Oído

Me oigo,

a veces,

cuando respiro en silencio

cuando no encuentro

el sonido de tu mirada,

cuando no encuentro

las teclas para reiniciarme

entre los vientos del invierno.

 

 

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Ángel

Dicen que hay más de diez formas

para convertirse en lobo,

y otras tantas para ser vampiro,

desplegando las alas de la salvia mágica

en maléfica poción,

la colación imposible

de la impostura del mal que se alimenta,

de los troncos viejos milenarios

del abandono y la ausencia.

 

 

Me pregunto cuántas formas existen,

para convertirse en ángel,

fraguado en el maná celestial,

de invisible presencia,

e impenetrable misterio entre las selvas

indómitas del mar.

 

Lo que estoy segura,

si hay un ángel,

sobre esta nuestra tierra,

será aquel que desliza los dedos,

sin tilde,

desde el pronombre que abraza todos los versos,

transformando la vida en Poesía.

Meditación

Observo,

la levitación del tiempo,

yo,

desde una esfera,

mi yo posible, tu yo posible,

degustando los nuevos capítulos,

la incertidumbre que abraza

que el mundo lo es de posibilidades.

 

Cientos de años pueden no ser importantes,

piensa

retrocede,

cuando la tierra que pisas no existía,

los árboles no tenían raíces,

y la vida discurría

sobre las moléculas de los nombres.

 

Quizá sea cierto que los pasados perdidos,

el muro de cristal,

el tránsito,

pudieran estar aquí

en la palma de la mano,

en el movimiento de las páginas,

en la más perdida

interferencia

de la vida.

La ortografía de tus besos

Iniciándonos,

en infinitivo

haciéndonos sustantivos,

quebrando las normas,

deconstruyendo,

la ortografía de tus abrazos.

 

Amar en primera estrofa,

permutando el verso,

en el tú implícito,

de mi sonrisa.

 

Encabalgar metáforas

y gerundios,

en las versiones de tus besos.

 

Amándonos hasta que no recordemos

otra forma

de comenzar las frases.

 

Respirando.

Sin adverbios

sobre el papel tendido,

el papel perdido

entre las dunas

de tu cuerpo.

 

Comentarios

Los comentarios ajenos son siempre ajenos.

Se tiene esa maldita manía de verse en los otros

pretendiendo superar las propias faltas

mediante la rebaja de otros logros.

 

Me disgustan los consejos intencionados,

las quiebras de postales,

y ese universo

en que se proyectan

retratándose

como traidores del espacio.

 

Sin embargo,

hay días sin crédito.

en los que, a veces,

se desata lo inexplicable,

como una ley física,

un golpe sobre la cabeza de los naipes,

el equilibrio maniatado,

la esperanza desbocada

y el aliento, parpadeando, intermitente.

 

Si alguna vez ocurre,

recuérdate,

que siempre te superas.