Convergentes

Si pudiera,

revertir el viento,

y traerte,

galopando,

si pudiera,

alistarte,

en ocho puntos cardinales

a las coordenadas de la paz.

Si yo pudiera…

traerte,

no sería dificil

expresarte

que no hay tanta diferencia

entre la compostura de tu corcel,

y la sagacidad del unicornio,

la elegante figura de pegaso,

y los pies ligeros de Aquiles.

Si pudiéramos

apostarnos,

entre las manos tendidas,

manos abiertas,

en las trincheras de la vida

con la sola palabra de la Paz

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Vía lactea

La leche materna

fluyendo,

despiadamente apartada,

en la siempre constante tragedia mitológica.

Ella,

la columna dorsal del universo,

el camino,

que lleva a la tumba del oeste,

la luz que ilumina el árbol desde el sur

y acuna el nacimiento de la luna.

Los mensajes

que el tiempo nos deja sobre los hombros

no son tan grandes

como el espiral que protege nuestra vida.

Canción de tango

 

Como una incisión,

desangrando,

la tabla periódica,

en el orden de los elementos,

suena

una canción de tango.

Quién diría,

que tus tacones nunca rozan el suelo,

cuando el ritmo se apresura,

ensamblando,

la materia de los besos.

¿Por qué diablos existimos?

Colisionarse a sí mismo,

ser liviano,

para levitar en gravedad

y reconocerse

en anticuerpo,

el rayo cósmico,

que desbarata todos los asientos

y nos revuelve dentro.

Recobrar el manual de Majorana*,

los ángeles de custodia

adentrarme en sus mares,

atravesando el muro de su tacto,

revirtiendo la formulación de mi mirada,

estar en negativo,

no estar, o sí estar,

imprimirse en positivo,

enajenarse con el caos

y desligarme de la irrealidad de mis sentidos

Admitámoslo,

la partícula no se comporta diferente porque la miras,

es que tu percepción la enmarca

en una trayectoria presuntiva.

Los ojos son traicioneros,

tanto,

como la propia mente,

en el mercadillo de las bagatelas,

un aforismo,

una máxima,

unas presunciones.

Admitir que no hay nada seguro,

es preguntarse,

por qué diablos existimos.

*Ettore Majorana, físicoitaliano, desaparecido sin dejar rastro hace ochenta años, dedicó su vida aestudiar los neutrinos y sus antipartículas.¿Por qué diablos existimos? Es la gran pregunta. Quizá nunca podamos responderla. Todo lo que percibimos esta lleno de subjetividades, pero eso es realmente  vivir, desde un yo limitado, pero maravilosamente humano.

Solsticio


Quemar

la carta a Papá Noel,

la tarjeta de visita

el certificado de empadronamiento,

en el universo de los ilusos.

Hacer ceniza,

masticarla

dar la vuelta a la sonrisa

y quedarse,

boca abajo,

para permutar la gravedad.

El arcano del agua,

la escarcha,

la colación del glasto,

el abono,

en la tintura azul sobre mi cuello.

La runa en retaguardia,

el trébol,

con las hojas caídas,

asomadas,

al desfiladero del solsticio.

Alzo la voz,

alarido,

sueño en grito,

desbocando las riendas de los ojos.

Pies en guerra,

defensa,

aquí venimos,

para quedarnos presentes

y no habrá sombra que no perezca

ante el imperio de la luz.

No hacen falta mil guerras

ni conquistas,

para transmutar el acero

en una fuente de frutas y de nueces.

La lluvia sigilosa borra la pintura azul,

soleando el abono

de las marcas de mi nuca.

Vista al frente,

silbido,

no va más,

en la ruleta de la injusticia.

Es hora de recolectar el muérdago

vindicando,

la futura germinación,

manos renovadas,

luna nueva,

madera,

ropa blanca.

Ni el cielo ni la tierra,

la buena nueva errante

del solsticio,

concediendo permiso,

para la quema del leño,

bajo la suave caricia

de las alas del viento de diciembre.

Próximos

Los tacones,

sonido, percusión en los tableros.

avance y retroceso,

alegoría,

del vuelo de la falda,

y de los brazos

llamando a la mirada.

Las manos son metáfora,

manzana,

en fruto recogido

y compartido

la métrica que aguarda

la física del cuerpo,

el deseo,

 de partitura de tus besos.

Armadura de clave,

sostenido aliento,

me detengo,

te acercas remarcando los compases,

ligadura,

la frase musical de los abrazos,

demandando el comienzo de la danza.