El último poema

Muchas veces poemamos un instante

como si fuera el último

y lo más cotidiano,

como las hojas cayendo,

las hojas arrastradas por la lluvia,

se revelan proféticas,

demandadas,

como dogma de verdades,

y a veces, por verdades,

también inconsistentes.

 

Y miramos el papel en blanco,

el papel acabado,

el papel rellenado,

muchas veces, también, atropellado,

eventos publicados,

entradas entre redes,

la celda brillante

de la colmena posmoderna.

 

Y mientras observo este ir y venir de pensamientos,

mi mente se sumerge,

en su obsolescencia programada,

y si todos naciéramos con un número determinado de poemas

tatuados en la espalda,

y si esa fuente inagotable de estrofas

sucumbiera,

a la caducidad de los designios,

y si tal vez no yo fuera siquiera, poeta,

una mujer que debate con el tiempo

el canto de sirena,

buscando agarraderas a la vida.

 

 

Si algún día tuviera en mi mente ese último poema,

lo dejaría en blanco,

tan solo escribiría

tus besos.

 

 

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Dilema

La cascada

sobre las rocas de mis dilemas

rebate todos mis argumentos,

humedeciendo los versos

retocando

los sonidos de nuestros ojos.

Volverán las brumas, sin duda,

Pero ella

Imperiosa

Volverá a mojar la hierba cada primavera.

Pudiera contarte

Pudiera contarte,

que la noche gime en rojo

por mucho alcohol que se restriegue por sus calles,

los míseros alientos en un portal oscuro

sobre el desconchón de la pared,

la humedad carcomiendo los ojos

y… la esperanza.

Pudiera contarte.

que hay ideas que quiebran en dos a los hombres,

que en las aceras del hambre no hay consuelo,

y la ayuda de paquetes de leche en polvo es dinamita

sobre los diamantes del desierto.

Pudiera contarte,

que tu vida de escaparates y youtube,

es una ilusión nada certera,

de la incertidumbre que espera,

a un planeta perdido de la luz

poseído y poseso entre las sombras.

Pudiera contarte,

miles de cosas que sabes y no escuchas,

otras que escuchas como pesadillas,

alejadas, ajenas y de otros.

Pudiera contarte,

pero no lo hago,

prefiero contarte

la claridad del alma,

la luz sobre el portal,

la paz sobre el desierto,

planeta en órbita,

todas las fórmulas

que truecan las cajas de los truenos,

para la reversión de los destinos.

 

Esa llamada infinita a la palabra

para revertirla tu mirada

manos de tiza sobre el panel del mundo

virando rumbo

hacia el oceáno de los días.

Pequeño

Sentirse pequeño,

sufriendo en las aceras de la impotencia,

cultivando las flores del miedo,

sin poder cambiar

el camino.

Sentirse pequeño.

temiendo serlo,

pensando

que el pie es demasiado grande para no aplastarte

 

¿y sí todos gritásemos?

voz al viento,

para que nos devuelvas el eco,

El pie es simplemente un sueño de madera

No hay nada más pequeño,

que creérselo.

Si fuera Navidad

 

Un muro de hielo,

en un abrir de ojos

se derrite

entre los trapecios de mi inconsciencia.

 

Un castillo de infierno,

en un abrir de ojos,

se desmorona

sobre la raíz del pentagrama,

tambaleando las cartas,

sobre el tapete de las emociones.

 

Si hoy fuera Navidad,

no se comprendería,

que los faustos de turrón de chocolate

fueran primicia sobre los panes

que habrían de compartirse en el invierno

 

Si fuera Navidad.

no se comprendería,

la metralla oxidando los oídos

de la infancia indefensa

 

Si hoy fuera navidad

Si tal vez fuera…

 

En un abrir de ojos

Se va la magia,

desbocada en sol

entre los clavos de la alambrada.

 

 

 

Reflexiones al borde del pijama

                     Hoy mi reflexión va para los “Virtual Worlds”.  He tenido una conversación sobre ellos que me ha dejado un poco pensativa, porque de lo que está sucediendo a quedarnos sentados con unas gafas multidimensionales, viviendo una vida por encargo, no hay tanta distancia, que no hay.

                 Los mundos virtuales son algo como que tú puedes ser un individuo pusilánime y temeroso, y ale, en el “Counter strike world” eres un descarnado asesino. Efectivamente puedes ser granjero sin granja, amante, adorable esposa, ladrón de bancos, pirata, estratega, reina,  algún personaje histórico. Solo hace falta elegir el juego que más te interesa. El plan está servido, o así lo parece. Te conectas on line y formas una nueva constelación de redes virtuales para inocularte la memoria colectiva.

                    Si eso ya, a algunas o algunos nos da que pensar, por eso de que “pisar firme” en la tierra tiene sus ventajas, pues no es todo, amigos y amigas, no. Tras ello hay también un mercado, en el que puedo pagar por tener- que no tengo- armas virtuales carísimas (no se me ocurre para qué) o joyas para regalar o quizás la decoración de mi mansión virtual. Existen pujas, tráfico de objetos, apuestas, dinero de verdad, negocio, mercado, expeculación, alrededor de todos estos mundos. Algunos hacen dinero con esto.

                   ¿Y qué hay de malo? ¿Si es virtual no hace daño? No sé, ante esto de verdad, yo no daría una respuesta tan clara.  Pensando que miles de menores se asoman cada día a estas redes virtuales, permitidme que ponga en duda qué endiablado mundo estamos creando.

Rescatar las lágrimas

           No temo la crueldad de la batalla, ni el fracaso, lo que temo es recrearme en esa sensación de pérdida,  porque cada minuto que nos autocompadecemos y seguimos en la queja,  perdemos un segundo de subida.

 

Confieso, a veces, he perdido batallas.

He perdido silencios,

rutas, tiempos.

Pero también confieso que no lamento el fracaso,

lo que lamento,

es no haber sido capaz de rescatar las lágrimas

para formar un acordeón con sus sentidos.