Día de la poesía

Hoy es el día de la poesía,

quizá me gustaría escribir un poema,

como esos poemas que inundan las redes,

bendiciendo la fruta del cerezo,

la explosión musical de la primavera,

y la salvaje esperanza de rozar tus labios.

Me gustaría escribir, sí, un poema,

Pero no puedo.

Cuando escribo poema, grito OXÍGENO

Cuando escribo verso, grito CONFINAMIENTO

Cuando escribo beso, grito IMPREVISIÓN

Cuando escribo flores, grito INCOMPETENCIA

Cuando pienso en Mayo, pido RESPONSABILIDAD

 

Por eso no me sale un poema

Ni un beso.

 

 

 

Ostara

Más que nunca, en estos momentos malos, quizá debemos recordar en que fase del año en la que nos hallamos. Llámale Pascua, primavera, Ostara, o lo que te guste, resistiremos, porque el equinoccio anuncia el renacimiento de la vida.  Recibe mis mejores deseos y bendiciones.

OSTARA

 

Se detiene el reloj,

bajo tu nombre,

para su giro inverso y conectado,

bajo la presencia de los polos

y la exactitud de la medida.

 

Yo danzo sobre ti,

Yo danzo desde ti,

retomando

la corriente arrebatada de las aguas,

el sonido de los árboles

y ese aliento del sol tras la ventana.

 

El equinoccio, más que nunca

nos anuncia,

el renacimiento de las flores.

 

Siénteme,

en la primera luna.

Mi naturaleza es la aurora

que impone se retraigan

las fuerzas más oscuras.

 

Tres saltos,

la triada

y el alba

mientras gira la rueda de la vida.

 

 

La coma asesina

La coma asesina,

me despista, del verbo,

me desviste,

me ausenta,

sin masticar mis adjetivos.

Pero he encontrado un truco,

para enlazar las letras

sobre la ventana de tus besos.

Como un renacimiento,

impetuoso,

de mis identidades.

Por eso,

bésame,

hasta que se borren

todas mis ausencias.

 

 

 

Geis

Y vos, mi caballero,

qué torpeza,

cuán apacible era su destino,

le esperaban placeres de la carne,

profecía en los labios,

las noches estrelladas en cascadas,

permutando los soles de poniente.

 

Más hubo de romper el sortilegio,

creerme humana, reclamar mis huesos,

pretendiendo confinarme en sus dominios

y apropiarse del fuego de mi boca.

 

Ahora ya es tarde,

ha terminado el juego,

los bueyes de Femen rugen fuerte,

y mis ancestros reclaman que me eleve

con toda la fuerza de su sangre.

 

Y mientras le degrado a vil infante,

un geis le impongo,

de forma inquebrantable,

conjuro o sortilegio,

ninguno de mis rostros será humano

ante la vista de sus ojos.

 

Prosiga, pues, su camino,

ya no hay diosa,

que vaya apiadarse de su espada.

 

KAWAII

Acariciarse,

deslizar los dedos,

aplaudiendo

la propia mirada.

 

Despegarse,

lanzar al vacío

el arcano del mundo

y confabularse con el loco.

 

Rebeldes,

al frío,

a la usura del tiempo

y los abusivos intereses

que se imponen

sobre la vida.

 

Atrincherarse,

en la nobleza del unicornio,

rebuscarse

y quemar,

una a una,

las cartas de la baraja.

 

No hay naipe que me aturda,

No hay nada que me oprima,

Ni tu marca, ni la publicidad,

ni tu reclamo, ni lo que me dices es correcto,

ni siquiera esas absurdas condiciones

que tornan un sistema en obsoleto.

 

El mundo que pisamos está caduco.

Seamos “Kawaii”

y busquemos el consejo de los bosques,

para retomar el viento salvaje de la naturaleza.

 

No soy ingenua, soy auténtica.

Poema para hablarte

Quizá este poema,

debiera tocarte,

como un ángel,

abrazado a tus pies

y así elevarse

sobre acantilados abruptos,

mar de invierno 

y huracanados vientos de palabras.

Quizá, si

quizá debiera tocarte,

haciendo que tu piel se sonrojara,

mientras la uva tinta se desboca,

humedeciendo los labios de la noche.

 

Pero este poema,

hoy,

solo desea hablarte,

arañarse, morderse, desarmarse

en la desnudez que un aguacero

va dejando visible tras la ropa.

 

Este poema grita, se revela,

no quiere seguir métrica ni estrofa,

solo,

pretende hablarte,

dejando que sus versos

aniden en los árboles más viejos

y si fuera posible

en tu ventana

para ser pronunciados en tus sueños.

 

 

 

 

 

 

un

Llave

Y si no estoy preparada para hablar,

si fuera recipiente contenido,

la sal decreciente,

la bruma,

oscureciendo los pies.

Y,

si no fuera posible

desasirse,

corsé denostado,  apalancado,

en la materia gris del subconsciente.

 

Y si nadie, quizá, ni aquel poeta,

de verso tosco, en alcohol,

de la inmundicia,

si nadie pudiera.

 

Descender al infierno

enseña poco,

si no lo hacemos,

a nuestro particular Averno,

aquel que nos es ingrato

a la razón y al olvido.

 

Y si quisiera ser fuego,entre tus manos,

aire entre los cabellos de la noche,

rocío, agua, alquimia entre tu sexo,

tierra para dejarte cuando el día

me lleve a seguir vagando entre los cielos.

 

Y si pudiera caer, sigilosamente,

macerando colaciones de segundos,

fabricar el ungüento

que me haga humana y terrestre,

bajo la luna de tus ojos.

 

 

 

Garras

Garras,

Mujeres con garras,

Lobas,  Águilas,

en la imaginaria masculina.

Mujeres,

trepando las densidades más ignotas,

el vértigo oscuro del placer.

Garras,

para desposeerte

y poseerte,

sobre los tejados

en los que anida la Luna.

Quien no esté preparado

para alzar el vuelo,

es mejor se abstenga

de mirarlas.

No hay caballero, doncel,

ni siquiera poeta,

aunque sea errante,

que pueda osar

a atraparlas  en  la noche. 

Las mujeres con garras,

no reconocen más dueño

que el sol de mediodía

ni más Imperio

que su sombra

columpiando

los atardecer de verano.

Es hora de que la historia

sea escrita al revés.

 

 

 

Cisne negro

Hay veces que el amor vuela tan alto,

como un cisne negro,

 sorprendiendo la huella de mis cielos,

Con un conjuro ancestral y detenido

en la asombrosa predicción de tu mirada.

 

Si no hubiera más sucesos

que tu nombre,

si no hubiera más segundos

que los tuyos,

si no hubiera más amor

en este sueño,

transformando

el color de la noche,

cuando asoma

la palabra del día,

la mañana.

Esa ventana abierta hacia ti.

No existe escala,

ni potencia

para medir el impacto de tus ojos,

sobrevolando la Luna de los míos.

 

 

 

 

No tengo palabras

 

 

 

 

Sin título.pngPudiera decirte que tus ojos,

tienen el brillo especial que nos anuncia

el regreso de cada primavera,

pero estas palabras no son tan acertadas,

porque tus ojos son, todavía, más brillantes

que una mañana despertando mis sentidos.

 

Pudiera decirte que tus labios,

son la laguna en que reside mi deseo,

sumergiéndose,

sobre la inmensa latitud de tus abrazos,

pero estas palabras no son tan acertadas,

porque tus labios son, todavía, más intensos

que los frutos del invierno.

 

Pudiera decirte que tus pasos,

cuando te acercas a mí, son los tambores

la percusión que aboca a mis latidos,

más allá del tono de unos versos,

pero estas palabras no son tan acertadas,

porque tú eres, todavía, más que eso,

un salto al vacío,

la aventura permanente de quererte.

 

Pudiera decirte,

pero no encuentro palabras,

para expresar cuánto te siento.