Aquelarre

 

Hagamos un aquelarre

para inhundar de sal todas las lunas

en la primera marca de equinoccio

ya no hay muérdago suficiente

para acallar tanta herida

 

Este acontecer que reiventa días

no deja de imponer la descordura

sobre el mapa de un sádico

la invención extrema

de un depredador de ángeles cautivos

lobo para el hombre, lobo para el hombre

lobo o hombre

marchitado por sus genes

inoculado del virus canival en su sangre ausente

 

Los sueños se agolpan formando un pelotón desconcertado

sin escalera de emergencia

en el albedrío de la vida

sueños de tronos en cartón piedra y espadas de papel

sobre contenedores de plástico

en un firmamento desabrido

 

Hagamos un aquelarre

para inhundar de sal todas las lunas

liberemos a nuestra progenie

hagamosle saber que no son culpables de nada

que ya bastante heroico es el vivir

fabricando recortables infantiles

sobre la sombra absorta de un futuro incierto

 

Liberemos a nuestra progenie

de seguir encantando serpientes

pues por miles de cabezas que contemos

sin espejos y sin melodías

el golpe más certero

es cerrar su cesta para siempre

 

 

Hagamos un aquelarre

para inhundar de sal todas sus lunas

sobre el fuego de luz encaramando

al indómito estrellato de lo humano

Un castillo de naipes para la cosecha

de las nieblas futuras

 

 

 

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Verbigracia

Reporta la mañana  los sonidos

del aire que batea las palabras

Crujir del viento entresacando olvidos

por todo aquello que imponga semejanza

 

Enjuto en luz el torso y la semblanza

un remolino de aire que me alcanza

onda expasiva que, por verbigracia,

desaconseja del sol toda esperanza

 

Reiterar, repetir, un sentimiento

sacudiendo las tejas de la calma

para perderme en mí por un momento

palpando la ventisca que desarma

la verdad del silencio entre dos almas

 

Esos bendidos ojos que me abrazan

no aciertan a entender complicidades

importándose en mil identidades

a la par que me hieren y arrebatan

 

Lejos están la gloria y la bonanza

del verbo que partió de madrugada

quizá ahora tan solo resta gracia

para asumir la historia inacabada

y volver a escribir en tu mirada

 

 

 

 

Las siete sagas/ Sin rumbo

¿Reten21? ¿Qué nombre es ese para un hombre? preguntó Sweeney, clavando fijamente la mirada en su nuevo cuidador.

   No me llamo Reten. Es un alias para internet. Mi nombre es Alejandro, Alex, mejor. Así me llaman todos, Alex.

   Vaya, no sé si me gustaba más Reten21, creo que te seguiré llamando así si no te importa, Alex frunció el ceño y contestó ¿Y Sweeney? ¿Qué nombre es ese para una chica? ¿No es un nombre de chico? ¿No eres española?

     Digamos que soy ciudadana del mundo. En cuanto a mi nombre, elección de mi padre. Él dice que nos ha puesto los nombres que se identifican con nuestra misión. Siempre pronuncia la misma frase cuando se lo pregunto. “el nombre hace tanto o más que la voluntad”.

    ¿Misión? ¿Qué Misión? preguntó Reten21. Quizás ser maravillosamente dulce, contestó Sweeney y acto seguido sonrió.

   Alejandro, nuestro Reten21 pensó que quizás estaba pretendiendo razonar con unos “medio-tarados”, pero no tenía donde pasar la noche, por lo que era mejor callarse. Al día siguiente pensaría bien lo que iba a hacer.

   Cuando estaba felizmente recostado en el viejo camastro del almacén, con los ojos prácticamente cerrados, fue sorprendido por la voz de Sweeney. Venga vamos, no pretenderás dormir ahí….venga… La chica tomó del brazo a Reten21 y se dirigió directamente hacia un muro de un almacén. Reten se detuvo. ¡Que nos vamos a  chocar! exclamó, frenando en seco, mientras delante de sus ojos se abrió una puerta de acceso a otras dependencias.

    Ya no sabía si era un sueño, una realidad o una locura. Se pellizcó, y de verdad sentía, Miró su reloj, las agujas giraban bien. Y ahí estaba él, no dando crédito a lo que veía. De las indigentes y viejas dependencias del visible almacén, se pasaba a otras que parecían de ficción, una dependencia circular que daba lugar a otras muchas con puertas numeradas a modo de hotel. Ocuparás la habitación 21, como tu nombre, le dijo Sweeney. Al fondo está el comedor, cenaremos a las nueve. Tienes ropa limpia en tu cuarto y todo lo necesario para tu aseo.

   Ahora sí que quería huir, pero ya era tarde, quizá. Una voz de mando desde lo lejos y un sonar de pasos acompasados le evidenció no estaba solo, ni mucho menos. Los guardianes del Principio- dijo Sweenwy-no temas, son ruidosos, pero buena gente. Es su ronda habitual. Es una escuadra de las comandadas por mi hermano Jano.

  ¿Jano? ¿Hermano? Si, dijo Sweeney, hermano. Somos siete, como nuestras siete sagas. Alana, Brais, Jano, Marvin, Mabel, la chiquitina, y yo que voy justito detrás de Jano.  Al mayor no le conocimos. Sé que mi padre lo estaba buscando, porque lo raptaron recién nacido. Es necesario que comande su saga.

  ¿Sagas? Se supone que si sois hermanos pertenecéis a la misma saga ¿no?, preguntó Reten21. La hermandad no implica siempre lo mismo, afirmó Sweeney, al tiempo que le preguntó cuál sería la suya.  La mía, dijo Reten21, yo no tengo saga. Sweenwy, no me vuelvas loco, suplicó.

   Reten21 se detuvo unos minutos mirando al muro, lo que llamó la atención de un guardián  corpulento, el cual se acercó advirtiéndole que no se podía cruzar, con un contundente  “Ni lo intentes”.  Por la noche se cierra y es imposible hacerlo- afirmó el guardián- Mañana será otro día. Pero yo ni siquiera lo haría, para lo que hay que ver, siempre el mismo lugar, siempre el mismo tiempo, siempre el mismo día. Menos mal chaval que no repetimos en “deja vu” la misma secuencia. A ver si llega el ingeniero y esto se repara, sino me voy a volver tarado.

   Acto seguido se marchó, quedando Reten21 más desconcertado que nunca.

 

Licor de guindas

 

Todavía recuerdo

aquellas tardes de licor de guindas

el apresto encalado de las horas

y ese sol de abril dando permiso

para que mi suerte recalase

en el atardecer de tus arrugas

 

Todavía recuerdo

los cien enigmas de cada crucigrama

la palabra abrazada a la palabra

en ese ir y venir de la sorpresa

haciendo permeable tu sonrisa

 

Siempre tuviste algo de maga

Quizá un ingrediente secreto

para permanecer indemne al tiempo

sobre la balaustrada de mi pensamiento

 

Y es tal tu presencia en estas letras

impresiva correctora sobre mis ojos

“fala ben, neniña, e ti, qué falas”

puntuando las comas que me faltan

rojo en guindas al borde del poema

y ese punto final que no fue escrito

 

 

Isla Mariña/ Sin rumbo

        El sol entra con fuerza a través de la persiana de la habitación de Marvin, el niño marinero. Hace calor. Ese ruido machacón del ventilador de techo de su abuela anunciaba que ya era de día. Marvin se levantó de la cama con energía, de un salto, como lo hacen los niños, deseando planear su nuevo día. Había quedado con Mabel, su hermana pequeña, para pescar.

        Mabel llama insistentemente a la puerta. Vamos, vamos, que ya es muy tarde. Marvin no se hace esperar y ambos niños se dirigen hacia el pequeño dique que, años antes, había construido su padre. Allí, caña en mano, se sentaron sobre una piedra plana, esperando el fruto de la pesca. ¡Ha picado, ha picado! exclamó Marvin, mientras sujetaba con fuerza la caña. Cual fue su sorpresa cuando al tirar, lejos de toparse con un pez lo hizo con un zapato viejo, marrón, abarrotado de algas. Mabel no podía parar de reír.

        Pero ese zapato era más que un zapato. Tenía un mensaje escrito en su suela que decía: “Venid a la playa”

        Los niños asombrados por un mensaje tan desconcertante decidieron, sin embargo, ir a comprobar si algo les esperaba en la playa. Y eso fue lo que pasó. Encontraron el otro zapato y en su interior, dos pulseras de caucho con una pequeña pantalla en la que se reflejaba un emoticón sonriente.

       Qué desilusión, unas pulseritas, si al menos hubiesen servido para contar pasos. Toda la magia se había desvanecido en un solo momento. Vaya mensaje más estúpido.

       Aun así los niños decidieron ponérselas y una vez la tuvieron entrelazada a su muñeca, comprobaron que eran algo más que unas pulseritas. “Hacia la roca rojiza” vibró intensamente la voz de Sweeney.  ¡Sweeney! su  querida hermana. Desde que se había marchado de la Isla no sabían nada de ella ni de su papá.

         Enfocando las pantallas al centro de la roca se formó un holograma con la imagen de su hermana. ¡Qué bella estaba!

         ¿Cuándo vendrás, Sweeney? Te echamos de menos.

          Todavía no es posible, niños,  estamos atrapados en la dimensión terrestre del siglo XXI. Menos mal que ayer hubo tormenta y he podido aprovechar su vibración para abrir esta puerta y al menos, veros. Queda mucho por hacer. Prometedme que vais a cumplir escrupulosamente lo que os voy a decir. Es muy importante que cerréis bien las puertas de la Isla y no confiéis en nadie, en nadie, os digo. Desconfiad de todo lo desconocido, aunque sea un juguete de peluche.

          Prometido, dijeron los niños. Pero, tú, tú, tienes un desconocido detrás. ¿Quién es ese que se ve a lo lejos? Preguntó Marvin.

           Se llama Reten21 o algo así y papá lo contrató para que me cuidara.

          ¡Qué locura!, si tiene pinta de no enterarse de nada, aseveró el niño

           Pues eso, pues eso, afirmó Sweeney, mientras se despedía con su mejor sonrisa.

          Cuando se evapora un holograma queda un campo gravitatorio diferente y hay que tener cuidado de no enroscarse en el pequeño remolino que se forma, pues podrías caer de bruces contra las rocas.

         Corre, advirtió Marvin a Mabel, pero la advertencia no tuvo éxito. Mabel se quedó tan absorta que acabó atrapada por el remolino, el cual rebotó a la niña contra la arena.

           ¿Estás bien Mabel? Si, dijo la niña, sacudiéndose las arenas.

        Lamentablemente el enrosque con el remolino no sería inocuo, porque ciertas partículas acabarían pegadas a la piel de Mabel, con una vibración imperceptible, pero real, al fin y al cabo.

         Ignorantes de tales consecuencias, Mabel y Marvin, se quedaron jugando en la playa hasta la hora de comer.

Contraseña

No hay conjuro que oscurezca el cristal

ni nave que no tiemble

ante la profundidad de las aguas

y aun así

roturo el terreno cada noche

decolorando nuestros desacuerdos

bajo el halo de la inicial sonrisa

fuera de perspectiva

Custodia y bienvenida

de esta imaginaria del recuerdo

Un alto y seña

bajo la contraseña de tus besos

Que así sea