Bukowski

Este mi poema va dedicado a un último maldito. Maestro en ese ver profundo en el reflejo de nuestras miserias. Ahi, va…

Sangrar los dedos,

mientras las teclas absorben la vida

y te devuelven

duplicada

la abrupta sinceridad de quien no posee

ningún emblema debajo de su ropa.

Tus versos sobre mis dedos,

deslizándose,

sobre las caras lánguidas,

esas caras derrotadas

que no comprenderán el juego
de ser artificio en  noches invernales

y nieve sobre el verano.

 Dices que creerán

 que nuestro amor es imperfecto,

porque no han sido capaces

de amar plenamente.

Es cierto,

no hay nada perfecto,

si se siente

y todo es acorde,

si simplemente se asiente

ajeno,

al devenir de las notas redoblando,

la marcha triunfal,

esa indecente caída,

que arrebata la inocencia

bajo un papel de celofán.

La indecencia no está en sorberse el sexo,

ni en abarrotarse del vino más barato,

ni siquiera en la caída libre sobre los adoquines

de la impaciencia,

la indecencia está en no sentir,

más que el odio perfecto.

Los dedos siguen desangrándose

y ya me es ordinaria

su cadencia.


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Escribimos

              Escribimos

                en la purga incesante de un intestino carroñero,

el balón del mundo postrado ante los ojos,

               esos ojos,

        que se resisten a navegar silenciados

sobre los cristales que se clavan en la huida,

           de la conformidad

                   de un plato de lentejas.

             Escribimos,

             para no persistir ajenos

al pulso de las rocas

               y levitar sobrevolando mares de palabras,

esas palabras,

              que han de traer nueva savia a nuestras venas

y la renovación de nuestra boca.

           Escribimos,

              para resquebrajar las convenciones

                   desatar tempestades,

                sobre el fruto carnoso del deseo

              y traer las verdades a la mesa.

            Escribimos

                en el espacio del comensal ausente,

                   con la cómplice fecundidad

                    de acumular manzanas

                          para mayor gravedad del plato

                    y el desacierto de las flechas.

            Por eso,

                     la poesía duele,

a veces

                      tanto,

                      como la vida

Un alfabeto para amarse, también en febrero

En mi libro, un alfabeto para amarse, hay un poema que se nomina NOTAS DE AMOR. Es el poema desnudo.En su momento, sirvió de engarce en un juego que intentaba emular la canción cortesana. Como quiera que se acerca San Valentín, que mejor forma de recordarlo, con esta proposición que simula el cortejo cortesano y en el que introduzco, ahora sí, las notas de amor, que trastocan los objetos de siglo, hablando de metros y luceros.

Espero que os divirtáis.

Ahí va….

TE PIDO UN MINUTO DE TIEMPO

Te pido un minuto de tiempo,para convencerte, de que yo te quiero,
prometo en este momento, que yo solo siento, un amor sincero,
te pido un minuto de tiempo, que escuches al viento, que viene ligero, arrópate de mis caricias, en su mejor brisa, de un martes de enero.

Presiento que si tú me escuchas, no te olvidarías de cuanto yo espero
tenerte en mis brazos muy cerca, unir nuestros labios, en solo deseo,
rogando a la estrella del cielo, que a ti te regale, su mejor lucero,
y  así que en el firmamento se escriba tu nombre con todo su esmero.

Presiento que si tú me escuchas, no te olvidarías de cuanto te quiero,
prometo en este momento, que yo solo siento, un amor sincero.

Te pido un minuto de tiempo, que llega la noche y se enciende el fuego
y siempre una llama encendida, para recordarte, también en febrero.

Te pido un minuto de tiempo, un solo minuto, de todo este invierno,
presiento que si tú me escuchas, no te olvidarías de cuanto te espero

Un roce, una palabra viva, la flor de tus ojos, el amor que esconde
aquella sonrisa en la calle, las horas de metro, el verso, un acorde
silencios que duelen, tus labios, tu rostro, la vida, y ya no sé dónde
existe un lugar que no traiga, grabado en mis ojos, ya solo tu nombre

Te pido un minuto de tiempo, un solo minuto, en todo este invierno
Prometo en este momento, que yo solo siento un amor sincero

Jugar de nuevo

No sabes cuántas veces pretendí

situarme,

en la pantalla de inicio.

hacer click,

en “jugar de nuevo”

sabiéndome los trucos,

para reinventarnos en nosotros.

Pero este juego no permite

sino recaídas

en la cadena de los silencios,

mientras se despliegan,

en el sofá,

todas aquellas cartas que no escribí,

todas aquellas frases que no te dije,

y también que,

 cuando te fuiste,

algo también se fue de mí.

Resides en mí

Tú resides en mí,

eres el fruto

caramelizado de mis labios,

una explosión que desciende

rodeando

las alas de la noche.

Y somos

madera rojiza en este invierno,

recubriendo las ventanas de los ojos,

anhelando,

en la flexibilidad de sus vetas,

la floración de marzo,

ese diálogo

tan nuestro,

en una primavera de cerezos.

Poética

Mentres ela mergúllase nas augas

do mar

doente,

el queda co sal,

ocultando a escuma,

para que así lle demande,

rendida,

unha primavera de caricias.

El pensa que destruíndo algas

arremetendo contra a serenidade da area,

obterá derrubar a muralla dos seus ollos

Ainda que sexa mestre na estratexia

das súas cicatrices,

ignora,

que os seus pés descalzos

son capaces

de dobregar as rocas,

mudalas,

cal escudo.

Ela irase,

mollando a súa pel nas ondas,

e el

aínda

preguntarase o porqué.