Heroína

La mayor parte de las heroínas de cómic no suelen llevar mucha ropa,

una indumentaria poco apropiada para abarcar hazañas

y hundir las manos sobre el fango del peligro,

diluyéndose en el techo de cristal trazado a lápiz,

para redondear sus atributos.

Las heroínas comparten acepción con una droga mortal,

algo que tampoco sufren los héroes,

en ese avatar del diccionario,

alcanzando su adición en el amor romántico,

el amarre de la idea envenenada,

en ese “fueron felices”con su super-héroe.

Puede ser que mañana descubramos

una Alejandría ahogada,

sobre la miseria del comercio.

Y mientras la mente adolescente fragua las ideas en combate,

la sociedad insiste en continuar, de espaldas, a la caverna.

 

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Western

Ser un vaquero,

cabalgar sin límite sobre un caballo blanco,

tiene mucho de quijotesca empresa,

buscando dulcineas en salones,

que huelen a whisky barato

la afrenta del repoquer,

y ese desierto empujando al alma hacia el poniente.

 

Los cactus no saben de palabras,

siempre tienen una flecha escrita

sobre las espinas de las impaciencias.

 

En el mundo de los buenos versus malos,

la rebeldía es solo un acto complaciente,

la carne de cañón tiene fecha de caducidad

y el ferrocarril traerá una nueva empresa,

la superioridad del norte que se impone

sobre la infantil dicotomía de los sueños.

 

Los vaqueros en extinción extrema,

en un mundo trepidante del comercio,

un préstamo de vidas,

el primer automóvil

aquellos nuevos sombreros,

y los vestidos imperiales

destronando a las botas y al can-can.

 

Los indios en reserva,

la danza de la lluvia,

generando círculos,

expandiendo caza-sueños en imposibles árboles

de la extensa llanura.

 

Es curioso, pero mis ancestros,

giraban las cintas hacia las nubes,

buscando el espiral de la conciencia.

 

Mientras la caballería tome alas

sobre los fuertes en cinemascope,

seguirá rondando

ese silbido

a cien pesetas y un bote de coca-cola (1),

anunciando el climax del relato.

THE END.

 

 

 

 

(1)Kurt Savoy fue a un concurso de radio para ganar cien pesetas y un bote de Cola Cao con una canción de Elvis, y en lugar de ello, decidió lanzar un silbido que acabaría personalizando las bandas sonoras de los”western”

 

La ética contaminada

Cuántas son las muertes que no asisten

al funeral de nuestros fundamentos,

en esta sociedad de cicatrices,

de manos vendadas

y la vista perdida

en la receptación de las miserias.

 

Cuántas son las muertes que en la vida

transitan en los estercoleros de la ausencia,

zombies demandantes de la sal que crece

contaminada

entre las grietas del asfalto.

 

Cuántas son las voces conformadas,

las voces despistadas,

en el acúfeno de la sobrevivencia

y cuántas las borracheras que se fraguan

en los soportales de la impotencia.

 

Y, yo, persisto en creer en luna abierta,

la llave del portal,

en aquel día

en el que las luces de todas las ciudades

podrán amanecer,

sin permiso,

reclamando

ser cascada

de oxígeno

sobre los pulmones del futuro.

 

 

 

 

 

 

 

Catarsis

Bajo el verde aceituna de noviembre,

el tránsito de lunas,

la catarsis,

exudando exvotos como trozos de desecho

descosiendo las cremalleras de las sombras,

las máscaras caídas,

las estacas,

en anuncio visionario de la purga.

 

Cuantas veces bajé las escaleras a ese infierno

que siempre provoca auto-incendiarse,

pero existe una fuerza que me impide,

descender de nuevo.

Ya no me es permitido

sino volver de regreso,

pies en tierra.

Los versos son razones poderosas

en cada peldaño de subida.

 

 

Ya no hay destierro para los poetas,

la poesía absuelta

y abrazada.

No hay república

que no apele a la emoción de la palabra.

 

Dancemos, pues, en pauta alejandrina,

sobre la razón platónica,

desgajemos como una mandarina

el imperativo categórico

y volvamos a bailar entre los números,

en bendita explosión originaria.

 

Hoy, un 16 de noviembre,

un día cualquiera,

final del proceso de catarsis.

 

 

 

Ángel

Dicen que hay más de diez formas

para convertirse en lobo,

y otras tantas para ser vampiro,

desplegando las alas de la salvia mágica

en maléfica poción,

la colación imposible

de la impostura del mal que se alimenta,

de los troncos viejos milenarios

del abandono y la ausencia.

 

 

Me pregunto cuántas formas existen,

para convertirse en ángel,

fraguado en el maná celestial,

de invisible presencia,

e impenetrable misterio entre las selvas

indómitas del mar.

 

Lo que estoy segura,

si hay un ángel,

sobre esta nuestra tierra,

será aquel que desliza los dedos,

sin tilde,

desde el pronombre que abraza todos los versos,

transformando la vida en Poesía.

Meditación

Observo,

la levitación del tiempo,

yo,

desde una esfera,

mi yo posible, tu yo posible,

degustando los nuevos capítulos,

la incertidumbre que abraza

que el mundo lo es de posibilidades.

 

Cientos de años pueden no ser importantes,

piensa

retrocede,

cuando la tierra que pisas no existía,

los árboles no tenían raíces,

y la vida discurría

sobre las moléculas de los nombres.

 

Quizá sea cierto que los pasados perdidos,

el muro de cristal,

el tránsito,

pudieran estar aquí

en la palma de la mano,

en el movimiento de las páginas,

en la más perdida

interferencia

de la vida.