Geis

Y vos, mi caballero,

qué torpeza,

cuán apacible era su destino,

le esperaban placeres de la carne,

profecía en los labios,

las noches estrelladas en cascadas,

permutando los soles de poniente.

 

Más hubo de romper el sortilegio,

creerme humana, reclamar mis huesos,

pretendiendo confinarme en sus dominios

y apropiarse del fuego de mi boca.

 

Ahora ya es tarde,

ha terminado el juego,

los bueyes de Femen rugen fuerte,

y mis ancestros reclaman que me eleve

con toda la fuerza de su sangre.

 

Y mientras le degrado a vil infante,

un geis le impongo,

de forma inquebrantable,

conjuro o sortilegio,

ninguno de mis rostros será humano

ante la vista de sus ojos.

 

Prosiga, pues, su camino,

ya no hay diosa,

que vaya apiadarse de su espada.

 

KAWAII

Acariciarse,

deslizar los dedos,

aplaudiendo

la propia mirada.

 

Despegarse,

lanzar al vacío

el arcano del mundo

y confabularse con el loco.

 

Rebeldes,

al frío,

a la usura del tiempo

y los abusivos intereses

que se imponen

sobre la vida.

 

Atrincherarse,

en la nobleza del unicornio,

rebuscarse

y quemar,

una a una,

las cartas de la baraja.

 

No hay naipe que me aturda,

No hay nada que me oprima,

Ni tu marca, ni la publicidad,

ni tu reclamo, ni lo que me dices es correcto,

ni siquiera esas absurdas condiciones

que tornan un sistema en obsoleto.

 

El mundo que pisamos está caduco.

Seamos “Kawaii”

y busquemos el consejo de los bosques,

para retomar el viento salvaje de la naturaleza.

 

No soy ingenua, soy auténtica.

Poema para hablarte

Quizá este poema,

debiera tocarte,

como un ángel,

abrazado a tus pies

y así elevarse

sobre acantilados abruptos,

mar de invierno 

y huracanados vientos de palabras.

Quizá, si

quizá debiera tocarte,

haciendo que tu piel se sonrojara,

mientras la uva tinta se desboca,

humedeciendo los labios de la noche.

 

Pero este poema,

hoy,

solo desea hablarte,

arañarse, morderse, desarmarse

en la desnudez que un aguacero

va dejando visible tras la ropa.

 

Este poema grita, se revela,

no quiere seguir métrica ni estrofa,

solo,

pretende hablarte,

dejando que sus versos

aniden en los árboles más viejos

y si fuera posible

en tu ventana

para ser pronunciados en tus sueños.

 

 

 

 

 

 

un

Llave

Y si no estoy preparada para hablar,

si fuera recipiente contenido,

la sal decreciente,

la bruma,

oscureciendo los pies.

Y,

si no fuera posible

desasirse,

corsé denostado,  apalancado,

en la materia gris del subconsciente.

 

Y si nadie, quizá, ni aquel poeta,

de verso tosco, en alcohol,

de la inmundicia,

si nadie pudiera.

 

Descender al infierno

enseña poco,

si no lo hacemos,

a nuestro particular Averno,

aquel que nos es ingrato

a la razón y al olvido.

 

Y si quisiera ser fuego,entre tus manos,

aire entre los cabellos de la noche,

rocío, agua, alquimia entre tu sexo,

tierra para dejarte cuando el día

me lleve a seguir vagando entre los cielos.

 

Y si pudiera caer, sigilosamente,

macerando colaciones de segundos,

fabricar el ungüento

que me haga humana y terrestre,

bajo la luna de tus ojos.

 

Vos, sois la llave,

humano caballero,

de la tormenta y la luz,

la que se esconde,

en las ramificaciones de mi pensamiento.

 

Garras

Garras,

Mujeres con garras,

Lobas,  Águilas,

en la imaginaria masculina.

Mujeres,

trepando las densidades más ignotas,

el vértigo oscuro del placer.

Garras,

para desposeerte

y poseerte,

sobre los tejados

en los que anida la Luna.

Quien no esté preparado

para alzar el vuelo,

es mejor se abstenga

de mirarlas.

No hay caballero, doncel,

ni siquiera poeta,

aunque sea errante,

que pueda osar

a atraparlas  en  la noche. 

Las mujeres con garras,

no reconocen más dueño

que el sol de mediodía

ni más Imperio

que su sombra

columpiando

los atardecer de verano.

Es hora de que la historia

sea escrita al revés.

 

 

 

Simplemente

No quiero decir aquello

de que soy la suma

de una centena de mujeres.

Tampoco quiero contarte,

lo fuerte que he sido,

lo que soy,

cada cual tiene sus propias batallas,

extendidas,

sobre el tablero de la vida.

No te diré que soy loba, meiga,

amazona en el desierto de las palabras,

ni delicada ni Ángel,

encantadora de colonias.

Hace tiempo que me aburren los estereotipos,

por mucho que sean los de moda.

 

Te diré, sin embargo, que me extasian

los colores del otoño,

que abarrotan mis ojos las ventanas

encendidas del invierno

y que te quiero simplemente,

sin que exista más motivo,

que la  luz que me dejan tus abrazos.

 

 

 

Irrealidades virtuales

En una tarjeta de visita

la presentación de tu hashtag

el dios de los metadatos,

en el anhelo de “trenderizarse”

modularse en tópico,

por no decir amoldarse, al uso,

estética de consumo publicitario

de los manierismos postmodernos.

 

Al lado del retuit, no tenemos

botón para tomar cerveza

ni una calle para salpicar las rozaduras

que cada zapato nos impone.

Los corsés no saben de vanguardia,

 

 

En una tarjeta de visita,

no puedo arañar tu sentimiento,

me sobran los marcos

y la fragmentación de tu semántica.

 

Soy espectadora insurgente

de la rebelión de los gusanos,

no hay filtros ni difuminados en las fotografías de la muerte.

Las manos desnudas se señalan,

proyectándose en el holograma de los rostros

y en el falso paisaje sobre el croma.

 

Si quieres palpar la cinta que teje todos los sonidos,

no hace falta que quiebres las líneas,

porque no hay gafas 3d para este lado de la vida.