Un poema desnudo

Un poema desnudo, como un salmo

para hallar habitáculo en la roca

y no desoír a la montaña

que emerge en desafío entre tus manos

y la palabra calma de la tarde.

Es esa inmensidad de lo pequeño,

la callejuela en piedra, la escalera,

un verso que escondido entre tus ojos

hace del verbo tu nombre bendecido.

Hay luz, atardecer, que desafía

la lógica distópica del tiempo,

cuando la paz nutre la ventisca

y tu mirada es reina entre la espíritu.

No hay desasosiego,

el agua en calma

va comprendiendo el paso que ligero

envuelve todo, y lo trae de nuevo

un abrazo de amantes desde dentro,

para recorrerte en el recuerdo.

Paisaje

El agua desciende suave, reposada.

La fuente de tus ojos

me susurra tu nombre en mis oídos.

Hay viento del este.

En el jardín los lirios y amaranto

se transforman en cisnes.

La mirada se queda detenida,

se hace lago el paisaje.

Iridiscente la luz se refleja.

Cuánto color para pintar tu rostro…

Y cuánto anhelo de hacerlo

tan ajeno como mío.

¿Sabes de lo que hablo?

No hay nada sensorial. Nada emocional.

Y por eso lo hay todo.

La noche oscura del alma

Seas bienvenido a una serie de videopoemas místicos. Este lo escribí y edité hace algún tiempo. Con la simbología del cantar de los cantares intento adentrarme en el complicado equilibrio del entendimiento. De la columna izquierda a la derecha todos navegamos en idas y venidas, oleajes, para intentar vislumbrar una respuesta. Los dogmas pueden ser un camino estrecho, pero los símbolos son tan universales que nos conectan y abrazan.

Es un vídeo un poco largo, os lo comparto esperando sea del interés de alguno de vosotros/as

@universoespejo. Derechos reservados.

Paseo

Pasos,

dijo el poeta que al andar se hace el camino,

el camino como huella,

la permanencia del avance

y la aceptación del recorrido.

Yo, que soy poeta a medias

me gusta olvidar el camino,

no dejar migas de pan para un fácil retroceso.

No siento necesario guardar la ruta.

El regreso es avance hacia el origen.

En este transito que empieza

la luz se detiene, anochecida

revelando la importancia del paseo.

Pasear contigo sin saber a dónde,

las estrechas calles,

las amplias avenidas,

y las gotas de lluvia que caen delicadas

bajo el abrigo de los soportales.

La tierra que revela su verde en primavera

y el amarillo paisaje de agosto.

Pasear contigo sin importar a dónde,

deshaciendo pasos,

renombrando el camino,

porque tú eres la meta,

tú eres el recorrido,

el avance, el sentido,

el sonido de la luna

musicando al sol.

Un universo sobre tu mano

sobre mi mano

danzando

en un giro sincrónico

para revelar

la inexistencia del tiempo

cuando todo lo es

contigo.

Conexión

El viento es la palabra de tus ojos,

tus manos, sinrazón de mi cintura,

aliento, la pasión, la descordura

y los frutos los besos que recojo.

Y es que este amor anida en mi mirada,

la ocupa, la transgrede, la arrebata,

la torna verso, metáfora, poema,

una semilla que al polvo de la tierra

eleva al cielo abriendo una ventana

detenida en tus labios del mañana.

Viajo por tu cuerpo como errante

y me hago fundamento en tu sonrisa,

ese destello de luz que trae la brisa

y es letra entre tu nombre al completarme.

Y ya no temo decírtelo al oído,

tu cuerpo se hace templo,

yo tu espejo

y la semilla flor de primavera.

La luna se despeina entre las aguas

vistiéndose de mar. Y es tierra fértil

mientras el sol la habita

en el fuego prendido de tu rostro

Butzina Di Kardinuta

Y quién si no aquel que ha visto la oscuridad puede conocer la luz.

Has navegado por aguas tan oscuras

que tus ojos conservan ese brillo apagado

del tránsito del dolor.

Has reparado tus grietas, un punto de partida

para reescribir la memoria.

No debe pesarte, yo te digo

y me miras incrédulo, constante

rozando la vista con el suelo.

Sigues mis pasos con asombro

por la añeja calzada de regreso.

La vida es siempre una partitura abierta

y el futuro una sinfonía inacabada.

Cuánto duele lo que ya no es, dices

cuánto me duele…

Mientras, sigues rodeando de rosas

las piedras del jardín.

Lo ves, tu nuevo bien es mi bendición.

Ahora puedo oler esas flores…

Como un ánfora de piezas rotas

en las profundidades del océano

te bañas en el agua de tu nombre,

tu nombre renombrado,

y eres luz reconstruida

sobre la montaña de tu rostro.

Érase una vez

En un país muy lejano, vivía un rey orgulloso de su buen gobierno. Se jactaba de tener contentos a sus súbditos, los cuales cada día eran más sumisos y le glorificaban más. Siempre presumía de la tranquilidad y prosperidad de su reino.

Un día un pequeño y diminuto elfo se posó, cual mariposa, sobre la cama real. El rey notó cómo paseaba por su oreja y se despertó sobresaltado.

¿Qué haces sobre mi oreja, ser diminuto?, ¿acaso no sabes que te puedo eliminar con un ligero manotazo?

Para eso, su majestad, tendría que ser más rápido que mis alas.

El rey intentó lanzar un manotazo al pequeño elfo, pero solo consiguió abofetearse a sí mismo. Mientras el elfo se reía, el monarca estaba cada vez más furioso e intentaba alcanzar al pequeño ser sin ningún éxito.

Deje de abofetearse a sí mismo, majestad. Eso no está bien.

No bromees, bicho sarnoso. Acabaré alcanzándote.

Ni lo intente. Acabará magullado, majestad. Me iré si me demuestra ser un hombre sabio. Dicen por ahí que posee el don del buen gobierno, que su reino es próspero y tranquilo. ¿Cómo lo consigue?

Es algo sencillo, asómbrate, ser minúsculo. Yo simplemente les doy lo que quieren a cambio de que no piensen.

¿No piensen? ¿Cómo lo hace?

Antes de llegar al trono mis súbditos eran muy pobres y pendencieros. Vivían en pequeñas chozas y aunque trabajaban en el campo, cada vez lo hacían menos, dedicando horas y horas de su vida a beber vino en la taberna. Yo les ofrecí una larga jornada de trabajo a cambio de no tener que ocuparse de las inclemencias de la tierra y percibir un salario que, desde su pobreza, les sonaba a mieles de abundancia. Y así comenzaron a estar muy ocupados. Pudieron comprar cada vez más cosas y llenar su casas de comida, artilugios, buena ropa. Ahora sus mentes están solo en trabajar y comprar cosas. No piensan más allá, no tienen tiempo para hacerlo, ni para plantearse si están de verdad contentos o si mi gobierno es el mejor.

Sin duda fue una buena idea dijo el elfo.

¿Buena idea? Mi sabiduría es grande, debes reconocerlo.

¿Está seguro? Yo le demostraré que no es tan sabio.

!Vete de aquí! No te soporto, maldito ser.

  El elfo salió volando por la ventana, no sin antes advertir al monarca que volvería. Se dirigió al pueblo y comenzó a alborotar a los súbditos. Cuando dormían se acercaba a sus oídos y como si fuera una voz interna les contaba que tenían derechos, que podían exigir más, que su rey era un tirano que solo ambicionaba beneficiarse a costa de sus esfuerzos.

El gobierno del pueblo se tornó difícil. Y para mayor desorden, llegó nueva maquinaría, nueva tecnología y el rey tenía menos ocupaciones que ofrecer a sus súbditos. Como no había tantos beneficios, tuvo que disminuir los salarios y el descontento siguió creciendo.

El rey estaba desesperado. Preguntaba a sus consejeros cómo podía solucionarlo. Pero ninguno parecía ser tan sabio.

Y así llegó el día que, de nuevo, el pequeño elfo se posó sobre la cama del rey.

No eras tan sabio. ¿Lo ves?

Fuiste tú, desgraciado. Fuiste tú…

El rey se dirigió iracundo contra el elfo. Estuvo a punto de alcanzarlo.

Volveré el día en que le destituyan, majestad, para reírme en su oído. A no ser que…

¿A no ser qué? preguntó el rey.

Que me pague con un baúl de oro mi consejo. Tengo una gran idea que le servirá para contener a su población y seguir como antes.

El rey no tenía ninguna gana de darle la razón al elfo, pero al final accedió, ya que se encontraba desesperado.

¿Qué consejo le dio el elfo? Simplemente le dijo: «permíteles imaginar una vida diferente. Que vivan de la ilusión, pero no de una ilusión real. Que no les importe tanto alcanzar el progreso real porque ya, en su imaginación, se vean como exitosos. Si se vive en la ilusión tampoco se piensa. La mente siempre busca el camino más directo, el más fácil. Que jueguen hasta creerse el propio monarca».

Y así el rey creo un mundo virtual para el ocio de sus súbditos. Cada vez tenían menos qué hacer y menos ventajas materiales, pero podían pasarse horas y horas imaginándose ser el propio rey.

¿Hasta cuándo durará dicho gobierno? preguntó el rey al elfo, quien se había convertido en su consejero más próximo.

Hasta que sean capaces de pensar por sí mismos.

  

Coróname

Coróname, me dices

como si fuese un hada de cuento

portase una varita mágica

que te tornase en princesa.

Coróname, tú ansías,

para tener un reino de juguetes

y trocito de mar.

Primero, niña mía, has de ser mujer

hija entre tus soles

aprender a naufragar entre oscuridades

y saber que la corona terrenal

no tiene ningún valor

si no la fabrican las estrellas.

Pocas cosas hay aquí que no sean prescindibles

salvo tu esencia propia.

Y esa es la gran corona

la invisible

que se posa sobre tu pelo

cuando abandonas el peso de la tierra

para volver a ella renaciente.

Cuando ello ocurra

niña de tus soles

tu pequeño rostro será el más bello

y tus ojos las rosas más bonitas.

El árbol de tu corazón

será frondoso, y las mariposas

reposarán sobre la fuente

mientras el agua discurre suavemente.

Y entonces no me pedirás que te corone

porque tú sola lo habrás hecho.

La varita mágica la tienes tú.

.