Cimientos

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No puedo pensar en renacer sin árboles, por eso quiero raíces, cimientos, porque el cemento solo enluce la fragilidad de la estructura.

 

Hay veces que el silencio

arremete

fronteras de fuego

y teje muros que rompen,

la tersura del viento,

esos muros,

que se encalan,

en la mirada de la derrota.

 

Por eso dame raíces,

cimientos,

el cemento solo enluce

la fragilidad de la estructura.

 

Rosas

Estoy delante,
observando el sillón que ocupabas,
Tan dormida,
Y tan despierta.
El sillón que ocuparon todas ellas,
las que se han ido,
dejando en la memoria,
la estancia repleta,
el camino abierto
y las ventanas,
para llamarse mujer, sencillamente,
sin pretensión,
sin altavoz ni barricada,
con la mirada serena,
de quien sabe,
que volverá una nueva primavera,
para traerme las rosas del recuerdo
y la palabra verdad bajo las olas.
No hay versales,
que puedan describir ese momento,
los cestos de manzanas,
más repletos,
y el sabor de tus mares en las manos.

Ahora

Cuando me dices quizá,
dices ahora,
que la suerte regalada de mi tacto,
amanezca en tu piel cada mañana.
Porque dices quizá, dices ahora,
Sé la corriente arrebatada de mis días.
Qué difícil leernos,
y como si fuéramos intérpretes
desinformados, yo te asiento
y me doy la vuelta disolviendo
mis ganas de besarte en la taza de café
Tú me miras y te retiras sigilosamente, perdiéndote
en el amargo aroma de la apuesta.

Qué complicado es, algunas veces,
enseñar el as de corazones,
llevamos impreso en la mirada.

Origen

Hay noches en las que,

toma de tierra,

neutro de reflexiones e indolencias,

me quedo persistiendo en las estrellas

que invadieron mis ojos,

mucho antes,

de que surgiera el sol cada mañana.

 

Hay algo innato,

en ese ir y venir entre horizontes,

quizá la persistencia o la añoranza

que multiplica el verso,

hacia el mundo donde no se nomina

la nada,

porque simplemente no existe.

 

Por eso esta noche,

Hoy,

ventana abierta,

reconozco mis pasos y me olvido

de dónde se fue el mar cuando te fuiste,

y te veo,

todavía,

sonriendo,

sobre la barandilla de mis ojos

amainando el viento, el oleaje

esa indomable preexistencia

que visita todo mi pensamiento.

 

 

 

Miedo

Por mucho que sea predecible,

el miedo sobrecoge nuestros pies,

la cercanía del abismo

y el salto,

hacia ese impreciso infinito,

que no reconoce nuestras huellas.

Por eso,

quién tuviera,

los pies alados de Aquiles,

la fuerza de un semidiós,

el viento huracanado,

para sepultar bajo tierra,

todo el temor

que sobrecoge

las entrañas de esta tierra.

 

 

 

 

Escaparate

Un grueso cristal aumenta,

un rostro entristecido

y empujado,

a no reconocerse en los abismos.

Otro día se dice,

retándose,

como si ignorara,

que va pasando la vida.

No hay un billete de vuelta,

ni un pasaje infinito,

pero ella,

persiste,

en permanecer detenida,

en un escaparate,

como un maniquí sin tiempo.

Un paseante, desde el otro lado,

le regala diariamente su saludo,

en la esperanza de que tome carne

y puedan caminar hacia otro sitio.

Él la ama,

más de lo que se ama ella misma.

Hay veces que el amor nos lleva a esperar

que el otro despierte.

 

 

 

Asgard

Nadie te cuenta,

que vivir en Asgard es una trampa,

una emboscada,

Olimpo de cristal,

que te condena a ser espectador de la miseria

y mantenerte impasible a toda acción.

 

Nadie te dice,

que la majestad de Odín

no satisface,

la agonía de no vestir tus propias botas,

y engrandecerse en la debilidad de los fracasos.

 

 

Las celdas del futuro te traicionan,

en cuanto temes abrir la puerta

y tomar aire,

que resienta tu mortalidad disimulada.

 

Nadie te cuenta,

que el único momento pleno de sus miles de años,

es cuando la poesía toma forma,

nutriendo las laderas milenarias,

que claman a la lluvia entre sus ropas.

 

Nadie te dice,

que no hay imagen de Dios que no flaquee

cuando comprende,

cuán inmenso es  un hombre, sencillamente, libre. 

 

No busques en la gloria tu sentido,

ni en la posesión la fortaleza,

busca la verdad entre tu carne,

más allá de la sangre que te brota,

la serenidad en la palabra,

no pronunciada,

detenida,

entre tus labios,

cuando los ojos se posan,

sobre la hierba

llamando a tus manos,

a acariciar el otoño en primavera.

Sea, pues, poesia,

tu propia vida.