6 de abril. Regreso

 

 

Recorro el pasillo solitario,

la puerta de la alcoba,

tras las escaleras de la conciencia.

El recuerdo huele a lavanda.

 

La infancia se hace ovillo,

sobre la noche ausente

y vuelven a mí, sus ojos,

las palabras de viejo,

y todos aquellos consejos olvidados.

 

La ropa blanca oreándose en la hierba,

el tono de la gaita,

las paredes de piedra,

y las ventanas

regaladas al mar.

Todo parecía tan predecible.

 

Y ahora que me sacude la nostalgia

el recuerdo huele a lavanda,

y ya me voy reconociendo en sus arrugas,

su piel de nácar,

la conversación pausada

y en esa sonrisa de su fotografía

que tanto me gusta.

 

 

No tendré suficientes días,

para poder contarte,

las miles de razones

para seguir amándote

 

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                         Ahora te pido dos segundos. Obseva la fotografía. Recuérdate.  Visualiza,  Tú, de niño, de niña. Tus sueños, las ilusiones, qué era lo que más te alegraba, lo que temías. Y miráte hacia el futuro, tú de viejo, de vieja, qué te dirías a ti mismo de niño, qué te gustaría contarte que has vivido,  has logrado o has sentido. Y ahora, regresa al presente. Creo que ya conoces el camino ¡Buen viaje!