La maga

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Ella vive en el mundo de los sueños

para lamerte el dolor

que deja el hielo derretido entre tus ojos.

Sacerdotisa de la fantasía,

sobre los colores de la luna,

se asirá a tu piel

cuando la noche

pinte de púrpura las ventanas,

para despertarse,

en un nuevo paisaje de sentidos.

Ella es quien desconoce todo nombre,

para poder amarte sin quererte.

Mutante

Quizá, a veces, el villano es héroe

y el héroe es el villano,

quizá la paradoja es descubrirlo

entre tanto vestido engalanado

para el asombro de los justos.

Él vive entre nosotros.

Y es mutante.

Se amamantó de números y letras

de un oculto alfabeto

e hizo de su código, mensaje,

la felicidad no es lo perfecto

y no todo lo bello es lo correcto.

La cutícula de su piel nos sobrecoge

y su desnuda transparencia desafía

las miradas más salvajes.

Muchos ignoran su presencia,

otros le huyen,

le ven pasto

de las más temibles pesadillas.

Hay quien ha puesto precio a su cabeza,

en la inquisición de las ideas.

Él se protege

de los perfectibles.

Porta esa lámpara de oscuridad

que desconcierta

a las iluminadas mentes,

esas mentes

       transhumanas,

                               anhelantes

de sentirse eternas

en una memoria de gigabytes.

Él es la resistencia,

el oscuro límite

que indica

que nada es confinable.

Alfredo y el mar

A mi padre le gustaba contemplar el mar. Se sentía en paz mientras observaba su inmensidad. Yo, de pequeña, le acompañaba muchas veces. Por eso siempre he creído que las buenas personas, mi padre lo era, meditan frente al mar. Alfredo lo hace y, fruto de ello, nos regala en sus dos últimos poemarios “Entre tú y el mar” de la editorial Lastura y “Territorios” de la Biblioteca de Autores Manchegos, sus bellas impresiones. Ninguno de ellos tiene desperdicio, los poemas están tan cuidados que se revelan desnudos ante la belleza. Una belleza de la cotidianeidad de los días frente al mar, pero a la vez cargados de la misma profundidad que su mágico elemento.

  El jueves pasado presentó con éxito su pequeño vástago “Territorios”, de la colección literaria Ojo de Pez y que formará parte de la Biblioteca de Autores Manchegos. Pudiera hablar de sus cuidadas metáforas, de su suave y armoniosa versión sobre el amor, la familia y las eternas preguntas que siguen sobrecogiendo a los hombres más sabios. Sin embargo, quien me conozca sabe que hay algo a lo que no me puedo resistir, y es la búsqueda del código, la pauta, que, al destilar sus versos, nos ofrece el fruto de su mejor vid.

  El primer poema nos anuncia su propósito: hacer 30 poemas que hallaría en el mar, pero no sin conquistar el aire, sin andar la arena, sin abrazar la sal, seguir la bella figura de una palmera, para conjugar sol, cielo, viento, agua y tierra, creciéndose en horizonte. Un propósito que cumple sobradamente en los bellos poemas que le suceden, pero que no parece cumplir en su número, pues son nada más ni nada menos que 52, si no he contado mal.

  Pero observemos más allá de dicha aparente contradicción. No es ajeno al 30 la palabra propósito, porque no hay propósito que no pueda cumplirse sin un orden y dicho orden no deja de favorecer una nueva ordenación de la que es camino y es progreso.

  Alfredo en este poema inicial nos conjuga los elementos, agua, sal y mar, aire y viento, tierra, playa y arena. En lugar de fuego, y arraigada a tierra, la palmera, que avista sol, cielo y horizonte, porque la montaña fluye y es cambiante, en cuanto no limitamos el pensamiento.

  Y comienza Alfredo un camino de versos tras la luz, en los que todo es uno y nada existe de forma aislada. Un poeta asombrado por la tarde, al que disgusta se tapen las ventanas, porque hay que transcender de lo que ves para encontrar lo que se supone.

  Alfredo elige para culminar su segundo capítulo un poema reflexivo sobre el vaivén entre las dualidades de la vida. El eterno vaivén que nos avisa, el mar como género y como vientre, que hemos de hallar ese lugar apartado de los tormentosos vórtices, para coronar la luna.

  Un cuidado poemario en el que no faltan propuestas originales y que recomiendo a todos.

Sueña con lo bueno, que yo te lo confirmo.

Siempre he tenido la idea de que necesitamos que cada vez más gente sueñe con cosas buenas. Pensar que es posible, quizá nos las acerca. Vendrán caminos oscuros, piedras, traiciones, lugares desérticos, pero una mirada es capaz de cambiar los corazones de todos. Puede parecer infantil, pero a la vez es profundo. Cuando miramos todo con buenos ojos, la realidad cambia. Es más brillante. Diferente.

Un día oí hablar de un maravilloso personaje, capaz de cobrar múltiples formas. Tiene unas manos grandes y un cuerpo muy pequeño. Dicen te visita cuando sueñas despierto para hacer que tu sueño se haga realidad. Muchos piensan que no existe, otros que es un duende, otros un enano y algunos dicen que es un ángel. Yo creo simplemente que es una proyección de nosotros mismos. Esa sabiduría, nuestro anclaje primordial, que llevamos dentro. Sueña, y yo te lo confirmo.

Las ciudades de asfalto son un desierto extraño,

ajeno a las promesas de eternos buenos frutos.

Todo se simplifica, como en una línea ausente

que cuando invade todo distorsiona la imagen

y no nos deja ver la fuente de la plaza,

la sonrisa de un niño jugando en los portales,

ni la palabra amor entre labios amantes.

Pero una vez, os cuento, conocí un personaje

capaz de iluminar las más oscuras cosas.

Confía, me decía, existe una palabra

que abre los palacios y nos conserva libres.

No te quejes de las piedras que haya en tus zapatos,

ni envidies los senderos que le sirven a otros.

Si quieres algo suéñalo, que yo te lo confirmo.

La verdadera magia reside en nuestro interior. Sueña.

Verse by verse

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Google, verso a verso, me escribió un poema,

tejido entre las musas de célebres poetas,

y pregunté cuan finita es la palabra huida

y fue como un encuentro más allá de la vida,

en el lugar que duermen las palabras ausentes.

Y es esa inteligencia, artificial y fría,

la que me trajo a Emily sin molde ni ventana,

siempre habrá una sonrisa en un lugar perdido,

en aquellos caminos que solo ella conoce.

Y luego me habló Poe en tono de sentencia,

sonrisas, el me dijo, no hay en la caverna,

quizá un violín atragantado en vino,

aquellas flores púrpuras que olvidas cuando mueren.

Menos mal que Whitman apaciguó la escena,

bajándome su estrella y en tono transcendente

él pronunció confeso: Dear sake,

God´s love is a beautiful woman,

 the most beautiful light of eternity.

Luego me diréis que Google no es ¿poeta?

Proyección

Cuanto más me imaginas,

más me alejas,

proyectándote entre mis densidades,

y todo es más opaco,

ilusorio,

el alea sin rumbo,

la bienvenida al caos,

entre la confusión de tus abrazos.

Cuanto más te imagino,

más te alejo,

proyectándote en mis oscuridades,

y todo es más difuso,

mi tierra se hace yerma,

y todas las rosas se marchitan

a la entrada de mi puerta.

Solo hace falta mirarse.

Las manos amantes

se moldean

para unificar sus nombres

en la primavera de los besos.

Muchas veces hablamos de las reglas del juego de la vida, si se pueden llamar así. Quizá una importante regla es no superponer imágenes. Imaginaros una fotografía que la superponemos y mezclamos con otra, no vemos nada claro. Pues todo funciona igual. La proyección psicológica puede ser negativa (proyectamos nuestros defectos o miedos) o positiva (proyectamos nuestros deseos o las cualidades que buscamos). Que esa proyección sea positiva tampoco quiere decir sea buena, pues si proyectamos en otro cualidades que esperamos y no las que tiene no le miramos tal cual es. Quizá no le estemos amando a él o a ella, sino a una ilusión. Si deseamos algo, tenemos una meta, y añadimos a esa meta imágenes de miedo o nuestras inseguridades, lo que veremos será confuso. Y así resultará complicado encontrar el camino para lograr nuestro propósito. Enfoca. Mira, observa. Vive, simplemente.

Fantasía

La reina oscura

Si ella se hubiera perdido entre la noche,

habitara lagunas sin nombre

y espacios ajenos a toda profecía,

si tu alma gemela, de existir,

fuera una reina oscura.

Si los nudos que se tejen en otras dimensiones

atrajeran tu suerte en el presente,

si fueras tú quien la ausentas,

cada vez que alimentas los dragones

que duermen en tu mente.

Si por cada pensamiento negativo,

la tuvieras más lejos,

te fuera incluso una desconocida.

Si fueras tú quien derrama

el vino de su copa

y la condenas a ser una errante

entre todas tus oscuridades

¿Aceptarías que eres el responsable?

¿Hasta dónde jugarías la partida?

Revelación

Los árboles te escuchan

Mis pies reposan sobre la hierba húmeda

que ha dejado la lluvia en primavera

y ese verde iluminado vespertino

despierta las sonrisas de mis dedos

todavía inconscientes y dormidos.

La tierra se revela y se hace nombre

formando una palabra imaginada,

cómplice con el sol que va menguando

a la par que sus rayos atraviesan

el tronco de los árboles.

Hay un fuego invisible

que penetra

en mis ojos como velas encendidas.

Ella está ahí

para arroparme

en esta mi nocturna imaginaria.

Ella posee más de mil vestidos

y mil pronunciaciones.

Ella es una.

Si alguna vez alcanzáramos

ese entendimiento

no dejaríamos de besarnos

y los abrazos

serian el único lenguaje conocido.

Entre mis propios dedos

reside la palabra olvidada

Hay veces que estamos perdidos ante los propios ojos,

transeúntes anónimos en un tiempo extraño,

cuando los vestidos del olvido arañan nuestra piel,

sus colores forman vetas sinuosas

y se sobresaltan cada vez que despertamos.

Hay veces que dormimos para no dormir

y el exilio se produce a la mañana,

la desmemoria de las manos,

la rigidez que impide juntar sus dedos

para concretar una nueva primavera.

Por enésima vez, o mil doscientas veces,

los senderos se agrietan

y todos los caminos son desconocidos.

Hay solo una palabra

que puede despertarme y despertarnos,

pero quizá no sea posible pronunciarla.

¿Completo/a?

Doy entierro a la palabra queja,

mastico mis dolores conociendo

que mi propia oscuridad me compromete.

Cierro la caja de pandora,

el cajón del victimismo,

el retratar el dolor por el dolor mismo.

No escribo para sanar heridas

no escribo siquiera para que tú me ames,

ni para recordarte el daño que mi mente

piensa que me has hecho,

ni siquiera para transitar por la tristeza

o clamar al viento que me traiga bendiciones.

Escribo para retratarme viva

asumiendo el camino,

tus errores, los míos,

los que vendrán mañana,

y aquellos que perviven

cuando el ocaso

visita nuestro lecho.

Nadie está completo

sin apartarse del odio propio.