De espaldas

 

 

Miro de espaldas

al poniente,

para ignorar tu laberinto,

He perdido mi estrella,

la que renace

cual escudo,

en la nebulosa de orión,

ese blindaje,

rotante

en la trinchera

de mi antebrazo,

No quiero soltarla,

que permanezca en mi bolsillo,

imperceptible.

Mi propia piel,

está distante,

explosionando

la gravedad terrestre

y el sonido,

es el aullido

de las noches de luna y desconcierto.

 

Lo que mi oído no escucha,

lo que mis ojos no ven,

en el no sentido.

 

Lo obvio es ver la salida,

Lo no obvio es comprenderla.

La densidad insostenible

de quien aguarda

la tregua.

 

PD. Estimado Walt,  estimado León Felipe, no siempre somos conscientes de que puede existir un mundo dentro de nuestros mundos y que quizá no nos guste ninguno.

 

Anuncios

Amigos imaginarios

Juzga por ti misma, dijo Adela, mientras agitaba un sobre en su mano. Lee y verás.

Mandato, y realmente imperativo, como los que acostumbraba a sugerirme Adela cuando estaba realmente enojada. Dentro del sobre, una pequeña cuartilla arrugada y de aspecto avejentado, que decía, con letra temblorosa:

               “Sé quién eres, y que has usurpado mi identidad. Pero voy a recuperarla y puedes estar segura que mi piel ya no será tu piel.

                 Avisada quedas. Adela”

              ¿Qué significa esto, Adela? Es una carta antigua ¿Cuándo la escribiste? La letra no parece la tuya, pero….

               Estás perdida, Laura, me dijo Adela de forma tajante. ¡Cómo voy a escribir semejante estupidez! Yo no fui quien escribió esta nota. Fuiste tú.

               ¿Yo?, contesté atragantándome el asombro- No digas tonterías. Qué estupidez.

                 Y a partir de ahí, comencé a pensar que Adela era solo mi propia imitación. Desde ese momento, y por una nota que no sé ni quién la escribió, perdimos nuestra amistad.

 

PD: Así es como Laura dejó de tener una amiga imaginaria. Se dio cuenta que necesitaba amigos diferentes a ella, no una muñeca que se le parecía y que le decía lo que quería oír en cada momento.

       La nota la escribió su abuela, muchos años antes, cuando intentó librarse de una amiga imaginaria a la que, curiosamente, también llamaba Adela.

       Porque crecer significa amar la diferencia.

Niebla

 Esa sensación que trae la calma,

los tambores,

desalando la mirada,

impresionando,

arrebatos de furia sobre el suelo,

la impasibilidad del aliento,

la palabra fija,

y adherida

a algún espacio que desconozco.

Me duele tu cielo,

bajo la fiebre intensa

de la noche.

Y no sabes cuánto

lamento

poder ver más allá de tus ojos.

Hay niebla,

bajo la temperatura de tus besos.

 

 

 

 

Reflexiones de media tarde: Las puertas

       Nunca hay tiempos fáciles. La vida no es un traje a medida. Tiene baches, acantilados, desconciertos y alegrías. Os propongo un juego, pensad que leéis el horóscopo en una revista de variedades y dice algo así como que tenéis un futuro de gran éxito, pero para llegar, debéis superar una prueba, hay varias puertas y solo tenéis una llave. Si adivináis cuál es la vuestra, entraréis en vuestro mundo maravilloso, si no lo adivináis, perderéis la llave para siempre. Aunque estoy convencida de que ninguno creéis a ciencia cierta en estas cosas, ojo, que algo de inquietud generan. ¿Cómo voy a adivinar la puerta? ¿Y si no lo hago? ¿Y si fracaso? Vaya sensación agridulce, pero de alguna manera, más habitual que menos en muchos aspectos de nuestra vida. Cuando nos enfrentamos al futuro, acabamos pensando en ese “Y sí…”, que lleva impresa una palabra: Miedo.

         Pero ¿Por qué tienes miedo? Muchas veces se te cae el mundo encima, a mi también. Piensas que otros consiguen cosas fácilmente y a ti te cuestan mucho, yo también. Dudas de tus capacidades para realizar algún proyecto, yo también. Se te cierra una puerta tras otra, y crees que nunca existirá la tuya, a mí también. No eres feliz todo el tiempo, yo tampoco. Sería una estupidez ser feliz a todas horas, ya que hay tragos amargos, que duelen y socavan. Esta es una sociedad descarnada, pero ¿Y si te deja de importar no encontrar la llave? No hay que ser agorero para saber que los escenarios cambian y las puertas también. Hace tiempo que he dejado de buscar mi puerta. Ahora simplemente disfruto del paisaje de esta primavera y no pretendo encontrar  un talismán o ese tan llamado el éxito, porque el verdadero talismán y el verdadero éxito somos nosotros mismos. Curiosamente no teniendo miedo, se aprende a arriesgar y a ganar.

       Si la vida es una carrera de fondo, no hay porqué darse por vencido en ninguna etapa.

 

Carta para otra vida

       Hace tiempo que encuentro notas tuyas, escritas en cualquier parte, en los azulejos, en la mesa, en los papeles que habitan siempre diseminados en mi cuarto de estudio. Lamento decirte que no los puedo leer bien. Ya sé que lo sabes, esa letra tuya tan complicada y que tanto, tanto echo de menos, y ahora, que me escribes desde otra dimensión, me resulta todavía más difícil entenderte. Comprendo palabras sueltas, sé que me quieres decir algo, pero no puedo dar con el correcto significado de la frase. Ahora que te escribo, reflejada en la pantalla del ordenador, gracias al maravilloso efecto del sol de mayo, reconozco que no tengo ni la menor idea de cómo podría hacerte llegar este mensaje. El olivo asoma sus ramas sobre mi cabeza, mientras me recuesto sobre el césped. Pienso en esa maravilla de las ramas, extendidas, como parte de un todo que es el árbol. ¿Pudieras quizá acercarte un poco? Quizá rozar la cortina de la pérgola o teclear el techo de mimbre. Es mucho pedir, lo comprendo. No es nada fácil comunicarse entre las vidas.

         Pero yo también sé, que estés donde estés, tú también estarás intentando leerme.

El grito

Suena una canción de rock,

atardece,

sexo implícito e implícito

de una pareja de motel.

Y nosotros,

ausentes,

adheridos,

a un aliento eventual,

anónimos,

en la alternancia

     aleatoria

del disparo silenciado,

 el orificio de entrada,

percutido,

sin casquillo ni muesca,

hacia dentro

desde dentro

sin salida.

El hombre se despide,

la amante siempre es complaciente,

por mucho que lloriquee tras el acto,

en un bar de carretera.

Y nosotros,

aterrados,

sin nombre,

sobre el folio en éxodo,

de espaldas,

al laberinto de la vida.

Hay mucho maquillaje

y un cierto aroma a perfume,

los actores conversan,

y nosotros

magullados

por tanta profecía,

por tanto profeta

distraídos..

Vuelve a sonar la misma canción de rock

y yo pregunto

¿Por qué no gritas fuerte,

para verte?

y para verme.

 

 

Bastante

Y llegó Compostela a nuestros ojos,

peregrina hacia el vino de tu boca,

los acantilados del norte

                                  y las ventanas

llamando a carnaval entre sus hojas.

 Fue camino Madrid,

                      y fue,

                                     refugio,

donde, detenidas nuestras rosas,

                            tomaron cuerpo,

                                     en imperio,

                                      plenilunio,

                                      dispendio,

de terrenales faustos,

                      huracanado intento,

                      y de manzanas rojas.

   Y ahora que ya vamos a la resta,

                                buscando cauces,

                       amando desencuentros,

                                 que tú eres sauce

   y yo junco

                            en este abril al viento,

ahora que te pregunto y no contestas,

 quizá no sabes, quizá no sé

                                              me retas,

                   hay mantra en los pasillos

                                   qué te apuestas,

                      que hay luz tras el visillo,

                                           y reinventas,

   un yo,

              tal cual ferviente

   infatigable amante

                                        a ti conversa,

                         Una escuadra de lirios

    y claveles,                        

la pretensión del tiempo,

                                          la respuesta,

  no exenta de vaivenes

                                           ni de cirios

                               en procesión abierta.

 Todavía hay bastantes,

 ¿No los oyes?

              Hay bastantes

                        tambores,

                                         percutiendo

Todavía hay bastante,

                           bastante amor,

                                             sintiendo.