Una reflexión para el 8 de marzo. El alma india

Decía Eastman, desde su alma sioux, que el indio primigenio nunca dudó de la naturaleza inmortal del espíritu del hombre, pero tampoco se preocupó de especular su estado en una probable vida futura.  Defendía que la idea de un feliz territorio de caza era prestada del hombre blanco. El indio primitivo se contentaba con creer que el espíritu, que el Gran Misterio insufló en el hombre, retorna a aquello que lo dio.

  Es curioso como todas las culturas ancestrales sitúan en el aire, ese soplo, ese espíritu de la transcendencia. Somos nosotros los occidentales los que hemos de tener ordenada o clasificada, al menos en grado de probabilidad, nuestra vida futura. A otros le es suficiente el silencio, el tao, la unidad sin más, desnuda de todo orden.

  La esposa, decía, en esa alabanza a la primigenia raza, no tomaba el nombre de su marido, ni entraba en su clan, los hijos pertenecían al clan de la madre…Todos los males del patriarcado los sitúa en la colonización del hombre blanco, soldado y comerciante, que les hizo caer en la bebida e insufló la idea de un marido despreciable, que comenzó a comprar y vender la virtud de su esposa e hija y cuando ella cayó, la raza cayó con ella.

  Son duras palabras frente a nuestra cultura patriarcal, y tal vez afirmadas desde una visión idealizada de la vida anterior a la llegada del hombre blanco, pero no por duras no merecen nuestra consideración, la aceptación de la responsabilidad que nos corresponde y una mínima autocrítica. Hoy leía un artículo en el que se decía que un grupo de científicos de renombre tardaron seis años para que la sociedad científica les reconociera que muchos de los enterramientos prehistóricos revelaban que muchos túmulos venerados por su alto poder de cazadores correspondían a mujeres.

  La dureza de las palabras del Génesis o Beresit, cada vez que se leen a una niña, “tu deseo será el del varón y él te dominará”, vienen a aperturar una brecha instalada en nuestro subconsciente desde demasiados años. ¿Y si hubiéramos leído la maldición divina al revés? De alguna manera se habían abierto los ojos al mal, con lo que el mal sería el deseo de dominación. Sin embargo, y para nuestro lamento, lo cierto es que dicha maldición que se afirmaba divina justificó muchas cosas despreciables y que, por otra parte, no dejaban de estar presentes en la cultura de aquella época, la mujer cosificada, la mujer gusano, la mujer prostituta lapidada, la mujer de menor inteligencia. La soberbia de este modelo de varón es infinita, por algo en el génesis le echó prácticamente la culpa a su mismísimo Dios: “la mujer que tú me diste…”

  Pero la raíz, en realidad, no está en la división hombre/ mujer, un hombre no nace sino de una mujer y lleva sus genes, sino en la propia estructura de poder que revelaba dicho orden patriarcal, del que todavía alimentamos ciertos dogmas. Una estructura de poder negativa, tanto para la mujer, como para el hombre, siempre dador, proveedor, cazador, dominante y guerrero, que tanta lacra de división, sangre, muerte y ausencia nos ha traído durante tantos siglos. La mujer se encorsetó y también el hombre, y de alguna manera no hemos podido rehacernos. Esa estructura de poder sigue presente, laminando al más sensible, dando más poder al descarado, al que maneja las influencias en los pasillos, al arrogante, y menos al humilde. ¿Y cómo rescatarlo? ¿Cómo hacer que quien gobierne sea el mejor no el que más se deja ver y parece menos inofensivo para el líder? ¿Cómo hacer que el propósito común se sobreponga al ego?

  Creo que en esta reestructuración tienen mucho que decir las mujeres, quienes por la atribución de roles han visto la vida desde otra perspectiva, y muchos hombres, los más, que no encajan en la arrogancia de dicha normatividad.

  No soy profeta ni visionaria ni adivina, sino simplemente observo la notoria realidad que tenemos delante, y ello me lleva a comprender que esta estructura de poder está llegando a su final. Sujetó la sumisión del hombre y la mujer mediante el miedo y la violencia y, cuando la violencia no fue aceptada, por un sistema de valores materiales que ahora se cree capaz de retirar porque las cuentas ya no le son rentables. Lo que obvia es que esa retirada aboca a una grave crisis y que el propio instinto de supervivencia de los afectados/as llevará a confrontarla. La ambición rompe el saco o el recipiente. Y ahora, como recipientes rotos nos toca volver a reinventarnos, y quizá a dejar de esperar recibir, de esperar que nos digan lo que es correcto, para idear algo nuevo. No sé si mejor o peor, pero sin duda será algo nuevo. Espero, por el bien de todos, que sea mejor. De alguna forma tengo confianza. La humanidad siempre avanza.

 Por eso me gustaría que este 8 de marzo fuera nuestro día, el día de la mujer, pero también el de los hombres, con los que compartimos el deseo de cambio hacia un mundo mejor.

 Como diría nuestro amigo Sioux: mucho antes de oír hablar de Cristo aprendí de una mujer iletrada la esencia de la moralidad. Con ayuda de la amada naturaleza me enseñó cosas sencillas…percibí lo que es bondad. La civilización no me ha enseñado nada mejor.

  ¡Vamos a por ello!

Versos

Y quién te dice a ti que el alma vuela

buscando claridad, la luz del día,

para no hallar su paz y la alegría,

y se afana en perder mi primavera.

La memoria no es ya cosa certera,

lamento compartirte, vida mía,

y otrora que tu elijas otra vida

olvidarás a aquella que tuvieras.

Será leyenda, pues, lo que tu viste,

en regresión no servirá el consuelo,

por aquello que fue y tú no fuiste.

Por eso amado mío, tu resiste

atrapa realidad en este suelo,

y no dejes aquello que rompiste.

Dame, amor, un beso en este duelo

 apaga mi pasión por un instante,

y sean hoy tus brazos mis amantes,

recuerdo de sonrisas, lo primero.

Hagamos de lo nuestro, nuestro cielo,

no me seas tan terco y tan pedante,

yo no quiero promesas tan distantes,

ni esas transcendencias de alto vuelo.

Quiero abrazos pegados a los míos,

tus labios en mis labios y la risa

por compartir la tarta y el abrigo

no poderte decir que tengo prisa

porque tú serás ya mi desvarío

por encima del aire y de la brisa.

No desfallezcas

Si pudiera hablarte en la distancia,

como hablan las copas de los árboles

en el lenguaje de los sueños,

si pudiera ser roca y camuflarme

entre los dinteles de tu puerta,

y en ese solo gesto

pudiera traducir todas las palabras

al lenguaje de los rostros,

te diría una sola frase:

no desfallezcas.

Falta poco tiempo,

un último peldaño

para que nada pueda arrebatarte

el sol desde las nubes.

Ya sé que es mucha la espera

y quizá demasiado agónica

demasiado tormentosa.

Falta poco tiempo

para que la calma

nos traiga la sonrisa

en una nueva primavera.

Todo tendrá su lugar,

habrá sillas para todos

en el banquete de manzanas.

Nadie sobrará.

Y serán los rostros largos

coronados

en las montañas de la casa.

Acuario

Luna llena en acuario,

secuestrada

por la furia de un mar que, desatado,

no refleja ese sol que nos destina.

Vienen vientos contrarios

desarmando

los cambios en la ruta.

Hay tempestades

internas

y el miedo más oscuro

preterido

reclama su lugar y su viaje.

Deriva solitaria que demanda

respuestas a la luna.

Dónde hallaré preguntas

que contesten

por qué el cielo se calla y hay silencio.

La calma que precede

a cualquier giro.

El tránsito de Acuario,

incontinente,

desborda nuestras jarras

y no hay tiempo

de reponer vacío en los bidones.

Solo pienso

en retomar la ola que me lleve

a un asiento en la tierra.

Un agujero en la vela.

Se desploma

y suena melodía de naufragio.

Lejos

una pequeña embarcación enciende

sus luces de bengala.

Y cierro mis oídos y mis ojos

a toda melodía negativa.

Soy círculo, corona viajante

equilibrando las ánforas.

No la veo, no oigo.

Solo escucho

el despertar del canto de sirena.

Amaneció sin nubes otro día

tan pronto como supe

que se puede interrumpir el sueño

dejando de crear alegorías.

Estrella

 Tenía los ojos grandes, aunque a veces parecían como absortos, lejos, perdidos en el mundo de sus pensamientos. Su barba era discreta, algo canosa y sus manos, grandes y fuertes, pero dotadas de una amplia capacidad de movimientos. Eran unas manos expresivas, parecía que hablaban solas, contando aquellas historias que es posible resumirlas en palabras. Muchos creían que era como un gurú, pero de los grandes, de esas personas que no te dejan impasibles y te abren las puertas a un conocimiento diferente. No quería que le llamaran por su nombre, Gabriel, porque se sentía Estrella. Una estrella femenina y masculina que aspiraba a indefinirse en esos mundos en los que solo habitan los valientes. Le gustaban los caminos torcidos, el pan caliente y observar la luz a través de un cristal. Sabía que la energía puede solidificarse, hacerse pura materia, delimitada en sus bordes. Decía que un trozo de madera no es tan diferente a una sonrisa. Pensaba que todo parte de las mismas leyes de la naturaleza y nosotros somos un espejo reflectante de los objetos que nos acompañan. También opinaba que algunas personas, a consecuencia de su dureza, podrían causar que su esencia se solidificase, a modo de un alma acartonada, y cuando ocurría, durara lo que durara su vida, al final del camino se destruiría sin remedio.

 Recuerdo que solía verle sentado en un banco, leyendo multitud de papeles viejos, en el camino hacia la escuela. Uno de esos días, lo vi discutir con un hombre con sombrero, barba muy larga, vestido con un traje chaqueta negro. Me dio una extraña impresión su atuendo, tan oscuro, pero aun así me acerqué a ellos. Gabriel o Estrella estaba tan enfrascado en la discusión que ni siquiera se apercibió de mi presencia. Era una discusión apasionada y hasta cierto punto agria.

.

 —La energía solo se transforma, no se destruye. Eso lo sabe un niño de primaria —decía el hombre vestido de negro.

—Que sí, sí se puede destruir. ¿Tú no conociste a Emmy Noether? La simetría te da la pauta, te da la pauta. Claro, tú eres lo demasiado arrogante para no buscar los caminos torcidos, pero yo te lo digo bien claro. Los caminos torcidos son los que llevan a la verdad.

—Los caminos torcidos, los caminos torcidos…Si Albert Einstein levantara la cabeza…

—Te diría que admiraba a Emmy. ¿Qué pasa, no has oído hablar de ella? ¿De ninguna mujer científica? ¿No? Y no eres capaz de preguntarte por qué sería…

—Las mujeres somos igual de inteligentes —interrumpí la conversación.

—Las niñas no deben interrumpir una conversación de mayores —me recriminó Gabriel.

    Tuve ganas de decir algo más, pero preferí contenerme y sentarme en el banco para seguir escuchándolos. De otra manera no me dejarían estar ahí.

—¿Tú crees que soy un indocumentado? ¿A qué viene esa acusación de sexista? No manipules la conversación. No podremos solidificar esa energía —dijo el hombre de traje oscuro.

—Pues debemos hacerlo cuanto antes…

   Aquello era difícil de entender. Estaban discutiendo sobre la posibilidad de destruir unas energías devastadoras que, según ellos, nos acechaban desde los astros. Era todo tan irreal para mí. ¿Qué energías?, ¿qué devastación?, ¿en los astros?

   Estrella decía que hay algo más de lo que vemos. Centrarnos solo en lo que vemos es la verdadera trampa y un estúpido error. Según él había influencias extrañas, esas energías, que nos impiden ver más allá y había que destruirlas para lograr el entendimiento.

  Un árbol del conocimiento que crece enmarañado y tortuoso, como si fuera un laberinto en el que perderse no era una opción. Hay que conseguir llegar a la copa para recibir al sol.

Y parió el universo poesía

Y parió el universo contrayéndose

rompiéndose las venas,

el empujón del parto,

los dolores,

hasta que la creación tomó su forma

en las letras versadas y sinceras.

El universo admiró su criatura

y pronunció la frase, satisfecho:

He aquí la tierra de poetas

una más entre múltiples planetas,

pequeña e importante pasajera.

Aleteos de nubes que se forman,

la atmosfera, la estrofa, la primera,

y la ola del verso que indomable

trae agua al seco espíritu

y le habla

de la esencia del aire,

y la armonía que surge

y no perece

resiliente en el ritmo del poema.

Sin saber cómo ni de qué manera,

en esta evolución tan sorpresiva

nació mujer y hombre, poesía

de lo que somos hoy, a la deriva

buscando puerto de luz y buena tierra.

Cerridwen en su caldero de cerveza,

bajo la custodia de los duendes,

hizo de inspiración, sabiduría.

La promiscuidad de Baco,

y los olivos compartidos

con los cereales de Sudiri,

Dionisio, Kamui y la grandiosa Isis,

en el ombligo de todos los placeres.

Esos frutos que en el tiempo anidan

limitados, endebles y proscritos.

Sorberse a tragos,

descenderse, enarbolarse

para intentar el llenado

del recipiente roto de la vida.

Sorberse a tragos,

materia, más materia,

que vamos consumiendo a dentelladas.

Y vino el dogma,

que hizo del mito regla,

los códigos oscuros, las trompetas,

esos pilares de fuego y de misterio

prosélitos

de la justicia de los templos.

Y vinieron los tiempos de castigo,

maldito el hedonismo,

se hizo el verso vestido,

la vergüenza

de no ser más que un cuerpo

que desnudo

se exhibe impudoroso en las versales.

Y fueron convencidos narradores

de las virtualidades de la quema

de esos idólatras poemas,

que pretendían vagar,

de aliento a aliento,

sin la disciplina del juicio,

el cuerpo del delito

y la lujuria.

La narración fue épica, gloriosa,

tornando al verso

en ayuda idónea.

Los poetas que arrepentidos

buscaban transcender entre los soles,

hallaron el espíritu en el cielo

y la misericordia en el desierto.

El soplo de Sofía

insufló

una chispa en su métrica.

Y la gnosis

quiso abrir las llaves del poema,

como algo ajeno a la piel que nos recubre

como algo puro, tan lejos, tan brillante,

del espíritu femenino que destila

los olores en cada primavera.

Rellenos de ilusión

y el cuerpo alzado,

elevado hacia un tiempo prometido,

vino el dogma otra vez

a sepultarlos,

ni espíritu ni vino,

nada de eso,

también esta proscrito levitar

sobre los alambres de las nubes.

Seguir esclavos, la pauta

que asonante

nos empuja hacia dentro

arremetidos,

para gloria del poder

que les promete,

un éxodo constante,

todo exilio,

y unas monedas a cambio de silencio,

y una vacía jarra entre los brazos.

No hay más sol que el que nos quema las pestañas

cuando nos conocemos libres y poetas.

Love bombing (Bombardeo de amor)

Un narcisista puede envolverte. Es todo tan maravilloso, tantos halagos, tanto romanticismo, tanta entrega…pero piensa: es falsa.

No esperes que te alabe cuando digas

que me amas a primera vista,

desde el primer momento,

y que deseas una vida conmigo para siempre.

No esperes que te entienda cuando digas

que tu corazón late tan fuerte,

prendado de amor,

que podrías bajarme todas las estrellas

para dibujar mi nombre.

No esperes que te siga cuando digas

que el universo sin mí, no es nada

y que morirías si no te correspondo.

No quiero telarañas de poemas,

ni te quiero impreso en corazones,

ni siquiera los bombones que me gustan,

ni regalos de amor, ni mil promesas.

No creo en el amor que se proclama

en palabras tan engalanadas.

Conozco lo que dices,

hace tiempo que vago libre de egos narcisistas,

por muchas metáforas que envuelvan.

 Sé que buscas,

alguien en quien reflejarte

como el merecedor de todos los misterios

y algún día, me temo,

 no será luz lo que proyectes.

Tus palabras esconden una bomba

que acabará amargando mis mañanas

Llegará un día,

que esa bomba de amor explote

y yo quiero encontrarme lejos.

El amor se construye libre de egos.