Rebeldes al olvido

Afirmaría tu presencia,

en este  instante,

en el que rozas mis labios

en rebelión al olvido,

ese rocío revolucionario, atrincherado

en la resistencia de mi boca.

 

Muchas veces,

aunque no lo creas,

Te siento.

 

Fotografía:  Un alfabeto para amarse

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Imagina

Imagina,

sobre todos mis mapas

tu paisaje,

los árboles

acariciando

la libertad del agua,

tus ojos discurriendo,

corriente contínua,

navegantes

al juego de mis manos.

 

Yo te anhelo

presente,

luz del día,

sobre todas las caras de mis dados.

Una particular reseña

La poesía está en todas partes, en la Academia, en los bares, en las plazas y quizá en los ojos de aquel muchacho que insiste en hacer volar su cometa, al menos, una vez, aunque no sople el viento.

      Hoy en el tren he leído el libro de Carlos Salem, aquel en el que se pide amablemente que se muera, que me llegó a través de Boadicea, y supongo que le alegrará saber que me hizo pensar, y mucho, desde el primer poema. Es cierto, quizá, todos tenemos algo de dinamiteros encapsulados, con riesgo alto de explosión cual bomba de racimo.

        Me gustó. Incluso le hice un poema, mentalmente caminando hacia la estación de Atocha, y que lamentablemente se esfumó por la debilidad de mi memoria, tan pronto daba sorbos a una taza de té verde, observando como un japonés mezclaba el café con leche con coca-cola y desayunaba un bocadillo de atún con pimientos.

       La rebeldía de nuestras propias sombras va degollando la vida, poco a poco, casi sin sangre, imperceptiblemente. En esa desnudez meditada y siempre maquillando la acidez que deja conocer la aspereza del esparto, se pierde, como siempre, bajo el sol de una cintura buscando su propia diosa. No hay más autoridad que la propia sombra, ni nos jueces, ni vos la policía, puede con la sentencia de uno mismo, cabalgando la vida. He visto al poeta, en las frases que mascullan vida, transitando sensaciones y ofreciéndome, en el comienzo de una mañana de trabajo, la definición de amor más bonita que he leído hace tiempo: “el amor es un patio de juegos sin relojes”

       Tropiezo con mis propios pies en esta estrechez de los asientos, clavando literalmente los tacones en el suelo, para sostener la tableta. Nunca elijo bien el asiento que prefiero.

        El libro que se incita, y a la par te incita, a morir amablemente, no es un poemario de autoayuda, que es de agradecer, ni de aquellos que pretenden condicionarte (con una autoridad moral que, desde aquí, me precio a desconocer) a una fortaleza inusitada, demandando valles y quebrando torres. Las marcas de guerra no se han quedado entre mi ropa. Ya se sabe, yo soy quien insiste en ver la cara más amable de las cosas, incluso en la dureza del rigor de la muerte. Carlos dice que pertenece a una generación de duda permanente, y puede que lo sea, y tal pronóstico  alcance a la siguiente década. La posmodernidad fue quizá una posé, en mi pelo platino y mis guantes de piel agujereados. Siempre en duda permanente, sin lecciones, y sin mayores retos que vivir, que ya es demasiado.

      No es que seamos una mierda, es que hemos enseñado a los otros- y a nuestra jodida sombra- a exigir demasiado.

 

 

Sigue leyendo

Despejando la Y

Hoy no tienen sentido las metáforas,

el cielo está bien gris,

y yo ya no sé hablarte,

digamos,

que te desconozco,

que tú me desconoces.

 

Hace tiempo que cambié mi foto de perfil,

aquella de la playa, tú te acuerdas,

cuando pasear era ejercicio de profetas

en la fotografía del futuro,

restaurándonos,

el sol en aguacero

y aquel viento,

ligero,

empujando las nubes.

 

Tú ya no me hablas de aquel mar,

batiéndote la frente

y yo he dejado de nadar contracorriente.

 

Y aun así,

permíteme que te haga una última sugerencia,

aunque el tiempo no nos devuelva,

aquellos segundos no pensados

seamos rebeldes al despejar la “Y”

entre la libertad de las incógnitas.

 

 

 

Una petición especial

Queridas y queridos todos, os comento:

El día 27 de septiembre presento en Ciudad Real mi libro Un Alfabeto para Amarse, a las 19, 30 horas en el Museo López Villaseñor.

Sé que me vais a mandar mucha💪💪virtual y muchos ánimos. Pero os voy a pedir un poco más.

  Cuando uno se enfrenta a decidir quién debe defenderte poéticamente en una presentación, a parte del editor y después de la primera opción (llamar a mamá, que desgraciadamente me queda ya lejos), piensa en una persona de renombre o cierto curriculum que hable de sus versos como si fuera un vendedor de diamantes en Tiffany&Co.( una para ponerse, va de lujo😊😉), pero luego, en serio, piensa: ¿Qué de verdad habrá en que alguien que a lo mejor me ha leído de prisa y corriendo en el ave diga algo de mí? Pues ninguna.

     Y tras estos pensamientos una se queda más sola que la una, ante la versión de la autopresentación. Y noooo…tampoco lo veo, autorimbombarme: “con este libro, se amarán todas las noches, comiéndose a besos y si no lo hacen..que la editorial les devuelva el dinero…”) 😨😱

     Por eso he pensado en mi espacio seguro ¿Cuál? Para mí, este, con vuestra compañía, donde me encuentro yo, conmigo misma y con vosotros tan tranquilamente. ¿Quién me lee? Pues vosotros, que ya es mucho.

     Por ello me gustaría pediros, para quien quiera ayudarme en este día, me mandáseis, además del  abrazo virtual, un audio con lo que veis bueno en mi poesía ( si hay algo 🤔) y si podéis- ya sería genial- que recitaseis un poema, o una estrofilla de alguno que os guste, pues montaría un video con vuestros audios, para que me acompañases virtualmente.

      Gracias por anticipado.

 

Burbujas

 

Pronto vino el amor y la palabra,

el amor, el no amor, la destemplanza

y la gruta acallada de las sombras,

hiriéndonos la espalda,

derramándose,

en los rincones de aquella nuestra casa.

 

Luego volvió el amor, acariciando,

todos los contornos de mi ropa

y creí en la isla de su nombre,

en la bandera del sol

y en la esperanza.

 

Muchas veces pienso

que somos burbujas,

cada cual,

con una idea

de lo que debe ser amar,

de lo que debe ser el otro.

Burbujas,

que no se rozan,

pero sí se contaminan,

demandando,

que la otra se le parezca,

que la otra sienta,

que la otra diga,

que se inhunden

convergentes.

 

Puede ser que la idea nos persista

martilleándonos las noches,

y los días…

no hay amor felizmente imposible,

pero tampoco felizmente posible,

sino se deja un poco de amar,

cuanto menos te amo

mejor nos queremos,

cuanto menos te quiero,

mejor nos amamos.

Las burbujas,

caen de bruces al suelo,

quemarropa,

tú y yo en diagrama,

tú y yo en stand by,

consumiéndonos.