Olvidada

                Ser minúscula

por imperativo,

                 que te olviden y que les olvides,

esconderse,

tras la bobina de hilo y los retales,

aquellos que te hablaban en la infancia

cuando había paisajes,

lienzo en blanco,

y todo era posible en los escritos.

Dicen que tu vida dejó de ser tuya,

tras la guerra,

y fuiste caballera ausente,

silenciada,

en un mundo de hombres para el hombre,

anecdótica pose de mujer,

de quien es más por lo que no se sabe,

que por lo que está dicho.

Dicen, que tu vida dejó de ser tuya,

pero yo no lo creo,

es imposible acallar este talento,

porque la poesía que nace de los ojos,

no se muere con la vida,

ni sin ella,

y por eso,

es todavía hoy,

en ese hilo fino que tejen los tiempos,

cuando te veo recitar mientras caminas,

y te detienes en los escaparates.

Entonces sonrío,

porque tú como yo sabemos

que el poema que brota de tus labios,

no se silencia ni con la luz del día,

por muchos que sean los retales,

 por mucho hormigón que te lapide.

Hay ablaciones que no son de clítoris,

y son de vida

Hay verdaderas lapidaciones de la historia,

pero esa implacable ejecución

no sabe,

que todavía no se dictó Sentencia

y que estamos aquí para traeros,

en todas las antologías

y en todos los versos.

Palabras

Las palabras mecen,

desasidas,

la savia de tus besos,

Las palabras,

ajenas,

a cualquier liturgia,

en la revolución de sus instintos,

 se saben colores,

reclamando,

la cromatología de tu esencia.

Pues no hay abecedario,

ni pauta

que encorsete

la definición de tu mirada.

Dos botellas y un día

En algún lugar de mi paisaje,

habrán quedado instaladas,

aquellas botellas que nos bebimos

en la borrachera de tu ausencia.

En algún lugar,

tal vez muy próximo,

a la nube donde depositamos

los jadeos de mayo

y la brisa,

en la espalda de abril.

Imagino rescatar su envase,

elevarlas en altar

descolorido,

la pose otros tiempos,

en palabras,

que quedaban impresas al oído.

Y beber de nuevo

sus brebajes,

indómita en tu piel

y sedentaria,

en la laguna de tus pensamientos.

Dos botellas de alcohol

que derrocaron,

tu noche,

y mi cordura,

dos botellas, y un día

en penitencia,

 descosidas

sobre la ropa,

como un emblema viejo,

como el mantra

oxidado

e incrédulo que no quiere desasirse,

de tu nombre

Nada

 Tal vez, pudiera, hablarte

  del amarillo de la puerta,

  de ese azul persistente

    que llama a primavera,

,     de la madera vieja

    bordeando las flores

   y aquella sinfonía que recoge mis pasos,

pero hoy la noche nace,

   intensa y bien amarga,

   la niebla sobrecoge

    la frente en la mirada,

    mis vuelos ya no encuentran,

     barnices de palabras

     y todo lo que escriba

        no deja de ser nada:

un candado cerrado.

Frágil

El amor es frágil,

como el cristal de bohemia

rozando los labios,

en ese instante,

que el imponente tinto de la uva

se une a la madera de unos versos.

El amor es tan frágil,

y a la vez tan fuerte,

como el cuarzo blanco

que preside,

mi cuello,

llamando a tus besos.

Es fácil quererte.


Porque el amor suma las miradas hacia un destino común

Hace tiempo

Hace tiempo que no te escribo

con todas letras del abecedario

Hace tiempo

que no te digo

que anhelo tu tacto

tus ojos

asombrados

y esa forma de decirme que me quieres.

Hace tiempo.

No te olvides

Dice la leyenda que cada primavera regresa un trozo de nosotros mismos.

Pensarte

y navegarte en tu mirada,

descansando los soles,

equinoccio,

de la primavera en mis sentidos

Épica

A todas las mujeres que hacen, día a día, un mundo mejor.

HEROINAS DE SÁLVORA

El mar bateando su fiereza

anunciando el año,

el canto de sirena

la noche tan cerrada,

en el sonido angustioso del auxilio.


Eran cuatro,

solo cuatro mujeres,

un mar fiero

y una dorna.

La fuerza descansa en la nobleza del alma,

esa ingenuidad que rompe muros

para hacer normal lo extraordinario,

y que regala cincuenta y seis vidas

en los cuatro viajes

de rescate del “Santa Isabel”

Porque Sálvora

lleva nombre de heroina

lleva nombre de mujer.

Fortaleza

Después de una gran batalla interior, siempre habrá un amanecer en la mirada.

Cuando la noche comienza  

                                                 desasida

de toda barandilla que recubra

                                                    su silencio,

 el insomnio es ajeno al claro de la luna,

y tú,

ese ser desnudo,

sin estampa que lo proteja

                                          inexorablemente

del insistente periplo entre las sombras,

Los argumentos se nos entrecruzan

para disimular sus desaciertos,

                                              es el delirio,

de la mente traicionera que te ofrece

las rebajas del sol para calmarte.

Cuando las bocas están llenas de palabras

se pegan a la ropa,

 se llevan a rastras,

carcomidas,

en la gangrena de la esperanza,

No te digas, no te llores,

no te pienses , no reclames

toparte en las esquinas

con un salvador de baratijas.

Respira hondo, pues,

entierra los desechos de tu porte,

sobrevolándote,

levitándote,

abrazándote,

en la comprensión de que desde ese momento,

el cielo ya no callará para tenerte,

pero tampoco el infierno querrá arrebatarte tu vestido.