El árbol de la ciencia

              

             Para recorrer tu cintura y alcanzar los frutos,

             no preciso comprender los precipicios

             de las bifurcaciones de tus ramas.

             Solo necesito saber que tus raíces

             no dejan de ser las mismas que las mías

              Por eso, tu abrazo es más infinito

             que cualquier cosa que percibo

             y lo que pueda acontecer no importa

             cuando tus besos son uno con mis labios.

Teatro

Será el amor un sueño en un teatro,

donde el guion se escribe a trompicones,

y sin hallar traspunte de emociones

nos requiere aplomo en cada acto.

Y alguna desmesura entre las letras

que ya nacen rebeldes a la prosa,

con las cartas de amor sobre la mesa

para la complacencia de las rosas.

Tus manos son festejo sigiloso,

para sentirte cerca desde lejos,

entre los bastidores no hay reflejo

de ese beso que se impone ansioso

en todas las fronteras de mi cuerpo.

En un roce de amor vertiginoso

suena la música ardiente como el fuego,

y son mis lunas tus ojos encendidos

cuando el telón se abre sorprendido,

a la pasión oculta en bambalinas.

Y reclama el proscenio indisciplina

los tambores, el beso, torbellino

las miradas, el viento, remolino

revolviendo las ropas y las hojas

hasta poner el mundo boca arriba

y tu nombre en las letras poderosas.

La pasión atraganta, sobrecoge,

enardece y desboca en correntía

hace herida, escuece y también calma,

y es suave, y abrupta, y mediodía.

Imprevisible y franca, como la propia vida.

Por eso dame teatro, dame escena

caballeros, espadas, damiselas,

huracanes, conciertos, mariposas,

cataratas, misterios y escaleras,

ese ritmo trepidante de la acción

hasta que caiga el telón …

Dybbuk

En la imaginaria del terror,

su imagen sobrecoge,

y es oscura,

porque oscuro es el miedo

entre las sombras.

El dybbuk

se pega a las paredes

de pieles indolentes.

Dicen que desconoce que está muerto

y pretende habitarse en otro cuerpo,

con la complicidad de sus entrañas.

Pudiera hablarte en doce idiomas,

mover objetos, destronar amores

de coronados fastos y etiquetas.

Y mirar como ausente.

Es un espejo

De la agonía de la ira.

Tal vez pudieras atraparlo

en una caja de vino,

embriagarlo,

para arrastrarlo al inframundo.

Tal vez como un lémur,

se contentaría,

con un plato de judías negras.

Los espíritus no tienen hambre

de cestas de panes y de dulces.

Le disgustan las velas y las flores,

las sonrisas, la eterna primavera,

las luces de neón y las palabras

que se susurran suaves al oído.

Por eso piensa en el mar,

en las ventanas,

abiertas a la luz del mediodía,

pues no hay peor espíritu que el propio

cuando se torna en destructora larva

y corroe las venas y los ojos.

No temas al dybbuk

solo tiene el poder que tú le otorgas.

Reina oscura

Si ella se hubiera perdido entre la noche,

habitara lagunas sin nombre

y espacios ajenos a toda profecía,

si tu alma gemela, de existir,

fuera una reina oscura.

Si los nudos que se tejen en otras dimensiones

atrajeran tu suerte en el presente,

si fueras tú quien la ausentas,

cada vez que alimentas los dragones

que duermen en tu mente.

Si por cada pensamiento negativo,

la tuvieras más lejos,

te fuera incluso una desconocida.

Si fueras tú quien derrama

el vino de su copa

y la condenas a ser una errante

entre todas tus oscuridades

¿Aceptarías que eres el responsable?

¿Hasta dónde jugarías la partida?

Sonidos

Escuchar mantras y frases alentadoras es una práctica positiva. Los occidentales somos, en realidad, complejos, porque nuestra mente está muy acostumbrada al método y no es tan fácil que suelte las presiones. Sin embargo, bucear y bucear en nuestras raíces nos lleva a descubrir cuán cerca todos estamos y que maravillosa es la música. La genialidad de nuestros clásicos nos eleva a un mundo donde se funde el método y la intuición en un equilibrio generoso.

Me he permitido, disculpad la insolencia, trabajar con esta maravillosa, impresionante y siempre alentadora Aria para la cuerda de sol.

Aria para la cuerda de sol es un arreglo que realizó el violinista August Wilhelmj en el siglo XIX del segundo movimiento de la Suite orquestal n.º 3 en re mayor, BWV 1068. Bajó un tono a la composición, de re mayor a do mayor disminuyéndola una octava. Y la adaptó a instrumentos como el violín y el piano.

Nada

( Un poco de metafísica, realmente física)

La nada no existe.

Es solo un concepto funcional

y no demasiado elevado

para cuadrar el cálculo.

Imagina cómo fue el vacío creador,

en la distorsión de sus energías.

Para crear hay que vaciarse.

Para crecer hay que vaciarse.

Y llenarse.

La nada favorece

el soplo del viento sobre las aguas primordiales.

Es el aliento, la burbuja que nos envuele,

lo que nos mantiene a flote.

Un sonido, pequeño, insignificante

que lo modifica todo.

La onda que resuena y nos abarca.

La nada no existe.

Nadie puede no ser nada.

Ni nada puede ser nadie.

Porque siempre hay alguien

  algo/algunos…

La nada es nuestra madre

pero ese no es su nombre.