No es tiempo del amor

Se marchitan las rosas en tu cuarto,

están siempre cerradas las persianas,

no te levantas porque no tienes ganas,

tus manos ya no esperan,

y una bombilla mortecina parpadea,

no hay luz en el salón.

 

Nada que retratar en la memoria,

retazos de una historia,

desvencijados ojos acallados,

en la mediocridad adoctrinados,

sobre lágrimas presas

de aquel logo que apenas se refleja

en  un pasado mejor.

 

Soplos de instantes, apenas acabados

tiempo en derrota, perdido retirado,

entre la soledad apelmazado

de ese dolor que recibiste a plazos

con pérdida del sol.

 

Se marchitan las rosas de tu cuarto,

no hay flores que comprendan sobresaltos.

No es tiempo del amor.

 

Fotografía. Banco de imágenes Pixabay

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón.

 

 

 

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¿Despiertos?

Intrusiva

mi mente

sobre tu ropa

La ínsula

de mi cerebro

retocando

los matices

de tu ausencia

renombrando

en 3D

tus amuletos

para traerte de nuevo

desde mi sueño

hacia mi sueño

Quizá

tal vez

sea cierto

que estamos despiertos.

 

Reflexiones al borde del pijama

  El paracetamol no está en la lista de sustancias prohibidas. Lógico, me diréis, si es un medicamento de común uso, cómo va a estar prohibido. Pues eso, no lo está, y, sí,  es de uso común y generalizado como analgésico, pero hoy he leido que existe una relación- no sé su grado de  comprobación científica- entre el consumo prolongado paracetamol y la falta de empatía, tanto o más como el  tener una situación de poder. No es que el paracetamol nos haga poderosos, no confundamos, es que ambas cosas, el estar demasiado tiempo en un cargo o tomar paracetamol, al parecer, disminuyen la empatía. Lo primero es comprensible. El ego siempre se va alimentando. Lo segundo verdaderamente sorprendente.

    Una noche cualquiera en Madrid, conocí un personaje extraño, en un momento, que ahora, me parece revelador. Yo. como siempre, empeñada en realizar largas caminatas, sin bajar ni un centímetro mis zapatos de tacón, precisé de urgente descanso en medio de una calle. Me apoyé sobre la pared para descansar un poco, mientras mi amiga, pacientemente,  esperaba mi recuperación. Y apareció el, un hombre de unos setenta años de edad, que se dirigió a nosotras, ofreciéndonos  “paracetamol “del bueno, sí, aspirina, paracetamol, quizás un ibuprofeno. Pues he ahí aquel hombre del que pensábamos era un chalado, ahora parece un adelantado a su tiempo.

      “Nene, si quieres ser malo, toma paracetamol”

      Bueno, como a mi me disgustan los malvados, solo me queda pensar que quizás dicho estudio científico no sea tan solvente. Y, de verás, no se que haré si un día me duele la cabeza…Ya miro con desconfianza la caja de paracetamol que hay en mi botiquín. En fin, no sé si pasará de esta noche sin ser arrojado-” sin empatía” a la basura.

Ventanas del mañana

 

No existe un plano monocorde,

en el que las rutas,

se extienden simétricas coronando

un castillo de naipes y princesas.

 

No existe,

una odisea sin trampa,

un destino sin pérdida,

un velero programado

en el horizonte de los designios.

 

No hallarás un pentagrama unísono

ausente a la derrota,

el canto de sirena

para el concierto de la vida.

 

Por eso,

bendice los errores de tus versos,

los quiebros de tus rutas,

la lejanía de Ítaca,

el telar de tu paciencia.

 

No lamentes la piedra que tropieza en tu nombre,

por miles de veces,

imponiéndote desacordes,

en el fango de la tristeza.

 

 

Las ventanas del mañana encontrarán el sol de este invierno.

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen: Pixabay. Cedida gratuitamente por Kellepics.

 

 

 

 

Incendiaria

El silencio huele a gasolina

Prendiendo tus vientos

El humo amarilllea las cortinas

Invidentes de  luz

No comprendes

Que no hay incendio externo

Que sofoque

Tus duelos

No hay batalla

Que sane tu impotencia

La verdadera lucha

Has de tenerla adentro

Fantástica

Ella vivía en el mundo de los sueños

para no lamerse el dolor

que deja el hielo derretido sobre los ojos.

 

Ella veía los sonidos

y aprendía su tacto.

Era la emperatriz de fantasía

sobre los colores de sus lunas

 

Devoto de su fé,

el bendecía sus mitos

blanqueando sus verbos.

 

Ella reía,

incesantemente,

dando fuego a la estancia.

 

La amaba,

la amaba tanto

que, cada madrugada

pintaba de púrpura  sus ventanas

para que despertase,

cada mañana,

en un nuevo paisaje de sentidos

 

 

Bailemos

En ocasiones, basta

con una bombilla en un cuarto para sentirte iluminada,

Si es así, por qué no cambiamos,

la desazón por un arco iris

impermeable a los desconciertos,

necesitamos poco para poder atravesarlo

barnizando nuestros matices.

 

En ocasiones,  basta

que estés allí, en el otro lado,

y podamos bailar imaginariamente.

Unas velas que traigan sueños,

un paisaje, la luz atravesando la ventana

y esa canción que tanto te gusta.

Es lo que importa.

Bailemos.

 

 

Poema. Universoespejo.com. Pilar Astray Chacón

imagen obtenida de Pexels-photo. Cedida por Tim Gouw