¿Qué traerá este año?

¿Qué traerá este año, madre mía?

Esta noche a la tarde te vestiré de blanco

y adornaré con plata tu bendecido cuello

la entrada iluminada, con los soles de invierno

aromas y perfumes, el muérdago en el banco

y cuando el reloj llegue a marcar su nuevo tiempo

los meses de otro año te llenarán de dicha.

Hija, no desesperes, por mucho que prometas,

mañana será un día como otro cualquiera

La luz será la misma, los campos, las palabras

Y yo seré la misma, aquella que yo fuera

ya se quedó perdida. Allí donde yo vaya

ni el blanco ni la plata, no habrá nada que cambia…

Madre, mira mis ojos, no creen tu desgracia

ni piensan que la noche que en el deseo aguarda

sea como cualquiera, sino más renovada

aligerando sombras, con su mirada clara.

Ay ,hija, la esperanza no nace desde fuera

más bien crece muy dentro y dentro se cobija

por eso si ella existe no hay tempestad que turbe

ni vendaval de otoño que su espíritu arruine

pero si la raíz de dentro está así de marchita

por mucho que engalanes las partes de la casa

y por muchas riquezas que vengan a su puerta

nada dará sus frutos en esta voz desierta

seguirá la tristeza embriagando mi alma

Madre, mira mis ojos, no creen tu desgracia

Ahora son mis brazos los que, presto, te abrazan

Y no solo este día, también lo harán mañana

Yo llenaré con flores aquellas tus ventanas.

Ante tanta insistencia, la madre sonreía

y se llenó la tarde con las nuevas sonrisas

la plata de su cuello iluminó la estancia

el blanco del vestido con suave fragancia

adornaba tu ausencia con luces de bengala.

Y tú viniste allí, pude sentir tus manos

cómo la acariciaban y tu cabello cano.

Y madre se dio cuenta, y al ver que tú estabas

esa raíz de dentro que estaba tan marchita

rebrotó, se hizo bálsamo, acallando su herida.

El reloj dio las doce. Y en esos nuevos días

la entrada iluminada, el muérdago en el banco,

su cuello tan bendito y su vestido blanco

retomaron su brillo cada vez que volvías.

Leviatán

Del caos a la luz

CAOS

El leviatán, Lotan, Amaru, Rahab,

Hidra, Kraken, Mákara, Naga

Cipactli, la serpiente de Midgard.

Grandes monstruos marinos.

Todos ellos están ahí

para recordarnos

que este lugar fue inhóspito,

al menos desde el recuerdo de los mitos.

Dicen que el Elohim del primer capítulo

mucho antes de crear el hombre

creo grandes monstruos marinos.

Y vio que era bueno.

También cuentan que no fue tan bueno.

Un salmo reza

quién aplastó sus siete cabezas,

sacrificó a sus hembras

y fue comida para la gente del desierto.

Para Enoc sobrevivió la hembra

esa cuya hermosa piel

será cabaña mesiánica en el fin de los días.

Quizá ese demonizado monstruo

fuera encerrado en el fondo abismo.

Quizá nunca salió del génesis.

Después del fruto prohibido fue maldito

comería polvo los días de su vida,

como vulgar reptil sin dones de palabra.

Muchos dioses tienen su propio leviatán vencido.

Más siempre reaparece en otro cuento,

en otros orígenes.

Como el coyote del correcaminos

que explosiona, se precipita, estalla

y es de inmortal papel, eterno perdedor.

El océano a veces es un cruel entorno

en las tempestades abismales

y también es agua generosa

de la que somos gota.

EL AGUA se calma entre las manos.

Puede que estos principios,

el material origen,

sea un universo ausente,

reflejo en un espejo rallado

ante el temor de lo desconocido.

Grandes crustáceos que atemorizaban

a nuestra incipiente especie.

Y si fuera así,

festejemos el anti-origen.

de alguna forma los dragones,

las siete cabezas,

la bestia de la apocalipsis,

tendrían un lado tierno,

tan imperfecto como el nuestro.

como el de todos.

Navegando en un terreno hostil

por pura supervivencia.

LUZ

La vida surgió inocente sobre la tierra.

La primera herejía es el pecado.

Un sabio teje una túnica de lana

para protegerse de las luminarias.

Hay muchos peces sedientos,

que vagan contracorriente,

aquí no hay culpa ni pecado

solo hambre de respuestas.

Se remanga para recoger el agua

y bañarlos en su fuente.

Miles de peces se aproximan.

Él conoce el secreto

para reconocer los leviatanes.

Tienen un impostado aliento

y nunca asumen responsabilidades.

Sus alas son rígidas, su boca maldice

 y sus ojos, solo reflejan a sí mismos.

El sabio lo sabe. Y sonríe.

Separa cuidadosamente a los pequeños peces

llevándolos al lago de su nombre.

Él se conforma con su diminuto oasis

y ve amables a las gentes del desierto.

No todo lo que entra por la boca te transforma

pero sí lo que sale puede envenenarte.

Pura palabra de un nazareno

que no nació el 25 de diciembre

y sin embargo desde hace siglos corona

nuestro más iluminado árbol

festejando el renacimiento de los días.

Frey, dios sol, sol invictus, yule, Inti Raymi.

Todo es luz

guirnalda, acebo, abeto, muérdago.

y ese es el gran origen

de nuestra cosmogonía universal.

Toda idea conecta. No somos perfectos

pero sí unos apasionados por la esencia

que amamanta la vida.

Feliz Navidad.

El sueño

Dentro de mí percutían unos versos abruptos. Sentía dolor e impotencia. Mi imaginación, sin embargo, me llevó por otros derroteros.

He visto una mujer alada, de sonrisa apacible y armoniosa. Una mujer de piel brillante, traslucida como un espectro, bendecida por el torrente de las aguas.

— Vengo a hablar por todas para todas — dijo.
Su voz apaciguaba mis oídos, era calma, tan cálida, como una estrella.
— No temas, no vengo a anunciar mares apocalípticos, ni hablar de dogmas ni ausencias. Habitaré vuestros sueños hasta que despierten las palabras de los árboles.
Mi dolor percute como un fuego extraño y la gravedad se oculta en el paisaje. Todo flota. La materia es elástica, como una goma espuma. La miro y todo se recompone.
— No dejes que el dolor te paralice. Escucha, no hay nada sincero en este viento maldito que acobarda las murallas de la tierra. Los tambores de guerra rezuman por dentro, están podridas las trompetas de la ira.
— El príncipe de la mentira ha usurpado el trono desde el comienzo de los tiempos — dije.
— Los hombres, han sido los hombres, aquellos que se regocijan del sacrificio de la sangre ajena. Recuerdas, esos templos con cimientos bañados por la sangre inocente. Ese olor maldito, con muchos nombres, bajo muchos cuentos. Son los hombres. La luz no precisa de sangre para regalarte sus ráfagas generosas.
— Pero tú no eres humana…
— La piel que tu vistes lleva un sello de olvido y debes desasirlo de tu ropa. Mira…
Su mano ligera me señala un árbol. Y se abre su copa como si fuera un abanico. En ella veo una hoguera, gritos, el dolor de inocente. Veo gente alrededor, mucha gente.
—¿Quién si no es un depravado puede presenciarlo?
— Respira — me dice —Y toma aire.
Me trago el fuego como si fuera un faquir. Y se pegan pedazos del tiempo. Las quemadas alcanzan la indulgencia del agua, renaciendo entre cenizas.
— Reconforta poder hacer eso, pero quién podría…
— No preguntes con los ojos clavados en la estaca de los vampiros de sueños. Eres mujer, rebelde, manzana y universo. Nuestro útero es un maravilloso ejemplo de esa vertebral formación. No dejemos que nuestros hijos pasen por el fuego de ningún dios humano, de ningún poderoso. Ya comimos el fruto de la ciencia. Ahora vamos por el árbol de la vida. El custodio es solo un holograma, porque el verdadero fruto lo tenemos dentro.

No se trata de ser inmortal, pensé. Se trata de ser rebelde a toda violencia. Y siguió el dolor percutiendo versos abruptos, pero fuertes en rebeldía.