Cuéntame

Cuéntame despacio,

casi en silencio,

como construirás nuestros cimientos,

con vigas de madera

y el tejado,

de cedro y de ciprés.

 

Cuéntame despacio,

en un suspiro,

como el amor que exuda por los poros

de toda nuestra piel,

llegará a ser el fruto del manzano,

agua en el desierto,

los cerezos,

en cada primavera.

 

Cuéntame despacio,

tal vez, miénteme,

que existe un amor santificado,

que brota en manantial

inagotable,

humedeciendo

los labios… cada tarde.

 

Cuéntame despacio,

como sueñas,

pues para estar despierta,

ya me basto

yo sola.

 

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Cuando el sol se pone

Buscar el origen en el poniente puede suponer una paradoja. Algo así como querer entender el principio buscando el final. Pero como en esta esfera, en la que habitamos, identificar el poniente(oeste) con el fin es, simplemente, ilusorio, quizá esa paradoja es la mejor forma de comprender que, todo el universo y nosotros mismos, solo podemos abarcarnos en todas nuestras densidades. Como el plano nos engaña, buscamos en lo abrupto, el pulso de la vida.

Cuando el sol se pone          

Una llanura puede ser la puerta abierta,

que descansa tras el mar de nuestros ojos,

el abrazo de verano y ese guiño

que recoge las mareas del invierno,

y las aristas de cada primavera.

 

Una llanura siempre es un escenario

del poniente rojizo e iluminado,

espejo, sed de calma, luz en rostro.

 

Pero, sin embargo,

hay algo en el oeste,

ansiado, percutido, muy remoto,

que lleva a cabalgarlo,

un sentimiento hondo,

más abrupto, más fiero, más rocoso,

escalada al origen, aire fresco,

ese bosque extendido y generoso,

de la etimología de su nombre

en el acantilado de sus besos.

 

Lírica

   Los gajos más delgados de una mandarina existen y son tan importantes para el todo, como aquellos de mayores dimensiones.

 

Si el mundo de las cosas,

respondiera,

la totalidad de las preguntas,

no habría poesía en las postales

que quiebran la razón de la palabra.

 

Si el mundo de las cosas,

fuera el todo,

omnicomprensivo de misterios,

la disonancia no tendría notas

y el sonido,

no sería,

esa cifrada verdad de nuestras manos.

 

La lírica

es el junco roto,

la apertura

la ventana,

que retoma la brisa entre las sombras.

 

Por eso,

no midas,

expresa,

sé el acantilado

el rompeolas

los tambores,

el  precipicio

de la conciencia de la vida.

 

La esencia,

la universal pauta,

solo conoce la música

que obliga a levitarse en los zapatos.

 

 

 

 

 

Tiza

Tizas sobre las tejas,

rememoran,

una canción infantil,

acuchillada,

en el constante reto de los nombres.

 

Un chamizo de mimbre,

puede resultar insuficiente,

pero hubo un tiempo,

que ni siquiera precisábamos techado.

 

Cuando el firmamento era

nuestro hacedor de lunas,

y los lunares de mi piel

podían repostar ausentes

en cualquier oasis.

 

Cuando el paraíso era,

simplemente,

tejer una palabra

entre tus labios.

 

No sé quién es quién

Ni siquiera tengo claro

qué cuadrado pisar.

 

Un salto a pata coja,

demasiado ingenuo

para enervar las emociones

 

No pises el uno, no lo pises…

La baldosa quema los pies.

Cuando el sol no encuentra el cielo,

dibuja en el infierno,

un impostado azul de primavera.

 

Los niños siguen jugando

mientras el océano

se desangra

cada noche

entre sus lágrimas.

 

Los segundos son como una noria

que revierten

los cántaros de agua,

sobre la densidad de las mejillas.

 

Cuando la tormenta cesa,

cada pájaro,

reconstruye su nido,

rebuscando

los trozos más robustos,

el sol indemne

del aguacero inopinado

y súbito

en la naturaleza de las cosas.

 

 

 

No somos más que un parche

a quema-ropa,

el zurcido

de todos los pronombres que tuvimos

y de aquellos que nos inventaremos.

 

Un parche recosido,

la puntada,

que sirve de unión entre dos cuerdas,

siempre reintentando

descoserse y mantener el equilibrio.

 

Por eso,

deshabito mis ojos,

para comprenderme

en todas mis miradas.

 

Hormigón de serie

Puedes poner cimientos,

y dudar que el suelo sea firme,

una solera de hormigón,

para asfaltar los sentimientos

contenidos,

sobre la barandilla de los ojos.

 

Puedes caminar despacio,

improvisando techos,

y paraguas,

sobre la lluvia caprichosa

impredecible,

de la tercera apuesta

a un terremoto.

 

Pero yo quiero ventanas,

galerías,

juegos de luz,

y lírica en las manos.

 

No quiero ser protagonista ausente.

ni el verso épico,

que resida en las torres relegadas

ni en la memoria de tiempos más remotos.

 

Si fuera tan fácil,

hablar con la verdad,

seguro que este castillo

tendría amplias ventanas,

y tu y yo, todavía,

ausentes o presentes,

en el mismo lugar, o diferente,

podríamos reír toda la noche.