nadie puede excusar su responsabilidad en negar la verdad. Si ya despreciamos ese valor tan básico, vamos directos a ser cobayas de las mayores manipulaciones, y estas no serán tan inocentes como las de un troll diablillo que se ríe de nosotros atribuyendo un poema de dudosa calidad a un autor reconocido.

            Para creer que nos haremos mejores tras el confinamiento, que transformaremos la sociedad en ese maravilloso “mundo mejor”, los valores  de cuidado, el respeto a la naturaleza y toda esa retahíla de buenos propósitos para la vuelta a la normalidad, empecemos por lo más básico: La verdad. El respeto a la verdad.

           Y pensemos que hay que mirar al sol, pero no dar la espalda a la tormenta.

11 de abril: Soltamos. Sentirse suave

 

Siéntete,

suave,

siente

una brisa ligera sobre tu nuca,

llamándote,

a soñar.

 

Siempre has querido imaginarte

flotando sobre un gran algodón,

una  nube terrenal

en la que recostarse y arroparse

y sentir su tacto,

esponjoso,

sobre la piel.

Su tacto

amortiguando el peso,

la carga, el oleaje

de la marea de estos días.

 

Imagina como flotas,

sobre un cielo cálido,

sin gravedad,

sin pensar, solo estando,

en el palco suave de los sentidos.

Imagina

transitando los cielos,

mientras abrazas un instante

y el tiempo te devuelve la sonrisa.

 

Nada es pesado,

inhalando

exhalando,

momentos.

Suave.

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Imagina que puedes trasladarte entre un bosque de nubes; que eres ligero, ligera, porque has soltado todo aquello que te oprimía. Cuando abras la ventana de tu mente y puedas alcanzar aquel castillo, ya no estará encadenado. Flotará, sin gravedad, ligero. Tú lo habrás liberado y te habrás liberado. No hay cargas. El futuro no pide cuentas ni reproches. Desata las cadenas. Tu fantasía se hará en ti, libre, suave…sin peso…soltando…

     Constrúyete.

      Y construiremos un mundo mejor.

      Cuidaros mucho.

9 de abril. Miedo

 

Por mucho que sea impredecible,

el miedo sobrecoge nuestros pies,

la cercanía del abismo

y el salto,

hacia ese impreciso infinito,

que no reconoce nuestras huellas.

 

Por eso,

quién tuviera,

los pies alados de Aquiles,

la fuerza de un semidiós,

el viento huracanado,

para sepultar bajo tierra,

todo el temor

que sobrecoge

las entrañas de esta tierra.

 

Pero,

aunque no tenga esa fuerza

si tengo los versos,

la palabra,

para formar trincheras de esperanza

y contarte,

que volverá la luz a tu ventana.

 

 

 

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Mañana será un nuevo día. Abandona esta noche tu miedo. Todo cambiará en un mañana repleto de esperanzas y de sueños.

El tránsito: 7/8 de abril

 

 

Vendrá mayo

y será mes de las flores

iluminadas calles, primavera

los niños jugarán en los jardines,

habrá besos de amantes,

y caricias,

volverá el bullicio, la esperanza,

y las puertas abiertas de la casa.

 

No seremos iguales,

estaremos más vivos,

agradeciendo la luz cuando atardece

y la palabra amigo en los balcones.

Ya sabremos,

que todo es mejor si es compartido.

 

 

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Como todos los días, te pido, solo dos segundos más. Observa la fotografía. Es tremendamente bella. La naturaleza lo es. También puede ser salvajemente devastadora y furibunda. Somos como un recipiente y hemos engullido en estos días demasiados pensamientos negros. Respiremos. Retomamos lo bello, nos llenamos de lo bello, nos sanamos. Siente los colores de tu cuarto, los espacios favoritos de tu casa, aquella fotografía que tanta gracia te hace y recuerda las manos amigas que te esperan cuando esto termine. Llenáte de luz.  Tómate este espacio como un tránsito hacia nuestro renacimiento.

6 de abril. Regreso

 

 

Recorro el pasillo solitario,

la puerta de la alcoba,

tras las escaleras de la conciencia.

El recuerdo huele a lavanda.

 

La infancia se hace ovillo,

sobre la noche ausente

y vuelven a mí, sus ojos,

las palabras de viejo,

y todos aquellos consejos olvidados.

 

La ropa blanca oreándose en la hierba,

el tono de la gaita,

las paredes de piedra,

y las ventanas

regaladas al mar.

Todo parecía tan predecible.

 

Y ahora que me sacude la nostalgia

el recuerdo huele a lavanda,

y ya me voy reconociendo en sus arrugas,

su piel de nácar,

la conversación pausada

y en esa sonrisa de su fotografía

que tanto me gusta.

 

 

No tendré suficientes días,

para poder contarte,

las miles de razones

para seguir amándote

 

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                         Ahora te pido dos segundos. Obseva la fotografía. Recuérdate.  Visualiza,  Tú, de niño, de niña. Tus sueños, las ilusiones, qué era lo que más te alegraba, lo que temías. Y miráte hacia el futuro, tú de viejo, de vieja, qué te dirías a ti mismo de niño, qué te gustaría contarte que has vivido,  has logrado o has sentido. Y ahora, regresa al presente. Creo que ya conoces el camino ¡Buen viaje!

 

5 de abril: Tú eres el mejor paisaje

Invernando,

las alas del infierno,

encontraron hospedaje

en el invierno,

y rompieron los faustos

terrenales

desbocando al viento,

cada vez más negro.

 

La cueva se hizo más fría

y fue el albergue

de un ejército mutante,

que se confabuló contra las nubes

y dinamitó todos los puentes

de nuestras posverdades.

 

El mar gritó,

luego gritó la tierra,

gritó la savia entera

y la montaña

la carcoma de los bosques,

el avance de las sombras,

la contaminación.

 

Hubo muchos,

que se taparon los oídos,

mientras comentaban

desde su móvil

su mejor selfie posmoderno,

de sus múltiples realidades

tan imaginarias como relativas.

 

Y ahora se preguntan,

por qué no son indemnes

al vampiro que acecha la puerta de su casa.

 

Super-hombres,

tropezando

en el universo de los zombies.

Super-hombres

tropezando,

frente a la duda,

y he ahí la pregunta,

quizá yo también fuera

un muerto en vida,

tan ausente,

de ti y de mí mismo.

 

Cuando nuestros antepasados

precisaban purificarse,

se descalzaban sintiendo el tacto de la tierra,

el peldaño de ascenso,

la mejora,

ese saberse parte,

solo una pequeña parte de todo.

Nadie es inmune a lo que construya

o a lo que destruya.

La naturaleza impone

el orden de las cosas.

Nuestra primera obligación es conservarla

para conservarnos.

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Ahora te pido dos segundos. Observa la belleza del paisaje, los cálidos colores que te arropan. Respira. Siéntete dentro, siente el calor de los rayos del sol, recuéstate sobre la hierba de forma imaginaria. Vuelve la vista a la imagen ¿Ves algo entre las piedras? ¿En el árbol? ¿En algún extremo del bosque? Es tu mirada la que sana y retoma la luz de un nuevo día.

Tú eres el mejor paisaje. Cuídate.

 

 

 

 

 

 

4 de abril

Me gustaría prometerte un arco iris,

que ilumine tus días,

apalabrarte la esperanza,

en un contrato de versos musicados.

Sin embargo,

yo no puedo negar la oscuridad que nos visita,

y sucumbo, cada tarde, en el pánico

la ausencia de respiradores,

enfermos y un triaje

anunciado por la partida de nacimiento.

 

Me gustaría decirte que resistas,

que vendrán lunas y soles, y mañanas,

y volverá la cotidianidad de las caricias.

 

Sin embargo,

mis manos,

se sienten impotentes,

tropezando con el cristal de la mampara,

la protección que nos separa,

la máscara del miedo.

Y me desangro,

por no encontrar cordura en cada tarde.

No tengo el medicamento,

ni la vacuna,

que permita resucitar a nuestros muertos,

solo me queda rezar,

pedir clemencia

y que la diosa naturaleza nos ampare.

 

Te podría decir que este verano,

volverás a reír, tendrás amores,

desvestirás el alma y serás fuego,

en las hogueras de junio, en el solsticio.

 

Y ello será así,

sin duda.

Después de la tormenta, siempre amaina,

pero tendremos pérdidas,

demasiadas,

y todavía no puedo quitarme las lágrimas

que ya anidan de forma permanente

en la ventana.

 

Pudiera pedirte que te unas

al alarido de mis gritos,

las inclemencias de los inocentes

y que cuando esto termine,

no cierres tu ventana y  vuelvas a irte al bar,

como lo hacías ordinariamente,

te pido tengas presente,

que habrá alguien caído,

al que dar la mano,

alguien al que levantar,

alguien que sanar,

alguien que cuidar,

y ese es el lenguaje en que se imprime

la verdadera resistencia.

 

La verdadera resistencia…

ya lo veo,

nos daremos la mano y,

ese sí puede ser nuestro arco iris.