Fuego

Eres fuego,

Todavía tienes esa mirada pura

que desarraiga mis razones,

y me lleva,

a ser cascada, torbellino

entre las densidades de tu ropa

y el poniente de mis emociones.

 

 

 

 

 

Cimientos

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No puedo pensar en renacer sin árboles, por eso quiero raíces, cimientos, porque el cemento solo enluce la fragilidad de la estructura.

 

Hay veces que el silencio

arremete

fronteras de fuego

y teje muros que rompen,

la tersura del viento,

esos muros,

que se encalan,

en la mirada de la derrota.

 

Por eso dame raíces,

cimientos,

el cemento solo enluce

la fragilidad de la estructura.

 

Rosas

Estoy delante,
observando el sillón que ocupabas,
Tan dormida,
Y tan despierta.
El sillón que ocuparon todas ellas,
las que se han ido,
dejando en la memoria,
la estancia repleta,
el camino abierto
y las ventanas,
para llamarse mujer, sencillamente,
sin pretensión,
sin altavoz ni barricada,
con la mirada serena,
de quien sabe,
que volverá una nueva primavera,
para traerme las rosas del recuerdo
y la palabra verdad bajo las olas.
No hay versales,
que puedan describir ese momento,
los cestos de manzanas,
más repletos,
y el sabor de tus mares en las manos.

Ahora

Cuando me dices quizá,
dices ahora,
que la suerte regalada de mi tacto,
amanezca en tu piel cada mañana.
Porque dices quizá, dices ahora,
Sé la corriente arrebatada de mis días.
Qué difícil leernos,
y como si fuéramos intérpretes
desinformados, yo te asiento
y me doy la vuelta disolviendo
mis ganas de besarte en la taza de café
Tú me miras y te retiras sigilosamente, perdiéndote
en el amargo aroma de la apuesta.

Qué complicado es, algunas veces,
enseñar el as de corazones,
llevamos impreso en la mirada.

Todavía

Todavía me piensas tras mi ropa,

en una algarabía de trompetas

y todavía te pienso, fuego intenso

la anaranjada luz que ya me increpa

a viajar tu rostro, reencontrando

la tarde bendecida entre tu cuerpo,

cuando ya nada importa ni me resta,

cuando, fuera de cuentas y sucesos,

octubre se derrota entre tus besos

 

Nada es igual, el sol está distinto,

las nubes desdibujan las manzanas,

pero tú, siempre tú, como si fueras

un hipnótico abismo que me llama,

hojarasca, ventisca, en madrugada,

recoges mi palabra y me desarmas.

 

Es otoño, la cosecha ya está lista,

para traerme el vino de tu boca

y recorrer tu piel entre las uvas,

tus manos son expertas trapecistas

de la pasión que mece y se acentúa,

todavía te pienso y…

me abarrotas.