Luz prohibida

Sin título

Hay una luz prohibida,

acelerada,

desafiante a las reglas

y al sonido,

invadiendo

la estancia.

Una luz anómala,

viajante improvisada

de tu piel.

Una ráfaga de viento,

una caricia

en estado puro,

y renaciente

en el mirador de mis palabras.

El amor siempre encuentra un puente

para conversarse en las miradas

 

Cuando el cielo calla,

la luna observa,

la luz de tu ventana.

 

Aun así

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Hay veces que el suelo se revela

movedizo.

No hay firme para pisar

y el techo

es demasiado inalcanzable.

 

El agua sobre el papel.

Tal vez pudiera insertar un algoritmo

y retroceder los acentos de mi nombre,

para deshilarme en la mirada

 

Hoy es un día, uno de esos días,

en los que hay

más interrogantes que comillas.

 

Aun así,

si fuera un libro impreso,

todas las versales

comenzarían en negrita,

demandando,

cual oleaje,

la marea de letras,

ajenas a la norma,

los signos indisciplinados,

y el resurgir del verbo, cuando baten

las olas, en el acantilado de tu risa.

 

Agujero negro

Alejate de mí,
yo no soy farol que ilumine
tus parábolas de Netflix,
y mis botas tienen más arañazos que tachuelas.
No te traigo espejos predispuestos
ni zombies ni vampiros.
ni siquiera, damiselas de cara blanquecina y en apuros.
Mi página de apuntes se quebró en una esquina
cuando perdió la lírica y los versos se hicieron carnavales

Aléjate de mi,
mi luz conoce el rojo de las constelaciones,
ha contaminado los colores,
conjugando los verbos,
en el tejido curvo y matemático,
más allá de la próxima centauri,
que forman los lunares en mi antebrazo,
tatuaje impreso al sol de la palabra.

Alejate de mi,
Yo no te traigo la ilusión, los focos
Los guiones de estrellas
mis manos solo dibujan,
un insolente big bang,
el nucleo desnudo,
esa parte que te cuenta
que todo lo que tu crees ver
Simplemente es
PASADO.

La danza

       Hoy puede estar permitido, si Beltaine es generosa, que gire las cintas del tiempo. Muchas veces lo he dicho, si alguna vez fuera afortunada con dicho giro, me gustaría encontrarme con el enigmático y poderoso rey de lo lírico, Víctor Hugo. Lo celeste no es el dialecto de lo terrestre, decía. La inmensidad es una familia de vagabundos, el espacio no tiene pasaporte, no hay descripción del cielo. La lengua celeste se habla en el deslumbramiento; hablar lengua celeste es lanzar llamas y cada letra es un incendio.

       El sistema de detección de ondas gravitacionales LIGO/Virgo registró, este abril, el inconfundible zumbido de las ondas en un armónico más alto, afinado, como un celeste instrumento musical. Una estrella, danzante, alrededor del agujero negro de nuestra galaxia. El lenguaje de las  naturaleza es luz, como anticipaba Víctor Hugo, pero principalmente música. Una impresionante sinfonía.

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Esa estrella danzante,

sigilosa,

en el lenguaje de la atracción.

Cada letra es un incendio,

un suspiro,

desbaratando,

una sinfonía de trompetas.

 

 

Maneras

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imagino,

maneras

para doblegar el espacio

y retenerte,

en los confines de mi boca.

Maneras,

para ser fantasía,

aparecerme,

imaginada

ante tus ojos.

Maneras,

para enardecerte

sigilosamente y al descuido

en medio de la noche,

erizando tu piel

sin advertirte.

Maneras,

para no despertarte,

para que seas

mi amante

navegando

los confines

de mi sueño.

 

 

 

 

Reseña: Olvidadas Íberas

             Su autora, Teresa Sánchez Ruiz, es una persona multifacética, profesora, deportista, escritora y acuarelista, cada día nos sorprende con una propuesta diferente y eso se nota. Olvidadas Íberas es algo más que una novela corta, es un caleidoscopio que nos deja ver un prisma con multitud de tonos, colores e impresiones; Impresiones que se recomponen en un auténtico largometraje, donde los planos se rellenan con imágenes de profunda carga visual.

           Teresa escribe imágenes, el lenguaje de este siglo y consigue un efecto esencial, convirtiendo un cortometraje en la “biblia” y pauta del guion mayor en el que el lector cae inmerso.

            Los asesinos son gente corriente, quizá el vecino del segundo piso, tal vez ese sabio profesor que tanto admiramos. No llevan un cartel que indique su grado de maldad, pueden ayudar a las ancianas a cruzar la calle sin pestañear y sobrecogernos con una mirada tierna. La protagonista tiene que enfrentarse con ese mal, ese que sobrevive disimulado en las escenas cotidianas, demasiado cercano a la investigación, demasiado cercano a la pasión.

           La novela nos trae imágenes de alto impacto, las madres que quieren saber de sus hijas asesinadas y el cordón policial que impide se acerquen al lugar de los hechos. También nos ofrece reflexiones sobre la mujer ancestralmente objetualizada y el hombre, tan despojado de su esencia, que entiende que solo puede redimirse como criminal. Las niñas, las inocentes, las mujeres, históricamente relegadas, forman un círculo, en el que confluye la exposición detallada de muchos aspectos del mundo íbero, con aquellas frases que, inconscientemente, nos enraízan con la cultura ancestral, en el camino entre la vida y la muerte. Es fácil deleitarse con las detalladas descripciones de los lugares, las indumentarias, caer preso en el deseo de descubrir ese secreto del lenguaje íbero. Y mientras el lector se sumerge en estas descripciones, la santa compaña avisa del peligro. El peligro que, con cámara subjetiva, se mimetiza entre los párrafos, dando un giro sorprendente a la historia narrada.

           El relato es también redentor. A la protagonista no la salva ni el “séptimo de caballería” ni un aguerrido caballero andante, se salva ella misma. Porque las íberas reclaman su lugar para no ser olvidadas.

 

 

No hay tiempo

 

 

Que no haya  despertar

sin que me encuentre,

tus besos en mi espalda

Y que sean tus versos,

que lo sean,

los que cubran de amor mi madrugada,

porque no hay tiempo

para no despertarse

sin sentirse.

 

La semiótica de tus labios,

descubriendo el signo,

ese inmenso oleaje

que imanta mi boca.

 

 

 

22 de abril/ Aire

Tú me dices amor,

yo pienso en aire,

ropa blanca, danzando, en la ventana,

ese baile que eleva nuestras almas,

expectantes de azul de madrugada.

 

 

Tú me dices amor

y pienso en viento,

desplegando cometas, primavera,

repasando colores, en los vuelos

dibujantes al sol, entre los cielos

que bendice la luz en la mirada.

 

Tú me dices amor,

Yo pienso en aire,

la caricia, tus manos, esta tarde

Aire…