Razones

 

 

dream-4827288_1920Existe una aurora de razones

para atrapar tus manos,

para que las mías,

acaricien tu espalda

hasta dormirte.

Podría navegar toda una noche

en rumbo norte,

besarte en marejada

hasta que el infinito osase despertarme.

Podría caminar a pies juntillas,

entre las rendijas de tus sueños

y apalabrarte mariposas

para verte,

cada día,

de nuevo,

cuando el alba

convoca a los amantes.

Existe una aurora de razones

para atrapar tus manos

y para que las mías

acaricien tu espalda

hasta dormirte.

Lado oscuro

En ocasiones todo parece salir mal. Nos sentimos emocionalmente heridos y descendemos, con nuestros demonios, a los parajes más oscuros de nuestros miedos. Podría haber hecho, debería haber hecho, no lo debí permitir, tendría que... Este poema habla de ese momento en el que ya estamos cansados de ese martirio. Decidimos abandonar la tiranía de nuestra propia mente y ya no nos importan sus machacones mensajes de culpa o de rabia Y, curiosamente, en este momento, comenzamos a sentirnos mejor.  Hay veces que la oscuridad es la que nos permite ver la luz.

hands-1926414_1920

 

Reinvento ese grito,

que me abrasa,

pues no hay brebaje que calme la comezón de mi piel,

ese purito intenso que da bienvenida a la noche,

para encender las luces de la lámpara.

 

Siento

que en esta historia me he perdido algo

y no soy  capaz de seguir el hilo,

la trama se revuelve insomne

entre mis propios ruidos.

 

Demasiado drama para una comedia,

quizás tenga detrás un muerto viviente,

para revelarme mis debilidades.

Un thriller psicológico  me empuja

a enlatar las emociones.

 

Y es curioso, en realidad, me siento bien

ya no me importa que la lava caliente mis pies,

o que no exista conjuro que me rescate

de esta vuelta sin billete de ida

a mi particular infierno.

 

Hoy me quedo en este lado oscuro,

resiliente a la sombra de mis ojos,

para el regocijo de la luz.

 

Mensajes de texto.

  1. La costumbre es el arma secreta de la desesperación. Desacostúmbrate. Rebélate. Ten esperanza.
  2. Cuando estés turbad@ piensa que la realidad es siempre convertible y reversible. Cambia el prisma. Revierte el espejo.
  3. Amate a ti mismo como amarías a tu mejor tesoro.
  4. Cada ser en el mundo tiene un lugar, un abrazo  que siempre le espera. Ama, que tu abrazo te aguarda.
  5. No te lamentes por el pasado, el futuro no pide cuentas.
  6. Eres energía y si la enfocas puedes transformar tu vida.
  7. Cuando llores no sufras,  una lágrima me llegará y con ella te mandaré mi mejor beso.
  8.  Siempre hay una excusa para llegar a Avalon y la Isla de Cristal está  en cada sitio donde haya un propósito de fuerza.
  9. Cuando alguien te diga que no puedes, recuerda, todo es posible siempre que se intente. Lo que no se intenta es lo imposible.
  10. Si el tiempo es relativo, más relativa es la estupidez. Óbviala.

 

 

Hasta que caiga el telón

end-2294929_1920

Tú me escribes amor, y yo te escribo

para la complacencia de las rosas,

los sonidos de ensueño

y las palabras suaves

susurrantes

como caramelos de colores.

 

Cambia el cuadro, se muta el decorado.

No hay traspunte para las emociones

que hacen quiebros, sonidos

y la música

enreda los silencios de antescena.

 

La pasión  que se esconde en bambalinas

ahora asoma al proscenio reclamando

los tambores, el beso, torbellino

las miradas, el viento, remolino

revolviendo las ropas y las hojas

hasta poner el mundo boca arriba

y el fuego entre las letras poderosas.

 

La pasión atraganta, sobrecoge,

enardece y desboca en correntía

hace herida, escuece y también calma,

y es suave, y abrupta, y mediodía.

Imprevisible y franca

como la propia vida.

 

Por eso dame rituales, dame juego,

caballeros, espadas, damiselas,

huracanes, conciertos, mariposas,

cataratas, misterios y escaleras,

ese ritmo trepidante de la acción

hasta que caiga el telón

y finalice la escena.

 

Compás del viento

 

flower-3729460_1920Déjame agarrar tu mano,

unirme a tus pensamientos,

abarrotando tus besos,

desbaratando tu aliento,

Inigualable cual verso

que se apaga y que se enciende

que se enerva, que comprende

y deja sin argumento

A todo lo que yo siento

 

 

Y es que es rojo este silencio

y son dulces los cimientos

de los besos que aquel día

me dejaron escondida

una flor en la cortina

y el aroma de tu aliento.

 

Voy imaginando el cielo

en cada compás del viento

para regalarte un trozo

por cada vez que te tengo

entretejido a mis ojos,

calando mi pensamiento

que retoma, que resurge

en la barrera del tiempo

 

Y quién quiere serlo todo,

cuando puede ser beso,

que se quede muy pegado

como la piel al deseo

a todo lo que yo quiero

en cada compás del viento

 

 

 

 

 

 

 

Espejos

 

castle-1998435_1920

Es hora de volver.

Encontrarás la estancia,

menos desordenada y más abierta.

Hay muchos más espejos de obsidiana

y la luna recoge su palabra

bajo la cristalera de madera.

 

No serás indemne si tu espada

no refleja la luz.

Pero si tu metal es tan traslucido

que conoces las artes del amor,

entonces,

mi amado caballero,

si la diosa lo permite,

danzaremos hasta el amanecer,

reflejando cada palmo de la noche

en el banquete de las máscaras.

 

 

 

La chica del oeste

woman-5205806_1920

Quién pudiera,

sumergirse en los sueños infantiles

y creersee un vaquero,

siendo niña,

una vaquera más fuerte que los ojos

que pueden poseer todas las lunas

y surcar las llanuras infinitas,

de naipes boca arriba,

sin sorpresas,

ni trampa ni cartón.

 

Aderezarse entre las líneas,

abruptas e inconexas,

de una imaginada escena

y cabalgar sin límite sobre un caballo blanco,

posesa de esa locura quijotesca

de buscar dulcineas en salones,

que huelen a whisky barato,

la afrenta del repoquer,

y ese desierto empujando al alma hacia el poniente.

 

La regresión impone un final

no siempre redentor.

 

Los cactus no saben de palabras,

siempre tienen una flecha escrita

sobre las espinas de las impaciencias.

 

En el mundo de los buenos versus malos,

la rebeldía es solo un acto complaciente,

la carne de cañón tiene fecha de caducidad

y el ferrocarril traerá una nueva empresa,

la superioridad del norte que se impone

sobre la infantil dicotomía de los sueños.

 

Los vaqueros en extinción extrema,

en un mundo trepidante del comercio,

un préstamo de vidas,

el primer automóvil

aquellos nuevos sombreros,

y los vestidos imperiales

destronando a las botas y al can-can.

 

Los indios en reserva,

la danza de la lluvia,

generando círculos,

expandiendo caza-sueños en imposibles árboles

en la extensa montaña de sus ojos.

 

Mientras la caballería tome alas

sobre los fuertes en cinemascope,

seguirá rondando

ese silbido

a cien pesetas y un bote de coca-cola (1),

anunciando el climax del relato.

THE END.

 

 

)Kurt Savoy fue a un concurso de radio para ganar cien pesetas y un bote de Cola Cao con una canción de Elvis, y en lugar de ello, decidió lanzar un silbido que acabaría personalizando las bandas sonoras de los”western”

 

 

Viatori nocturnalia

 

 

planet-4872299_1920

No me cuentes hoy, que este solsticio

que traerá san Juan en las hogueras,

quemará los males de mi ropa

y traerá caricias como brisas,

sobre las cicatrices de mi piel.

 

No me digas, que hay un vuelo

de chamánica profecía,

para abotargar mi hechicería,

con una imaginaria procesión,

de cuervos entre olivos.

 

Hay veces, que yo me siento entre los muertos

y los hago comensales de mi mesa.

De alguna manera su silencio,

es más prometedor que una mentira.

 

No hay solsticio purificador,

si uno no se arremanga y se dispone

a pescar los peces con sus propias manos.

 

Es hora de barrer, puertas adentro.

Hace ya demasiado tiempo que tus manos

desconocen las fronteras de mi cuerpo,

y yo ya vago errante y prisionera

de la deconstrucción de mis cimientos.

 

Saltemos, pues, las llamas en un trueque,

la fealdad del tiempo por la risa.

Cuando el horror se hace bello,

una sonrisa no es más que el pacto siniestro

de la ausencia de misericordia.

 

No aplaudas. Esto no es un teatro

ni hay ninguna función.

La rueda de la vida gira para nuestro descrédito,

en las revoluciones primitivas.

 

Mi ser humano,

hoy se tuerce

porque no hay raíces en los troncos

que inundan de dolor los cementerios.

 

Eso sí, bebamos hasta el amanecer,

hasta que desconozcamos nuestro nombre

y pueda amarte de nuevo sin quererte.

 

 

Cuatro huesos

door-349807_1920

Vomitó, y lo hizo con ganas, como provocándose, hasta que notó que la bilis quedaba atragantada en su garganta. Luego lloró, desconsoladamente, como diría su padre, como una niña a la que se le quita la muñequita. Menudo era su padre, con esa voz grave y ese tono alto, autoritario, como pretendiendo comerse el mundo, y ahora, ya no quedaba nada de aquel hombre, si podía llamársele de esa manera. Lo miraba y no le parecía su padre, era un pellejo, cuatro huesos depositados sobre una cama. Lo había odiado tanto, pero ahora sentía que no le quedaba odio, ni siquiera le quedaban lágrimas. Las había agotado en el camino de ida al hospital. Sintió vacío. Mucho vacío. Un hueco en el estómago, como si un ácido le corroyese por dentro.

   Se acercó una enfermera. Una mujer de unos cuarenta años, alta, delgada, de pelo castaño y ojos grandes, de un color opaco, como tristes.

   —No murió de Covid, no fue coronavirus. Le hemos hecho la prueba. Fue un desgraciado accidente. Resbaló en la residencia y cayó, con tal mala suerte que se rompió la base del cráneo.

    No sabía por qué iba a consolarle más que fuera un accidente. Había muerto su padre y, lo que era más desgarrador, sin llegar a quererle nunca.

   La enfermera siguió hablando hasta que entendió que él no estaba, allí, en la conversación.

   —Lo siento mucho, comprendo lo que está pasando. Ahora lo llevarán al depósito hasta que lleguen los de la funeraria. Lo siento.

    —Gracias. Hablaré con la funeraria entonces.

    Entraron dos hombres que, con gran delicadeza, emprendieron el traslado del cadáver a la morgue. La cama quedó vacía. La observó un instante. El mal es como un agujero, la nada, la ausencia.

    Una amarga sensación de regresión hacia su pasado inundó su mente. Se veía, con su pequeño cuerpo, lleno de golpes, por el pasillo, sin encontrar refugio donde acurrucarse y esperar que todo pasase. “A este niño lo enderezo yo —decía su padre, con ojos de poseso y mano abierta. “Déjale ya” —, gritaba su madre. Y él enfurecía todavía más, la apartaba, discutían, siempre gritaba, siempre rompía algo, siempre la rabia atada a su ser y su pensamiento, la rabia que descargaba sobre él y sobre su madre. Esa rabia, la que le dejó tan pegada, durante años, a una sensación intensa de impotencia, ahora eran cuatro huesos. Era la nada. La mirada hueca. La ausencia de alma.

   Salió del hospital con la cara tan desencajada que asombró a su buena amiga Laura, quien le esperaba en la puerta.

   —Te dije que no debías de ir. Que se encargase la funeraria. Te hace daño incluso aunque esté muerto.

  —Tenía que asumir este trance, Laura. Si no lo hubiera hecho yo, hubiera venido mi madre y eso tenía que evitarlo. Ya bastante pasó.

   Laura apretó su mano—. ¿Qué has sentido, Jorge?

   —Nada. Justamente eso, nada. No había nada en aquella habitación. Era eso, él no tenía alma.