Todo

¿Y quién quiere serlo todo

cuando puede ser un beso,

que se queda muy pegado

a todo lo que deseo

cada vez que yo te tengo?

 

No tengo poemas

Hay veces que no tengo poemas,

mente en blanco,

la emoción en furia, destrabándose

como ametralladora de conceptos,

tropezando

con virulencia en el asfalto.

Pudiera decirse que la mecha arde

sin gasolina,

alborotadamente,

entre los bordes de mis pensamientos.

No tengo poemas,

porque hay días negros,

porque solo me queda rabia para gritarme hacia dentro,

Por eso

hay días que no tengo poemas.

Momentos

Te amaré esta noche,

igual que la primera,

o que la última.

Te amaré

en el espacio abrigado de los besos

y en el reflejo de la luna.

Puede que nuestro amor no sea eterno,

pero sí lo serán nuestros momentos,

regalados,

en la extrema poesía de tus brazos.

 

Permanencia

 

Tus besos

son tan permanentes

que te recuerdo

siempre

cuando estás ausente

 

Acércate de nuevo

 

Acércate de nuevo,

que quiero deslizarme por tu nombre,

como si fuera un sueño

y resucitarme piel en verbo..

Tenemos un tejado compartido

en la impronta del recuerdo,

dos copas de buen vino

y un envite,

apuesta a cielo abierto.

Despleguemos los toldos entre soles

seamos paisaje en estuario,

llanura de sentidos

la rebelión del fuego

Acércate

acércate de nuevo

 

Interiores

Me ves,

estoy aquí

con un cesto de manzanas y de flechas,

que son encrucijada entre mis ojos.

 

Porque no me quisiste,

yo no pude quererme,

por eso,

arañé mis brazos

hasta que brotó la sangre,

sangre,

espaciosa, blanda

sangre a solas,

en el vendaval de mi impaciencia.

 

Y en ese empeño persistí en la daga,

tatuando un emblema sobre mis manos,

esas manos,

que apenas son visibles en las cortinas de la luz.

Tú me viste,

altiva, quizá, pensaste, débil…¿alocada?

entre la densidad de tu delirio

 

No me reflejes, no,

no me reflejes

Tus espejos me molestan

y ya las nubes no son consejeras en nosotros.

 

Yo soy tu sombra,

soy tu voz,

la mácula

de la ignorancia del mundo.

Y si arde Alejandría,

oda a los libros

que se contuvieron en la memoria,

mi memoria…

la memoria de todas ellas.

 

No me reflejes, no,

no me reflejes

que temo,

hacerme daño.

 

Madrid es también poesía

Si hay algo claro es que la poesía se hace un hueco ya en las crónicas. Avanti!!!

Un orgullo la cita a mi niña, Pilar Astray Boadicea, con su participación en la Fídula y una alegría encontrar en el artículo, citados muchos conocidos y ya amigos en las redes. El final con una cita de un poema de Cris aparicio, en el recuerdo a los versos sentidos en la jam que lleva Antonio Benicio Huerga.

        Adelante…Que Madrid sea un poema y la poesía abrigue todas nuestras noches

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/lo-que-se-mueve/2018/08/01/de-tirso-de-molina-a-marwan-el-teatro.html

 

 

 

Resurrección

Una suerte de luz,

invadiendo

la oscuridad de mi  letargo.

Me perturba

que mi noche siga oliendo a tí.

El recuerdo, subrepticio,

traiciona mi mirada

y te reinventa

sobre el techo iluminado de mis ojos.

El teclado ya no es un refugio en blanco.

Una iluminaria de letras

forma tu nombre

Si hay resurrección en la verdad.

la verdad,

es que te sigo amando.

 

 

 

Un poco de mi

http://www.amigosdecorral.net/entrevistas/481-pilar-astray-de-vocacion-poeta

 

 

Mal hablados

Maldicientes,

los habladores del mal,

no tienen cuernos, ni tridentes,

pero sí la rabia en su lenguaje

y un fardo de miseria sobre su espalda.

Maldicientes,

te increpan y susurran,

para hacerte de menos,

quitarte tu estima.

No quieren una mujer loba acotando su espacio,

sino una damisela  gris entre sus barrotes,

por eso te culpan,

mala madre, mala hija, mala esposa, mala novia, mala…

será la regla, la menopausia o la luna…

(Llamémosle libertad)

Maldicientes,

los habladores del mal,

te quieren presa

de sus desdichas,

esa falda es demasiado corta

eres demasiado joven,

demasiado vieja,

alta, gorda, flaca, baja…

 

Las niñas temen un lobo feroz en su travesía,

pero no se dan cuenta que el lobo es el narrador

o la narradora,

imponiendo la ley del miedo sobre el bosque.

 

Maldicientes,

los habladores del mal

no descansan

siempre que les escuches,

por eso

RESPIRA…

NO LES ESCUCHES…

que se pudrán en su queja miserable

en su murmullo,

Ellos no podrán hacerte más daño

porque son humo y polvo de paja

y su mayor tormento es su propia existencia.

 

Te quiero libre, mujer

te quiero libre