Pues claro que te amo

Si una nube extraterrestre

invadiera esta atmósfera

se quedaría perdida, entre tus ojos

para hacerse aurora, en todas tus mañanas.

Tendría que haber mil lunas,

              custodiando,

la rotación terrestre de tu rostro

la traslación de los sentidos

y ese océano inexpugnable de tu mente,

cuando me preguntas

si te amo.

Claro que te amo,

con todas las letras,

                       y en cada una

de todas mis posibles vidas.

Interiores

Hay un poema de Aquelarre que dice,

mi madre odia la poesía intimista

y posiblemente odia este poema.

Sin embargo,

no resulta posible que odie nada

del «Aquelarre» de Boadicea,

en la quemazón del sinsabor

y la fuerza de su verbo.

Lo que sí es cierto que, posiblemente,

este  mi poema sea intimista

y previsiblemente odie este poema.

Cierto que suelo procastinar la poesía intimista,

porque los versos en caliente

corren el riesgo de ser estercolero,

en el que se dispersa la basura

de todos los propios desconciertos

y yo quiero un poema puro,

detenido,

sin esperpéntico edulcorante.

Las versiones propias siempre se maquillan.

Pero hoy escribo un poema intimista,

en la búsqueda constante de ese óxido

que imponga al tiempo la ley de la cordura,

ya que todos perseguimos un terrón de azúcar,

el bálsamo que sacie de impostura

el amargo silencio de la herida.

Por eso no hay respuestas,

porque ni siquiera

existen

todas las preguntas.

Vivirse en la palabra

       Jugar con la palabra,

Hacerla viva,

                       Resucitar la espuma,

Y comerse las olas, una a una

Replegar la caída,

                            Retozarse,

Como arena de invierno en la mirada

Decir mucho

                        Y tal vez

                                 no decir nada.

Romperse entre versales,

                            Desligarse

Capitalizar la imagen

                            El concepto

Y devolverte de nuevo,

                                            alegoría

                    Para tenerte dentro

                            Desde dentro

                 Para mí,

                        Para ti

          Permutándonos

 En las rimas posibles,                    cada día

          Y también en aquellas imposibles

        Porque lo que te nutre, es poesía

Tú me sabes

             

Tú me sabes a café de la mañana, 

a la asonancia libre, el tendedero

            de galería al sol, madera blanca,

             luciente entre las tejas y persianas.

            Tú me sabes a tarde y avellana,

           al verde que desviste la montaña,                

a un pantalán de dunas, pasarela

             a castaña de otoño y a morera,

             a soportal, a tientas, a bengala.

              Tú me sabes al vaho en los cristales,

              al musgo renaciente en las aceras,

              torbellino, aguacero y vendavales.

              Tú sabes a solsticio, tras la hoguera,

              a esa fuerza del fuego que me aboca

               por ser caricia, eterna viajera

              reclamando la fruta de tu boca

              por esta vez, y por las venideras

               Tú me sabes a verano entre las rocas,

              Tú me sabes a mayo en primavera.

Déjame

Déjame,

         que te descubra en silencio,

           cuando no hay orillas,

              donde esconder los sonidos

Y las caracolas,

            huelen a mar y a frutos del invierno.

Déjame,

         que siendo duna, comprenda tus mareas,

            que siendo luna, relate tus detalles

              y cuente tus besos uno a uno,

           para formar un árbol de nuestras densidades.

Déjame,

          que te ame,

             soplando viento,

                 sin brújula ni meta

                desatando candados,

atravesando,

              los aludes que lastró tu primavera

                y las correntías del otoño.

Déjame,

             simplemente

                     que te ame.

Olvidada

                Ser minúscula

por imperativo,

                 que te olviden y que les olvides,

esconderse,

tras la bobina de hilo y los retales,

aquellos que te hablaban en la infancia

cuando había paisajes,

lienzo en blanco,

y todo era posible en los escritos.

Dicen que tu vida dejó de ser tuya,

tras la guerra,

y fuiste caballera ausente,

silenciada,

en un mundo de hombres para el hombre,

anecdótica pose de mujer,

de quien es más por lo que no se sabe,

que por lo que está dicho.

Dicen, que tu vida dejó de ser tuya,

pero yo no lo creo,

es imposible acallar este talento,

porque la poesía que nace de los ojos,

no se muere con la vida,

ni sin ella,

y por eso,

es todavía hoy,

en ese hilo fino que tejen los tiempos,

cuando te veo recitar mientras caminas,

y te detienes en los escaparates.

Entonces sonrío,

porque tú como yo sabemos

que el poema que brota de tus labios,

no se silencia ni con la luz del día,

por muchos que sean los retales,

 por mucho hormigón que te lapide.

Hay ablaciones que no son de clítoris,

y son de vida

Hay verdaderas lapidaciones de la historia,

pero esa implacable ejecución

no sabe,

que todavía no se dictó Sentencia

y que estamos aquí para traeros,

en todas las antologías

y en todos los versos.

Palabras

Las palabras mecen,

desasidas,

la savia de tus besos,

Las palabras,

ajenas,

a cualquier liturgia,

en la revolución de sus instintos,

 se saben colores,

reclamando,

la cromatología de tu esencia.

Pues no hay abecedario,

ni pauta

que encorsete

la definición de tu mirada.

Dos botellas y un día

En algún lugar de mi paisaje,

habrán quedado instaladas,

aquellas botellas que nos bebimos

en la borrachera de tu ausencia.

En algún lugar,

tal vez muy próximo,

a la nube donde depositamos

los jadeos de mayo

y la brisa,

en la espalda de abril.

Imagino rescatar su envase,

elevarlas en altar

descolorido,

la pose otros tiempos,

en palabras,

que quedaban impresas al oído.

Y beber de nuevo

sus brebajes,

indómita en tu piel

y sedentaria,

en la laguna de tus pensamientos.

Dos botellas de alcohol

que derrocaron,

tu noche,

y mi cordura,

dos botellas, y un día

en penitencia,

 descosidas

sobre la ropa,

como un emblema viejo,

como el mantra

oxidado

e incrédulo que no quiere desasirse,

de tu nombre

Nada

 Tal vez, pudiera, hablarte

  del amarillo de la puerta,

  de ese azul persistente

    que llama a primavera,

,     de la madera vieja

    bordeando las flores

   y aquella sinfonía que recoge mis pasos,

pero hoy la noche nace,

   intensa y bien amarga,

   la niebla sobrecoge

    la frente en la mirada,

    mis vuelos ya no encuentran,

     barnices de palabras

     y todo lo que escriba

        no deja de ser nada:

un candado cerrado.

Frágil

El amor es frágil,

como el cristal de bohemia

rozando los labios,

en ese instante,

que el imponente tinto de la uva

se une a la madera de unos versos.

El amor es tan frágil,

y a la vez tan fuerte,

como el cuarzo blanco

que preside,

mi cuello,

llamando a tus besos.

Es fácil quererte.