Sin rumbo/ So, I´m astray

      Llovía cuando fui desalojado por los agentes de policía de aquel trastero propiedad mi amiga virtual. No podía comprender como una persona que tanto afecto me había demostrado en las redes, había sido incapaz de prestarme una mínima ayuda. Revisé mi billetera, le quedaban 20 euros para acabar el mes. No podía permitirme pagar una pensión.

     Cansado de vagar entre portales encontré abierta una puerta de un viejo almacén. Seguía lloviendo insistentemente, así que me dispuse a entrar en el mismo, no sin miedo de encontrar alguien a quien no le agradase su presencia. Sin embargo, para mi sorpresa, parecía como si me estuviesen esperando. Pasa, pasa, se oía una voz femenina a lo lejos. Se reavivaron mis temores, pero aun así pasé. No tenía dónde ir.

      Allí estaba ella, la mujer más bella que jamás había visto. La reina de los homeless, la emperatriz de los vagabundos.. Resguárdate. Aquí estarás bien. Soy Sweeney

     ¿Sweeney? ¿Quién? Comenzó a pasar por mi cabeza el poema de Seamus Heaney, los ciclos de los reyes, el irlandés errante, un pájaro. Quizá me estaba volviendo loco.

      Me estrechó la mano, me ofreció pasar a sus dependencias, tomar asiento, comer una taza de caldo caliente y me permitió descansar en una cama.

     Pronto apareció quien dijo ser su padre. Yo no me puedo quedar mucho tiempo en este sitio, dijo. Pero tú, cuida de ella, de mi hija. Hazla recuperar el aliento de la vida, la cordura, la realidad. Yo no puedo ya hacerle ningún bien. Debo partir.

   Pero ¿Por qué debía partir? ¿Por qué confiar en mí?¿ Por qué pedirme algo tan serio como encargarme de alguien sin conocerme?

   Motivos tengo para emprender mi marcha, pero ahora no es tiempo de que te sean desvelados. Pero eso de que no te conozco no es cierto. Tú eres Reten21, ingeniero de sistemas, de Madrid, aficionado a la filosofía y a la literatura. Te acaban de despedir, te encontraron en un trastero, lo puso una chica en Facebook etiquetándote. No tienes a dónde ir. Aquí estarás bien. Tendrás dinero, cama, y una ocupación. Yo soy Suibhne17; Suibhne por Sweeney y 17 por el año en curso. Somos amigos en todas las redes.

   Cómo no había caído. Suibhne, por blue Suibhne, la vieja historia irlandesa. El perfil de un errante. Pero ¿Qué quería de mí? Me estaba comenzando a asustar.

  Tenía ganas de irme. Recogí mi mochila y me dirigí hacia la puerta, momento en el que Sweeney me cogió del brazo. Ven, no te asustes, no es nada malo encargarse de una chica a cambio de alimento. Me derritió su mirada de ángel y volví a sentarme. Sweeney, entonces, comenzó a recitar:

Sin rumbo

Desviada, extraviada

viajera errante

para purgar tu ausencia

disipando

versando

las tablas de la impaciencia

cual pájaro a la deriva

en un cielo sin aire

quebrado en soles

en el que todavía

retumba tu nombre

sin rumbo

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Tú no sabes

Puedo sentir cada noche

cuando te atrapas en lágrimas

y la angustia es carcoma de tus ojos

Puedo sentir cada noche

cuando a escondidas

te embarga el miedo

vibrante en terremotos

timbrando tus oídos

tambaleando runas

escritas sin palabras

Puedo sentir cada noche

el aire que te arropa

trae un poco de mí

para decirte

que tú no sabes

que yo te siento

 

 

 

Un molesto inquilino

        Ayer encontré un libro  en el trastero. En el enjambre, de Byul Chul Han, ni siquiera me sonaba. No recordaba haberlo comprado, siquiera tenido, y menos relegarlo a un lugar recóndito, debajo de una caja y una almohada, que tampoco, en honor a la verdad, me sonaba mucho. Lo hojeé un poco y lo volví a dejar en su lugar, con la intención de preguntar a mis amigos si era posible que hubieran dejado este libro cuando me ayudaron a guardar unos muebles viejos.

       No todos los amigos son igual de importantes. En mi caso era curioso que mi amigo más especial, aquel que siempre tenía algo que decir, fuera un amigo virtual. Nos seguíamos en todas las redes. Él era ingenioso, divertido. Me encantaba leerle. Además, era culto, listo y físicamente estaba fenomenal. Ya, ya, cierto, me tenía enganchadita.

       Cuál fue mi sorpresa que mi amigo Reten21 había puesto una entrada comentando ese libro, sí, ese, el que estaba en mi trastero. Será casualidad…Me quedé alucinada, y pese a que eran las tres de la mañana,  me vino a la cabeza la posibilidad de rescatarlo. Ahora sí que iba a impresionar a mi amigo Reten21, le copiaría unas frases del libro y quedaría como una experta en filosofía

        Accioné la linterna de mi teléfono y subí en el ascensor a la planta de trasteros. Me dirigí hacia el mío con determinación y cuál fue mi sorpresa: Tenía un inquilino, un sorprendente inquilino.

     Ya estaba claro, por eso había encontrado el libro. Ahí estaba Reten21 durmiendo sobre mis cajas. Me miró sorprendido, con cara de susto, como suplicándome. Dijo que me lo podía explicar, que se había quedado sin trabajo, sin vivienda, que tomó prestado el trastero para dormir unos días hasta encontrar nuevo empleo, que no sabía que era el mío, que le ayudase…

       Me dejó atónita, no sabía qué decirle. Ya no me parecía tan genial. Estaba despeinado, era más bajo de lo que pensaba y encima parecía menos interesante. Así que no le dije nada. Llamé a la policía sin dirigirle palabra y fue desahuciado amablemente por los agentes.

      La pena es que me bloqueó en las redes y no puedo darle al me gusta a esa entrada sobre el libro.

     ¿Y de qué iba? Pues, bueno, una rayada de esas, sobre que la era digital y el mundo virtual nos están alejando de los otros,  que no hay unión para cambiar las cosas.

     ¡Qué sabrá ese Coreano! Qué lástima de filósofos, seguro que no salen de su mesa de estudio y no tienen “mundología”, que no, que no, hazme caso a lo que te digo, que esa gente no está en la vida. No se fijan en la cantidad de amigos y relaciones que se “hacen” en la redes ni en lo que puede hacer twitter cuando “arde”.

Inescribible/ unwritable

Hoy recuerdo esta entrada, reproduciendo el sentimiento anterior, pero dicho de otra manera. Inescribible

 

Me queman tus manos

cuando aterrizan

en el aeropuerto de mis dilemas

inescribible e imprescriptible embarque

destino tu cuerpo

en una primavera de postales

Aquello que tal vez nunca escribiera

Mis manos son hoy las pasajeras

de un papel en blanco detenido

y no saben qué decirte cuando escribo

aquello que tal vez nunca escribiera

si nunca te hubiera conocido

 

Y es que este espacio no es sino una espera

de un más vasto y abrupto recorrido

del amor que no fuera conocido

 

y no hay sombra que la verdad cubriera

ni viento que cruel pudiera

resistir a la flecha que Cupido

clava sobre mi sien cuando te miro

 

 

Mis palabras se agolpan viajeras

recorriendo tu cuerpo junto al mio

y no saben qué decirme cuando digo

que aquello que tal vez nunca sintiera

tal vez aquello que nunca he sentido

se entrelaza entre ambos con un hilo

resistente a los tiempos y al olvido

 

 

 

Viajera imaginaria

   Hacía más de diecisiete años que no había abierto la puerta de aquel viejo caserón. La necesidad de un trámite legal me obligó a rebuscar en el pasado, lo que me desagradaba sobremanera. Aquello que se encierra dentro del olvido, por algo será. No deseaba, en absoluto, dar una tregua a mis fantasmas. Sin embargo, ellos se obstinaron en lo contrario.

    Allí estaban los viejos muebles, el reloj de pared de mi abuelo, la mecedora y el sofá de flores amarillas, con un amarillo más empolvado y acabado. Todo crujía, hasta mi peso sobre los baldosines de cerámica. Un ruido proveniente del piso superior me sorprendió y  atemorizó. Una pequeña sombra se advertía en la escalera.

   ¿Quién es?, pregunté, no deseando oír ninguna respuesta. Tu sombra de cinco años. ¿No te acuerdas?

   Me froté los ojos. Estaba empapada en sudor y enroscada a las sábanas. Menos mal, era una pesadilla. Horrible, pero pesadilla. Me dirigí a la ducha, con unas ganas enormes de sacarme ese sudor de la piel, cuando sentí un tirón de pelo y sus manos pequeñas agarrando mi cuello.

   ¿Te acuerdas? He venido para viajar contigo. Ya no quiero estar en el viejo caserón.

  Un grito enorme y una copa de coñac no fueron suficientes para liberarme de la imaginaria viajera. Nada de lo que he intentado lo ha sido. Sin embargo, lo reconozco, ya me voy acostumbrando.

¿Te acuerdas?

Hija del viento

Cuando todo era azul

y el agua chapoteaba sobre sus propios pies

surgió la melodía,

esa música que fue creando nuestro mundo

desde una paleta de partículas indivisibles

Esa melodía

que ahora vuelve a sonar

con el trino mayor del clarinete

mientras dibujo sobre mis paredes

aquel abanico multicolor

Qué difícil es respirar

“cuando no puedo apartar los ojos de ti”

Definitivamente, pienso, somos viento

en este corto viaje que es la vida