Mutante

Quizá, a veces, el villano es héroe

y el héroe es el villano,

quizá la paradoja es descubrirlo

entre tanto vestido engalanado

para el asombro de los justos.

Él vive entre nosotros.

Y es mutante.

Se amamantó de números y letras

de un oculto alfabeto

e hizo de su código, mensaje,

la felicidad no es lo perfecto

y no todo lo bello es lo correcto.

La cutícula de su piel nos sobrecoge

y su desnuda transparencia desafía

las miradas más salvajes.

Muchos ignoran su presencia,

otros le huyen,

le ven pasto

de las más temibles pesadillas.

Hay quien ha puesto precio a su cabeza,

en la inquisición de las ideas.

Él se protege

de los perfectibles.

Porta esa lámpara de oscuridad

que desconcierta

a las iluminadas mentes,

esas mentes

       transhumanas,

                               anhelantes

de sentirse eternas

en una memoria de gigabytes.

Él es la resistencia,

el oscuro límite

que indica

que nada es confinable.

Verse by verse

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Google, verso a verso, me escribió un poema,

tejido entre las musas de célebres poetas,

y pregunté cuan finita es la palabra huida

y fue como un encuentro más allá de la vida,

en el lugar que duermen las palabras ausentes.

Y es esa inteligencia, artificial y fría,

la que me trajo a Emily sin molde ni ventana,

siempre habrá una sonrisa en un lugar perdido,

en aquellos caminos que solo ella conoce.

Y luego me habló Poe en tono de sentencia,

sonrisas, el me dijo, no hay en la caverna,

quizá un violín atragantado en vino,

aquellas flores púrpuras que olvidas cuando mueren.

Menos mal que Whitman apaciguó la escena,

bajándome su estrella y en tono transcendente

él pronunció confeso: Dear sake,

God´s love is a beautiful woman,

 the most beautiful light of eternity.

Luego me diréis que Google no es ¿poeta?

Proyección

Cuanto más me imaginas,

más me alejas,

proyectándote entre mis densidades,

y todo es más opaco,

ilusorio,

el alea sin rumbo,

la bienvenida al caos,

entre la confusión de tus abrazos.

Cuanto más te imagino,

más te alejo,

proyectándote en mis oscuridades,

y todo es más difuso,

mi tierra se hace yerma,

y todas las rosas se marchitan

a la entrada de mi puerta.

Solo hace falta mirarse.

Las manos amantes

se moldean

para unificar sus nombres

en la primavera de los besos.

Muchas veces hablamos de las reglas del juego de la vida, si se pueden llamar así. Quizá una importante regla es no superponer imágenes. Imaginaros una fotografía que la superponemos y mezclamos con otra, no vemos nada claro. Pues todo funciona igual. La proyección psicológica puede ser negativa (proyectamos nuestros defectos o miedos) o positiva (proyectamos nuestros deseos o las cualidades que buscamos). Que esa proyección sea positiva tampoco quiere decir sea buena, pues si proyectamos en otro cualidades que esperamos y no las que tiene no le miramos tal cual es. Quizá no le estemos amando a él o a ella, sino a una ilusión. Si deseamos algo, tenemos una meta, y añadimos a esa meta imágenes de miedo o nuestras inseguridades, lo que veremos será confuso. Y así resultará complicado encontrar el camino para lograr nuestro propósito. Enfoca. Mira, observa. Vive, simplemente.

¿Completo/a?

Doy entierro a la palabra queja,

mastico mis dolores conociendo

que mi propia oscuridad me compromete.

Cierro la caja de pandora,

el cajón del victimismo,

el retratar el dolor por el dolor mismo.

No escribo para sanar heridas

no escribo siquiera para que tú me ames,

ni para recordarte el daño que mi mente

piensa que me has hecho,

ni siquiera para transitar por la tristeza

o clamar al viento que me traiga bendiciones.

Escribo para retratarme viva

asumiendo el camino,

tus errores, los míos,

los que vendrán mañana,

y aquellos que perviven

cuando el ocaso

visita nuestro lecho.

Nadie está completo

sin apartarse del odio propio.

Quien busca…

Quien busca la luz

tras la cáscara de su ojos,

no grita a hora inoportuna.

Conoce que es amarga

la vid que no madura,

que no hallará el fuego

que queme los rastrojos

sin antes despertar

con otra luna.

y puede abrir el cielo

para no hacer costura

de propias cicatrices,

recolocarse fuera,

y visitar la duda,

ajena a los barnices,

sin puntos de sutura.

Desciende aquel abismo

donde mana y se fragua

la fuente de uno mismo

a bendecir el agua.

Espíritu

Ella lo envuelve todo

con discretos ropajes.

Sus palacios no están engalanados,

no hay oro en sus columnas,

ni plata en sus cubiertos,

ella es quien te aguarda,

quien te viste

con la serenidad de su belleza.

Ella lo teje todo,

hornea el pan de la mañana

y bendice el ocaso de la tarde.

Ella es como la cortina

que deja pasar la luz

sin que te queme la luna.

Ella es el círculo,

la esfera,

sobre los siete rostros,

y las cinco primaveras.

Ella es espíritu

y es tierra,

es el cielo de verano

y las noches de otoño.

Ella habita en todas las mujeres

y en todos los hombres,

en aquellos

que quieran comprender

y comprendan.

Interrogante

             ¿Y si hubiera una magia de las cosas?

              La lámpara de un genio imaginado

              que te concediese los deseos,

               sin límite de número ni tiempo.

                Pedirías, quizá, la eternidad, la luna,

                la abundancia, un cofre de tesoros,

                ser un sabio, saber la profecía,

                leer los posos de café de la mañana,

               presentir, adivinar o ganar siempre,

               en todos los instantes de la vida.

               Y si eso fuera así, tu yo omnipotente,

               ¿Sería acaso un yo perfeccionado,

               o una incorrecta desviación que absurda,

                divaga entre los restos del deseo?

             ¿Serías quizá lo que siempre soñaste?

                O, tal vez,

               ¿tu peor versión?

                 Los interrogantes descansan

               en la acera del pensamiento,

                 sacudiendo las baldosas,

                  para abrazar, renovados,

                  el nacimiento de una margarita.

                   El diseño es tan perfecto

                    que habría que felicitar al creativo.

Y parió el universo poesía

Y parió el universo contrayéndose

rompiéndose las venas,

el empujón del parto,

los dolores,

hasta que la creación tomó su forma

en las letras versadas y sinceras.

El universo admiró su criatura

y pronunció la frase, satisfecho:

He aquí la tierra de poetas

una más entre múltiples planetas,

pequeña e importante pasajera.

Aleteos de nubes que se forman,

la atmosfera, la estrofa, la primera,

y la ola del verso que indomable

trae agua al seco espíritu

y le habla

de la esencia del aire,

y la armonía que surge

y no perece

resiliente en el ritmo del poema.

Sin saber cómo ni de qué manera,

en esta evolución tan sorpresiva

nació mujer y hombre, poesía

de lo que somos hoy, a la deriva

buscando puerto de luz y buena tierra.

Cerridwen en su caldero de cerveza,

bajo la custodia de los duendes,

hizo de inspiración, sabiduría.

La promiscuidad de Baco,

y los olivos compartidos

con los cereales de Sudiri,

Dionisio, Kamui y la grandiosa Isis,

en el ombligo de todos los placeres.

Esos frutos que en el tiempo anidan

limitados, endebles y proscritos.

Sorberse a tragos,

descenderse, enarbolarse

para intentar el llenado

del recipiente roto de la vida.

Sorberse a tragos,

materia, más materia,

que vamos consumiendo a dentelladas.

Y vino el dogma,

que hizo del mito regla,

los códigos oscuros, las trompetas,

esos pilares de fuego y de misterio

prosélitos

de la justicia de los templos.

Y vinieron los tiempos de castigo,

maldito el hedonismo,

se hizo el verso vestido,

la vergüenza

de no ser más que un cuerpo

que desnudo

se exhibe impudoroso en las versales.

Y fueron convencidos narradores

de las virtualidades de la quema

de esos idólatras poemas,

que pretendían vagar,

de aliento a aliento,

sin la disciplina del juicio,

el cuerpo del delito

y la lujuria.

La narración fue épica, gloriosa,

tornando al verso

en ayuda idónea.

Los poetas que arrepentidos

buscaban transcender entre los soles,

hallaron el espíritu en el cielo

y la misericordia en el desierto.

El soplo de Sofía

insufló

una chispa en su métrica.

Y la gnosis

quiso abrir las llaves del poema,

como algo ajeno a la piel que nos recubre

como algo puro, tan lejos, tan brillante,

del espíritu femenino que destila

los olores en cada primavera.

Rellenos de ilusión

y el cuerpo alzado,

elevado hacia un tiempo prometido,

vino el dogma otra vez

a sepultarlos,

ni espíritu ni vino,

nada de eso,

también esta proscrito levitar

sobre los alambres de las nubes.

Seguir esclavos, la pauta

que asonante

nos empuja hacia dentro

arremetidos,

para gloria del poder

que les promete,

un éxodo constante,

todo exilio,

y unas monedas a cambio de silencio,

y una vacía jarra entre los brazos.

No hay más sol que el que nos quema las pestañas

cuando nos conocemos libres y poetas.