Mañana no será otro día, sino un día mejor

Mejor dicho ya hoy, ya está aquí, tan cerquita, la presentación de Aquelarre escrito por mi preciosa y querida Boadicea,. Que la magia inhunde Malasaña y todo Madrid. Yo estaré allí para verlo y participar en la lectura de uno de sus magníficos poemas. Orgullosa como madre y entusiasmada como poeta. Comparto cartel pata acompañar a la protagonista con poetas y artistas tales:

Jesús Gutiérrez García compositor
Olaia Pazos Aialo Laia poeta, actriz, dramaturga, cantante.
Belén Berlín poeta y actriz
Laura García De Lucas poeta y performer
Acoyani Guzmán Bárcena poeta, actriz y dramaturga
Sergio Jaraiz bailarín y actor
Rocío Arana artista plástica, performer y bailarina
Masles Roy pintor y realizador audiovisual
Balbina Jiménez actriz, poeta y dramaturga
Laura Luz poeta, historiadora del arte y gestora cultural
– Violeta Serrano, poeta, música y activista transfeminista
Esther Marín actriz, cantante, cabaretera rockera y poeta
Marina Kaysen poeta, artista y realizadora audiovisual
Pilar Astray Chacón poeta y alguna cosa más, en su descripción, la “mujer de su vida”. Buen regalo de descripción viniendo de una hija.

Y como no, la reina de la noche, Pilar Astray Boadicea.

Para quien se anime…

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La mente ejecutora

A veces, la noche es como un saco amargo,

el dolor adherido a la mirada,

por mucho que respires,

no estás vivo,

y la mente hace bucles

ajenos al aire que demanda

una exhalación más prolongada.

Inspira, exhala, exhala…

El manual de técnicas de relajación se agota,

cuando todo es una inmensa llaga

supurando,

sin nada que la cierre,

sin nada a lo que asirse,

salvo ese yo desnudo y temeroso

de seguir destrozándose la espalda.

No hay que culpar a la bala

ejecutora de los desaciertos,

sino buscar el porqué

nos situamos en su trayectoria,

previsiblemente,

una y otra vez,

hasta que el tiempo haga olvido de las sombras.

Sabiendo que no puedes

Mirar fijamente los ojos de un asesino,

el mal es turbulento en su mirada,

desgañitarse con la víctima tendida en el suelo,

la sangre sobre los platos de la cena,

querer retroceder el tiempo,

sabiendo que no puedes.

Atrapar un suspiro,

que se queda pegado en los oídos,

negándole poder al victimario,

relegarlo,

al capítulo primero,

donde se cierran los días,

sabiendo que no puedes.

Bloquear las puertas del infierno,

que todo sea cielo,

un lugar seguro,

sabiendo que no puedes.

Cuando miras los ojos del averno,

comprendes,

que ser víctima es fruto de un aciago azar,

pero no ser verdugo,

porque el mal elige a sus demonios.

Memoria selectiva

A veces, es preciso hallar un buscaminas,

              para no dinamitarse desde dentro,

               hay algo de kamikaze en la conciencia,

            que rebusca el dolor en la cosecha

             y cada invierno no es diferente a otro,

              la luz se desliza por la habitación

               intentando despertarte.

            Es una pesadilla,

                No hay nada más.

               El antídoto de la memoría selectiva.

               La identidad se revela filtrada

                en un cuenco de agua.

                Siempre me he preguntado

                quién seríamos sin esta disonancia.

                 Estamos programados para sobrevivir,

                  no para ser emocionalmente objetivos,

                   por eso,

                    déjame reposar la taza de café

                      mientras se colocan las nubes en el cielo

                        y pueda recuperar los besos.

Carta a mi futura nieta

              

                 Algún día llegarás,

                  aunque tengan que pasar algunos años,

                     para recibirte en bienvenida.

                 Te imagino con la misma sonrisa que tu madre,

                  supongo que Boadicea no te pondrá pendientes,

                   como yo hice con ella,

                   y que cuando busque su nombre preferido,

                    hablará con el muérdago y el musgo.

                     que recogen los vientos de la infancia.

                      Yo estaré para verlo, o eso espero,

                    acomodaré tu cuarto,

                      no tendrá nada rosa,

                    quizá verde como el de tu madre,

                   o tal vez el azul cian más bonito,

                     en recuerdo de un mar siempre presente.

                         No habrá cuentos de princesas,

                     pues no quiero que desees un príncipe,                     

ni que pruebes las esposas del amor romántico,

                         comiendo perdices.

                      Yo te quiero ver crecer libre,

                         en confianza,

                        de saber que es mejor estar sola que atrapada

                       en un espiral de estereotipos.

                       Yo te quiero valiente, como el aire

                        la reina de tus lagos,

                      que tus ojos sean nobles y no vean

                         nada más que la profundidad del alma.

                      Deseo puedas permitirte ser fuerte,

                          en todos los principios y en todos los finales.

                           También me gustaría,

                         no lo oculto

                     que cuando atardeciese

                        mirases al poniente,

                           declarando

                          que sabes de dónde vienes,

                            y para qué has venido ahora.

                          Porque te quiero mujer, sencillamente.

Agua

Tú,

conoces el agua

que desboca

los manantiales.

Yo
recuerdo los tonos

de la vibración precisa

para inundar llanuras.

Y cuando confluimos,

se eclipsan las mañanas,

se mutan los compases,

 bemol y sostenidos,

sin casi respirar,

buscando aliento

entre los labios.

Eloisa ya es poeta

Sus manos avejentadas se posaban sobre aquel trozo de papel, muy arrugado, que escondía un poema que escribió en su juventud e intentaban estirarlo lo mejor posible. La soledad se derretía en sus párpados, mientras desde la ventana de la residencia de ancianos, observaba el tránsito incesante de la calle. Se veía reflejada en aquellos rostros jóvenes que bulliciosamente corrian, galopando entre risas, en la madre que empujaba un carrito de bebé, en la mujer apresurada para intentar evitar no llegar tarde al trabajo, a recoger al niño, al supermercado, a la cita…y pensaba lo que cambiaría si volviera a ser joven. Escribiría poesía, se decía, solo poesía

-¿Por qué no lo haces? Una voz sonaba lejos. En la habitación no había nadie.

– Soy Melchor- dijo desde la puerta un hombre disfrazado de Rey Mago, con una barba blanca que parecía de esponja.

-¿Qué haga qué? Preguntó Eloisa.

-Escribir, es lo que quieres no, dijo aquel hombre.

-Ya soy vieja-dijo Eloisa-pero gracias por el consejo.

-El mundo precisa voces viejas- afirmó el Rey Mago- aquellas que ya saben que caminar, subir las escaleras, ser capaz de leer o poder ver la sonrisa de un niño, es un regalo. El mundo ya está lleno de gente que expresa ira, rabía, desazón o que demanda que la providencia le resuelva su suerte. Cuéntales que harías tú si fueras ellos.

-Yo lo que haría- A Eloisa se le iluminó la cara- es pasear disfrutando del aire por el Retiro. No puedo hacerlo, ya apenas puedo moverme por aquí, irme a tomar un café a la calle Mayor, sentir el calor del sol sobre mi piel y sobretodo volver a ver el mar, dejando que las olas mojen suavemente mis pies.!Qué feliz sería si pudiera volver a ver el mar!

-Lo vés. Eloisa, ya eres poeta.

Aquel hombre se marchó dejándole sobre sus manos una pequeña libreta, en la que estaba impreso su viejo poema:

Exigir al viento que exhale su oxígeno,

hablarle, para hablarse a sí mismo,

enfadarse con el arrollo bullicioso de una simple rima,

cuando las palabras no hacen piruetas,

ni manan libres entre las hojas del bosque.

Clamar al oráculo,

cortando la baraja desde el mismo lado,

y esperar, esperar, que todo cambie.

La diosa fortuna,

posada,

sobre un cetro de mentiras.

La nada es un concepto dificil

el vacío siempre esta repleto de partículas,

y recuerda siempre a ese grito de náufrago

buscando un pasaporte hacia el oasis.

Cerrar los ojos y abrirlos nuevamente.

Aunque es cruel la medicina del reloj,

es la que te indica,

cuando ya casi no hay tiempo,

que simplemente observar es un regalo,