Hormigón de serie

Puedes poner cimientos,

y dudar que el suelo sea firme,

una solera de hormigón,

para asfaltar los sentimientos

contenidos,

sobre la barandilla de los ojos.

 

Puedes caminar despacio,

improvisando techos,

y paraguas,

sobre la lluvia caprichosa

impredecible,

de la tercera apuesta

a un terremoto.

 

Pero yo quiero ventanas,

galerías,

juegos de luz,

y lírica en las manos.

 

No quiero ser protagonista ausente.

ni el verso épico,

que resida en las torres relegadas

ni en la memoria de tiempos más remotos.

 

Si fuera tan fácil,

hablar con la verdad,

seguro que este castillo

tendría amplias ventanas,

y tu y yo, todavía,

ausentes o presentes,

en el mismo lugar, o diferente,

podríamos reír toda la noche.

 

 

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Presente

Hay días que parecen una pausa,

en “standby”, un ya volveré,

cayéndose las sílabas

sobre las esquinas de la puerta,

cerradura echada,

llaves puestas,

reclamando una taza de café descafeinado

para recomponer nuestra memoria.

  

Hay días que terminan

detenidos

sabiendo a azúcar amargo,

golpe sobre nubes,

destronando,

los barrotes

que nos desdibujan

en la monotonía de rostros invisibles.

 

Pero la magia surge,

reviviéndolos, cuando,

dejas tus botas,

ancladas sobre el suelo,

y quieres ser presente,

rasgando el velo,

el lirio de los versos,

y ser la furia que percuta nuestros besos

hasta que el horizonte nos llame a un nuevo día.

 

 

 

Ausencia propia

Tropiezo,

con la misma piedra,

en el mismo lugar,

casi miméticamente,

reiterando,

los segundos,

la deshora indiferente.

Y pienso,

que fue ya demasiadas veces,

el cántaro a la fuente.

La luna hoy no lleva pasajeros

no aúllan los lobos,

silencio.

La pausa repetida,

suena a ausencia,

pero esta vez de mí misma.

 

Dependencia

Nadie debe complicarse

en buscar claroscuros

permanentes,

cuando el bosque es abierto

y la retina,

nos trae un verde intenso a nuestros ojos.

Respira.

 

Hay un árbol cerca de tu casa,

El día es soleado.

 

 

Comienza a pensarte

desde dentro.

 

Resucita,

tú existías

antes de su gesto manchado

y de sus gritos.

Él, en cambio,

solo existe en ti

porque tú sufres.

 

Si has llegado a leer hasta aquí, te invito, tras este poema mío, a leer uno de Bukowski, pues no puede decirse más sencillo y más claro.

Oh sí

Hay peores cosas que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde.

 

 

 

 

El vaso medio lleno

Hay días que son

acantilado,

recipiente del mar,

de ese de dentro,

y pirotecnia

de todos los sentidos.

Cascada sobre dunas,

turbulencia,

esculpiendo la luz.

 

Cuando la luna que habita

tu noche o tu desencuentro,

vista de negro tus alas,

y el tic tac del reloj

torture todos los motivos,

retoma sus aires,

pues esos días son mapa,

amaneceres,

coronándote,

en el gobierno de los vientos.

 

 

 

 

 

Marea baja

O chan,

(el suelo),

poder rozar el suelo

y no tocarlo.

La primera imagen

de un cuadro costumbrista,

en otras épocas,

blanco de pamela,

la gasa sobre el pelo,

soleándose,

y quizá una sombrilla medio abierta.

Es marea baja,

y toco suelo,

para ser oleaje entre la arena,

revertirme en planicie

y ser colina,

retomando los hilos del zapato.

Pudiera coser un poema,

dejándome la aguja entre las manos,

pero debo dejar de estar ausente,

un cuadro bodegón,

con cinco uvas,

una manzana

y cuatro mandarinas.

El restaurante apesta a olor a frito,

bullicio y comensales apretados.

La tarde siempre me trae marea alta.

sostenida

Arume

(aroma)

O son peitado

polas bagoas

( el sonido peinado

de lágrimas)

 

Ahora en alza,

Ahora en baja,

 

No hay variable,

sin constante.

 

Al final tú,

al final yo,

quizá,

volvamos a pasear sin conocernos,

por mucho que compartamos nuestra noche.