Muro

Darse contra el muro,

renegarse,

abandonarse y persistir de nuevo,

rebrotar en golpe, aciago, impuro, seco

sobre los cristales de la supervivencia.

Invisible la luz ya no proyecta

salida sobre la sombra y son tus ojos

de ansia, de fatiga, torpes, huecos,

delirantes buscadores de estrellas en la sombra.

Quiero gritarte desde el otro lado,

alzar una mano sobre las murallas

escalada y fragmento mariposa.

Más no me oyes

El sonido quedo perdido en la caja de tus truenos

 

La única forma de cruzar el muro

es conocer que no existe.

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Aislamiento

Barrer hasta la puerta de la casa,

poner la escoba vieja boca abajo,

una ristra de ajos,

para ahuyentar el verso y la palabra.

 

Instalar un candado al sentimiento,

clausurar la mirilla, taladrar los ojos,

dejando que las hojas agolpen el invierno,

abarrotando escaleras,

en clave de abandono y desconcierto.

 

Barrer hasta la puerta de la casa,

cerrando la mirada, aplastando la cera

sobre los mapas, las luces y las velas,

no querer verte aunque te encuentres fuera.

 

No despertar porque no estás dormido

no despertar porque ya estás huido

sin fecha de caducidad, sin linimento

que barra el hematoma del silencio.

 

Ni pata de conejo, ni pócima en la taza

abandonar el dorsal de la carerra

no hay mayor pérdida que abandonar la espera.

 

Hoy no publico poesía :No hay mujeres

En las antologías de Poesía

no hay mujeres.

Miento, sí,  salvo alguna

y es siempre añorante y evocada,

retenida entre paños salvavidas

en un valor de hombres.

En los destacados del siglo XXI,

no hay mujeres.

Miento, sí, salvo alguna,

Instagramers que evocan un tiempo de doncella,

siempre rescatable

por caballero con poco de azul, quien disimula

sus pendejos de piel bajo una faltriquera

de mentiras.

 

Entre los fotogramas del imperio,

no hay mujeres,

miento, sí, salvo alguna,

atrezo en la columna del paisaje,

aquella a la que siempre se le puede culpar

de haber destronado la manzana,

para adentrarla en un cesto de paisajes.

¿Y sabéis lo que os digo?

Por eso este mundo

gira al revés,

destrozando su útero y su origen.

Gira al revés,

sobre la mano del mediocre.

 

El pecado no residió nunca en la manzana,

sino en la avaricia de Adán,

o de Eva, en todo caso de ambos,

o quizás solo de él, pues la historia

la redactan los culpables,

versión exculpatoria.

 

El pecado no reside en la manzana,

el pecado reside en la ira,

Caín sujetando la piedra,

Y en esa ira,

no hay mujeres

porque las mujeres,

sobreviven

en el silencio de las cuevas

y en la alegoría de la luna

 

Si fuera Navidad

 

Un muro de hielo,

en un abrir de ojos

se derrite

entre los trapecios de mi inconsciencia.

 

Un castillo de infierno,

en un abrir de ojos,

se desmorona

sobre la raíz del pentagrama,

tambaleando las cartas,

sobre el tapete de las emociones.

 

Si hoy fuera Navidad,

no se comprendería,

que los faustos de turrón de chocolate

fueran primicia sobre los panes

que habrían de compartirse en el invierno

 

Si fuera Navidad.

no se comprendería,

la metralla oxidando los oídos

de la infancia indefensa

 

Si hoy fuera navidad

Si tal vez fuera…

 

En un abrir de ojos

Se va la magia,

desbocada en sol

entre los clavos de la alambrada.

 

 

 

Reflexiones al borde del pijama

                     Hoy mi reflexión va para los “Virtual Worlds”.  He tenido una conversación sobre ellos que me ha dejado un poco pensativa, porque de lo que está sucediendo a quedarnos sentados con unas gafas multidimensionales, viviendo una vida por encargo, no hay tanta distancia, que no hay.

                 Los mundos virtuales son algo como que tú puedes ser un individuo pusilánime y temeroso, y ale, en el “Counter strike world” eres un descarnado asesino. Efectivamente puedes ser granjero sin granja, amante, adorable esposa, ladrón de bancos, pirata, estratega, reina,  algún personaje histórico. Solo hace falta elegir el juego que más te interesa. El plan está servido, o así lo parece. Te conectas on line y formas una nueva constelación de redes virtuales para inocularte la memoria colectiva.

                    Si eso ya, a algunas o algunos nos da que pensar, por eso de que “pisar firme” en la tierra tiene sus ventajas, pues no es todo, amigos y amigas, no. Tras ello hay también un mercado, en el que puedo pagar por tener- que no tengo- armas virtuales carísimas (no se me ocurre para qué) o joyas para regalar o quizás la decoración de mi mansión virtual. Existen pujas, tráfico de objetos, apuestas, dinero de verdad, negocio, mercado, expeculación, alrededor de todos estos mundos. Algunos hacen dinero con esto.

                   ¿Y qué hay de malo? ¿Si es virtual no hace daño? No sé, ante esto de verdad, yo no daría una respuesta tan clara.  Pensando que miles de menores se asoman cada día a estas redes virtuales, permitidme que ponga en duda qué endiablado mundo estamos creando.

Rescatar las lágrimas

           No temo la crueldad de la batalla, ni el fracaso, lo que temo es recrearme en esa sensación de pérdida,  porque cada minuto que nos autocompadecemos y seguimos en la queja,  perdemos un segundo de subida.

 

Confieso, a veces, he perdido batallas.

He perdido silencios,

rutas, tiempos.

Pero también confieso que no lamento el fracaso,

lo que lamento,

es no haber sido capaz de rescatar las lágrimas

para formar un acordeón con sus sentidos.

 

Modificar el nombre de las flores

La medida de la inteligencia es la capacidad de cambiar.(A. Einstein)

 

Sobre la vitrina una propuesta:

Siempre la misma anti-receta:

Un edulcorante para dormir esta noche

y la máquina para encalarte los segundos.

 

Me asombra

como recoges con prisa el final del día,

grapándolo entre tus ropas,

anhelando

la detención de las promesas

 

Ansías que se acabe el día.

por no vivir,

quizás

también por vivir,

no viviendo.

 

Me pregunto

si tu vacío puede modificar el nombre de las flores,

si puedes escuchar el sonido de la espera,

si en algún reducto de tu obsesión,

se puede salpicar otro comienzo:

Otra vida

donde no sea necesario procrastinar deseos,

donde se sueñe despierto,

y no se precise blanquear el compromiso

entre las limitaciones de la impaciencia,

donde haya un espacio para que nos acerquemos,

en siete dimensiones,

a las identidades de las almas.