Luna roja sobre el cielo
iluminando la casa,
umbral del grano que nutre
esa pasión que nos ata.
Oro de vides erguidas,
secreto que las encierra
luna de vino teñida,
encaramada en la tierra.
Luna roja sobre el cielo
iluminando la casa,
umbral del grano que nutre
esa pasión que nos ata.
Oro de vides erguidas,
secreto que las encierra
luna de vino teñida,
encaramada en la tierra.
Me gustaría amarte, en un solo momento
como ama la tarde curiosamente al viento,
suave sobre el rostro en tenue movimiento,
detenidas mis manos, tropezando tus besos.
Agarrarse los ojos
y las manos,
con los bolsillos vacíos de impaciencia,
observando
como cae la lluvia sobre el patio,
alborotando el sumidero,
el sencillo rebrotar del agua,
la pauta caótica de sus elementos,
mientras tú me miras
y yo pienso,
que deseo abrazar tu piel mojada
en la excelencia del invierno.
Habito en las esferas de tus ojos
para lamerte desde dentro,
demandándote,
en un continuo intento,
la satisfacción de mi alimento
en mi voracidad,
invasora,
de la marca identitaria de tu rostro
La semiótica de los labios.
el signo,
aliquo,
mar abierto,
ese inmenso oleaje que imanta tu boca,
desperezándose,
marcando la horizontalidad de las líneas
sobre las que escribir nuevas frecuencias.
Dice Victor Hugo que » el remordimiento es la nube roja donde el sol se pone»
Nada es eterno y fue,
toda la vida
desde destierro en sombra pasajera,
errante en los misterios de las lunas
en la pasión callada de la ausencia
imaginante en noches de papel.
Nada es eterno fue,
furia pausada,
en sus brazos amantes,
en las rosas
sedientas de su caliz,
abrazando
la inmensidad del pájaro
y la palabra
invasora de su ropa.
Nada es eterno y fue,
una mañana
que eclipsó su mirada. Ella partió
y todo se hizo noche ensangrentada
¿Puede quizás el fango perdonar la luz?
Puede el agua lavarse en nuestras manos
germinar las montañas, resurgir
cuando nada es eterno, pero fue
toda la vida
Lirios,
sobre las calles,
amordazando las espadas
amamantadas por Hera
Lirios,
contrarrestando
la ira,
atravesando audacias,
llegando,
con su pistilo,
a rozar corazones,
purificando los ojos,
reuniendo las manos,
palma abierta y detenida
en el ultimátum a la violencia.
Lirios,
sobre las puertas
llamando a la Paz.
Un racimo de uvas negras,
matizando mis labios,
mientras el viento,
mece las cepas
espaldera de vides,
hacia el concierto de la naturaleza
Pies descalzos
molturando los frutos
como una invitación
a la inauguración del mosto
ese vino tinto
de nuestros presentes besos
El poeta recuerda sus comienzos en España, nos habla de poesía, de no poesía, de vivir el momento. Una entrevista entrañable llena de anécdotas.
El último aliento. Huerga y Fierro Editores.
Rastrear tu sonrisa,
rebuscando,
la redondeada trufa que se asienta,
entre las raíces ocultas de tu boca
Resulta complicado no mirarte
desde la complicidad de todo anonimato,
levitante, ausente, omnipresente
en la superficie imantada del deseo.
Hay un subsuelo
Indescifrable,
que amarra las ramas
que enraíza
el aire más preciado de este invierno
un detenido aroma que principia
cada mañana
destapando
todos nuestros amaneceres.
Resulta complicado no quererte
mar abierto, oleaje y catarata
sobre el frondoso paisaje de tus ojos.