La mirada

Tu mirada es blanca como la nieve

Tenue como la brisa de verano

Suave como un sol en primavera

Tan ligera, como de mariposa.

Y es este paraíso de tus ojos

donde hallo el oasis de los míos

esa bendita sensación de vernos

sin precisar palabras ni otra cosa.

Aunque fuera espejismo tu cintura

me quedaría sin ninguna duda

perdida entre tu cuerpo para hallarme.

No encuentro más sentido que mirarte.

Pura Pasión

 Annie Ernaux me conquistó hace años con su mujer helada. Esa prosa dinámica, fluida, que deslizaba maravillosamente una trama intimista, que se abría, sin abandonar el pulso lírico, a los extremos cotidianos de la realidad. Su ritmo propio abría mis sentidos, donde cada frase descansaba en un acorde sinfónico, que hablaba desde dentro. Hoy he leído, antes no lo había hecho, Pura Pasión. Tan intenso como breve, una historia que te deja en el deseo, no menos obsesivo que la pasión carnal, de prolongar su lectura, aunque se hayan terminado las páginas. Sí, me gusta de Ernaux su magnífica prosa, pero también me gusta Annie, la Annie que destapan sus páginas y que se atreve a mostrarse sin fisuras en todas sus versiones y oscuridades. Siempre dije que no me gustaba la poesía ni la prosa intimista y llevo años enamorada literariamente de una escritora intimista.

 Y me preguntó ahora, cuando llevo casi dos meses sin tocar el teclado debido a una enfermedad intestinal que parece ya me abandona; digo, me pregunto, si yo sería capaz de hacerlo, de narrar, para mí, situaciones personales y libremente decidir publicarlas. Siempre se dice que en toda narración el autor deja algo propio. Puede que sea así, más bien muy maquillado, muy oculto, muy desde fuera. Lo que es cierto es parte de ti es tu propio tempo, tu ritmo. Ese no engaña. Y el de Annie es uno de los que más me gusta.

 Después de meditar la pregunta, creo que no. No sería capaz de soltar mi propio yo, como se suelta un personaje, con la libertad de poder llegar a cualquier parte, a cualquier recoveco sin que asome ese no lo cuento o no caer en la tentación, como humanos que somos, del propio engaño de la memoria. La memoria se construye y algunas veces entre el recuerdo y lo vivido hay matices añadidos que cobran cada vez más vida, cuanto más los observamos.

 Estos días de enfermedad no escribí poesía. No escribí nada. También deje de estudiar. Dejé de meditar. Dejé de pensar en la mística. El dolor era el protagonista del día. Cada ruido del cuerpo, cada síntoma. Podríamos decir que el dolor era como el señor A. El que venía y se iba, aunque yo no deseara su regreso. Me vestía para él, todo me pesaba, me molestaba, me apretaba, por mucho que fuese perdiendo kilos. Compré pijamas anchos, ropa holgada, cuanto más mejor. La colección de pastillas tenía el lugar privilegiado que antaño ocupaban los libros. Fue un dolor intenso, pasajero espero, confío en su no regreso. ¿Pero era tan importante? Sin duda, como un proceso cualquiera. La importancia estriba que el primer aviso que te da el cuerpo, diciéndote a gritos, debes parar, se toma como un retroceso. ¿No puedo seguir con mi vida? Te obliga a detenerte, a saberte mortal, a someterte a pruebas con la incertidumbre de si saldrá algo peor, y no solo por enfrentarse a ello, también por ser conocedora de que ese dolor sordo, mudo, continuará siendo protagonista, deteniendo la vida. Y lo que es más aterrador, por mucho que he indagado no he hallado todas las respuestas y jamás lo haré como limitada y humana. Asumir ese proceso es ser consciente de la limitación. Lo somos siempre en el concepto, pero no tanto en la práctica. Y en esto, como en la pasión carnal, como Annie con su Sr. A, todo se desbarata. Hay un lugar para asumir que la corriente fluye y que, como toda pasión, la emoción desboca porque pretendemos tener el control.

 La pasión es algo adictivo. Quién no quiere vivirla. Quién no quiere suspirar cada día por esa mirada buscada, ese roce, esa hipérbole propia, donde hay más de uno que del otro, como un espejo. Y a la vez qué mortífera cuando es el centro de la vida. Lo único en que se quiere pensar. Esa isla donde perderse y no hallarse. Y qué cruel cuando se acaba de cuajo, o nosotros mismos la acabamos, porque ya no somos hipérbole, somos ojos detenidos en la realidad. La idolatría también nos despoja, mas hay algo penetrante en el abismo.

 Y, aun así, una de las cosas más grandes que te puede dar la vida, es esa pasión al límite, ese deseo interminable que, convertido en la razón de tu existencia, te invita a proyectar respuestas en la existencia del otro. No hay nada más cálido que un beso, eso sí, apasionado e intenso, casi de vampiro.

  Feliz lunes. Me abandonó el dolor intenso. Puedo abrir una nueva página. Creo que imaginariamente completaré en Pura Pasión las páginas que me faltan.

El sueño de Eva

Me imagino ante la claridad del día

rogando permiso

para descender al averno

como simple mortal.

Hay muchos que me disuaden

de esta maniobra ilusa

esa pretensión de salir indemne

para traerte de vuelta con mis ojos.

La providencia me otorgó este sueño

dando brillo a mis talones.

Y la noche se cierra, tan oscura…

Yo porto un viejo mapa, arrugado

con ajenas angustias que se pegan

hacen densa la piel y el movimiento torpe.

Luego salen de súbito espantadas

por las luminarias de mi ropa.

Descender al averno

con la pretensión de salir indemne

traerte de vuelta con mis ojos

y encontrarme de frente al adversario

para no reconocer su nombre.

El que no tiene lugar me desafía.

Yo reclamo: por mucho que aprietes mi cintura

cegarán tu vista mis talones

y haré mortal herida en tu cabeza.

Si yo soy, tú no eres.

Yo reclamo

por todas las generaciones pasadas

y las generaciones venideras.

Las larvas que se esconden tras las sombras

carecen de luz.

Cada vez que las rozo las enciendo

para que se abrasen

con un torrente de agua.

Te busco y no te hallo.

Te siento como ausente

tras la cascada de mis versos.

Y en uno de los flecos del tiempo

hay un segundo perdido.

Ese que recojo entre mi falda

ese que se hizo flor

una abertura

que me lleva a la superficie y a tu abrazo.

Despierto de mi sueño recogida

entre tus pies dorados.

Amanece suave, lentamente.

¿Qué traerá este año?

¿Qué traerá este año, madre mía?

Esta noche a la tarde te vestiré de blanco

y adornaré con plata tu bendecido cuello

la entrada iluminada, con los soles de invierno

aromas y perfumes, el muérdago en el banco

y cuando el reloj llegue a marcar su nuevo tiempo

los meses de otro año te llenarán de dicha.

Hija, no desesperes, por mucho que prometas,

mañana será un día como otro cualquiera

La luz será la misma, los campos, las palabras

Y yo seré la misma, aquella que yo fuera

ya se quedó perdida. Allí donde yo vaya

ni el blanco ni la plata, no habrá nada que cambia…

Madre, mira mis ojos, no creen tu desgracia

ni piensan que la noche que en el deseo aguarda

sea como cualquiera, sino más renovada

aligerando sombras, con su mirada clara.

Ay ,hija, la esperanza no nace desde fuera

más bien crece muy dentro y dentro se cobija

por eso si ella existe no hay tempestad que turbe

ni vendaval de otoño que su espíritu arruine

pero si la raíz de dentro está así de marchita

por mucho que engalanes las partes de la casa

y por muchas riquezas que vengan a su puerta

nada dará sus frutos en esta voz desierta

seguirá la tristeza embriagando mi alma

Madre, mira mis ojos, no creen tu desgracia

Ahora son mis brazos los que, presto, te abrazan

Y no solo este día, también lo harán mañana

Yo llenaré con flores aquellas tus ventanas.

Ante tanta insistencia, la madre sonreía

y se llenó la tarde con las nuevas sonrisas

la plata de su cuello iluminó la estancia

el blanco del vestido con suave fragancia

adornaba tu ausencia con luces de bengala.

Y tú viniste allí, pude sentir tus manos

cómo la acariciaban y tu cabello cano.

Y madre se dio cuenta, y al ver que tú estabas

esa raíz de dentro que estaba tan marchita

rebrotó, se hizo bálsamo, acallando su herida.

El reloj dio las doce. Y en esos nuevos días

la entrada iluminada, el muérdago en el banco,

su cuello tan bendito y su vestido blanco

retomaron su brillo cada vez que volvías.

Leviatán

Del caos a la luz

CAOS

El leviatán, Lotan, Amaru, Rahab,

Hidra, Kraken, Mákara, Naga

Cipactli, la serpiente de Midgard.

Grandes monstruos marinos.

Todos ellos están ahí

para recordarnos

que este lugar fue inhóspito,

al menos desde el recuerdo de los mitos.

Dicen que el Elohim del primer capítulo

mucho antes de crear el hombre

creo grandes monstruos marinos.

Y vio que era bueno.

También cuentan que no fue tan bueno.

Un salmo reza

quién aplastó sus siete cabezas,

sacrificó a sus hembras

y fue comida para la gente del desierto.

Para Enoc sobrevivió la hembra

esa cuya hermosa piel

será cabaña mesiánica en el fin de los días.

Quizá ese demonizado monstruo

fuera encerrado en el fondo abismo.

Quizá nunca salió del génesis.

Después del fruto prohibido fue maldito

comería polvo los días de su vida,

como vulgar reptil sin dones de palabra.

Muchos dioses tienen su propio leviatán vencido.

Más siempre reaparece en otro cuento,

en otros orígenes.

Como el coyote del correcaminos

que explosiona, se precipita, estalla

y es de inmortal papel, eterno perdedor.

El océano a veces es un cruel entorno

en las tempestades abismales

y también es agua generosa

de la que somos gota.

EL AGUA se calma entre las manos.

Puede que estos principios,

el material origen,

sea un universo ausente,

reflejo en un espejo rallado

ante el temor de lo desconocido.

Grandes crustáceos que atemorizaban

a nuestra incipiente especie.

Y si fuera así,

festejemos el anti-origen.

de alguna forma los dragones,

las siete cabezas,

la bestia de la apocalipsis,

tendrían un lado tierno,

tan imperfecto como el nuestro.

como el de todos.

Navegando en un terreno hostil

por pura supervivencia.

LUZ

La vida surgió inocente sobre la tierra.

La primera herejía es el pecado.

Un sabio teje una túnica de lana

para protegerse de las luminarias.

Hay muchos peces sedientos,

que vagan contracorriente,

aquí no hay culpa ni pecado

solo hambre de respuestas.

Se remanga para recoger el agua

y bañarlos en su fuente.

Miles de peces se aproximan.

Él conoce el secreto

para reconocer los leviatanes.

Tienen un impostado aliento

y nunca asumen responsabilidades.

Sus alas son rígidas, su boca maldice

 y sus ojos, solo reflejan a sí mismos.

El sabio lo sabe. Y sonríe.

Separa cuidadosamente a los pequeños peces

llevándolos al lago de su nombre.

Él se conforma con su diminuto oasis

y ve amables a las gentes del desierto.

No todo lo que entra por la boca te transforma

pero sí lo que sale puede envenenarte.

Pura palabra de un nazareno

que no nació el 25 de diciembre

y sin embargo desde hace siglos corona

nuestro más iluminado árbol

festejando el renacimiento de los días.

Frey, dios sol, sol invictus, yule, Inti Raymi.

Todo es luz

guirnalda, acebo, abeto, muérdago.

y ese es el gran origen

de nuestra cosmogonía universal.

Toda idea conecta. No somos perfectos

pero sí unos apasionados por la esencia

que amamanta la vida.

Feliz Navidad.

El sueño

Dentro de mí percutían unos versos abruptos. Sentía dolor e impotencia. Mi imaginación, sin embargo, me llevó por otros derroteros.

He visto una mujer alada, de sonrisa apacible y armoniosa. Una mujer de piel brillante, traslucida como un espectro, bendecida por el torrente de las aguas.

— Vengo a hablar por todas para todas — dijo.
Su voz apaciguaba mis oídos, era calma, tan cálida, como una estrella.
— No temas, no vengo a anunciar mares apocalípticos, ni hablar de dogmas ni ausencias. Habitaré vuestros sueños hasta que despierten las palabras de los árboles.
Mi dolor percute como un fuego extraño y la gravedad se oculta en el paisaje. Todo flota. La materia es elástica, como una goma espuma. La miro y todo se recompone.
— No dejes que el dolor te paralice. Escucha, no hay nada sincero en este viento maldito que acobarda las murallas de la tierra. Los tambores de guerra rezuman por dentro, están podridas las trompetas de la ira.
— El príncipe de la mentira ha usurpado el trono desde el comienzo de los tiempos — dije.
— Los hombres, han sido los hombres, aquellos que se regocijan del sacrificio de la sangre ajena. Recuerdas, esos templos con cimientos bañados por la sangre inocente. Ese olor maldito, con muchos nombres, bajo muchos cuentos. Son los hombres. La luz no precisa de sangre para regalarte sus ráfagas generosas.
— Pero tú no eres humana…
— La piel que tu vistes lleva un sello de olvido y debes desasirlo de tu ropa. Mira…
Su mano ligera me señala un árbol. Y se abre su copa como si fuera un abanico. En ella veo una hoguera, gritos, el dolor de inocente. Veo gente alrededor, mucha gente.
—¿Quién si no es un depravado puede presenciarlo?
— Respira — me dice —Y toma aire.
Me trago el fuego como si fuera un faquir. Y se pegan pedazos del tiempo. Las quemadas alcanzan la indulgencia del agua, renaciendo entre cenizas.
— Reconforta poder hacer eso, pero quién podría…
— No preguntes con los ojos clavados en la estaca de los vampiros de sueños. Eres mujer, rebelde, manzana y universo. Nuestro útero es un maravilloso ejemplo de esa vertebral formación. No dejemos que nuestros hijos pasen por el fuego de ningún dios humano, de ningún poderoso. Ya comimos el fruto de la ciencia. Ahora vamos por el árbol de la vida. El custodio es solo un holograma, porque el verdadero fruto lo tenemos dentro.

No se trata de ser inmortal, pensé. Se trata de ser rebelde a toda violencia. Y siguió el dolor percutiendo versos abruptos, pero fuertes en rebeldía.

Derrocando al miedo

Hay veces que nos desasimos

de nuestros ojos.

Hay muchos refranes falsos

mucha palabra sin voz

El miedo

es como el fuego que corroe

la mirada.

Caminamos entre piedras rocosas

intentando permanecer de pie

y doblegar ese paisaje arisco

sin hacer movimiento.

Descender no puede ser peor

que mentirse.

Todo puede volverse en un instante.

     Los sueños de las noches estrelladas

       y el calor del sol de verano.

     Se desciende y se regresa. Se desciende

       hacia dentro.

        Y ya nada es abrupto. Eres tú

          sobre tus propias manos.

Quién observa

Observo una fotografía

Un bello paisaje donde el otoño

se abre a naranjas, rojizos

y un verde tímido, luminoso

como puerta entre nieblas.

El camino es un mar de hojas

cuyas olas rebrotan con mis pasos

amarillea la luz y se hace pura

entre sombras de blanco.

Estoy sola. Tal vez no lo estoy

Asoma una tímida palabra

entre mis labios.

Y pregunto quién observa

para que yo observe.

Imagino un espejo tras los árboles

Las hojas en un mar cian

donde las olas son verdes.

Y yo, como un haz de luz

más bien celeste

al final del paisaje.

Puede que yo sea mil mujeres

Puede incluso que tenga mil colores

reflejados en el iris

según quién observa.

Y somos

Como en un laberinto

yo,

en extremo bucle,

me imanto entre las letras

indago en su alma

reitero sus sonidos

los prolongo

deslizándolos

suavemente entre mis labios

como un beso.

Y las no pronunciadas,

aquellas

que residen dentro

iluminan un rostro

siempre calmo

principiando una cascada

donde el agua mana

y la energía reposa.

La suerte se despega

del alea,

y sus letras centrales reverdecen.

Los caminos accidentales del azar

no la seducen

balanceándose sobre su nombre

despeinando los decimales absolutos

imaginando

creándose

una imagen prolongada

para llegar a unirse con mis ojos.

Cuando me veo y te veo

en ese instante

la razón, la sin razón, la realidad, la vida

visible e invisible

todo suma.

Y somos, porque soy y porque eres.

Aunque los caminos no se crucen

y las encrucijadas interiores nos separen

seremos.