Tatuando flores

El amor transforma todos tus parajes,

tatuando flores,

sobre las paredes.

Una puerta abierta hacia la aurora,

deshojando luces,

espiga en candelaria

terciopelo en piel, cicatrizando heridas

desde la intensidad de la palabra.

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Aquestos mares

 

Alborotado mar, en remolino eterno,

sobre la tempestad, del trono del averno

meciéndose en las olas del invierno

 

Tu fuiste trovador de campanas al vuelo,

de un pirata temido, entre llama y  bravura,

hermosa semejanza, pero tremenda duda,

la que ha de voltear en todo desconsuelo.

elegidas las armas reptiles en los duelos,

desbaratando en rojo todo suelo.

 

No era deseable terrible pasajero,

en conquistas y Estados, imposición y fuego,

en los mares del sur, también mares sin dueño

bajo bandera negra,

de su horizonte eterno

 

Navega velero mio, sin temor

Navega,

Quizá mañana haya paz

Quizá mañana no llueva

 

 

 

 

Estimada Emilia

Naturalismo y rima, ágil y despierta. Querída Emilia Pardo Bazán. He aquí el poema que le dedico.

 

En las binarias galeras de lo nuestro,

comparte cicatriz este poema,

sobre la sangre gélida de espera,

que volvió para escribir de otra manera.

Y no lo creas, no, ya no es mi mano

la que urde telares con estrofas,

ni la que ha de traerte en primavera,

Son tus versos salvajes que rebrotan,

como un truco de magia sin chistera

por mucho que tú aun no  lo creas.

 

“Firma y versos a las damas

son cosas que no se reclaman“.

Va a ser que sí,  (Emilia), sí

y ahora  también se proclaman

para traerte aquí, en sabia nueva.

je t’aime

                       Hoy he escrito este poema, dentro de la serie de poemas dedicados a “mis fuentes”, mis poetas visitantes y acompañantes  en todas y cada una de mis noches. Uno de los que vino pronto a mis noches, y en ellas se ha quedado para siempre, fue Paul Éluard.  Por eso le dedico este poema. En él, se me ha escapado un pequeño guiño a Lynch…😊.

 

                          je t’aime

Te amo por amar,

por la palabra hierba

creciente entre las risas,

tú fuiste el mensajero de mi pez dorado,

en la niebla fundida en aquel primer beso,

visitaste la rebelión de las estrofas,

en mi verso adolescente

y te quedaste, hasta hoy, entre las líneas

de todos mis poemas,

cómo no confesarlo,

je t’aime.

 

Te amo por amar,

en los frondosos frutos

que recalan nuestras bocas

y en ese verbo presente, infinitivo,

en siempre,

lo he dicho, para todas las nubes,

las sombras que tu creas enraízan

todas nuestras noches.

 

Te amo por amar,

je t’aime

Mi querido Walt

( Poema que he dedicado a Walt Whitman). Este poema lo dedico a la trascendencia de Whitman, entremezclando mis versos, con un guiño a alguna de sus brillantes alegorías. Espero que os guste y lo disfrutéis.

HOJAS DE HIERBA, en fin,

el verde iluminado va retejiendo estrofas,

en cambio permanente,

y es que cada mañana va mutando el poema,

he querido saludarte desde fuera,

contando los filamentos de mis dedos,

aguardando el trabajo de la estrella.

Nuestros átomos están conectados, tú lo has dicho,

que se callen los credos y las escuelas,

que se callen,

y nos dejen escuchar,

el imponente discurso de la naturaleza.

 

Linaje

   Dice la leyenda artúrica que existen muchos reinos, guardando el grial. Quizá, la verdadera encomienda no es la tutela de ninguna posesión. Contrariamente,  lo que ha de custodiarse no es una copa, un plato, o un referente histórico, ni siquiera la memoría de alguien, sino nuestra propia esencia; la fuerza para mantener la claridad en la mirada.

               

   No beberé del agua de la inclemencia,

          ni de la ausencia de calor en los pasillos de la espera,

                        ni de ese ver al otro objeto, al otro perdido, en un yo no soy de esos,

                            destierro hacia el submundo inanimado.

 

                     No me sentaré a la mesa de los sabios

                 pero compartiré el azúcar de las manos tendidas,

                     ante los ojos de un niño que voltea las láminas de  un dibujo,

                         en los templos de la selva

                             

No creeré en las palabras de soberbia:

                   La impaciencia, el fracaso, la histeria, la noche, la sombra, la duda, el deseo, el ansia, la desolación y también el amor son tan humanos,

                  como los brazos recostados sobre el regazo madre

                         de todas las tormentas.

     Por eso, no quiero salvadores, ni hechiceros ni profetas

            quiero manos frágiles, ardientes, emotivas,

manos coronadas,

                       en el Outeiro Rei de todas nuestras vidas