Constelaciones

Las constelaciones de tus caricias

sobre mis puntos cardinales,

indicación al oeste, sugiriendo

que todo estará bien un nuevo día

Añoro tus mensajes apostados

en el alféizar de mis sensaciones

Inopinado azul en el blanco techo

en el que se describen nuestros versos

conjugando en sol un solo verbo,

amándote y amante, amor y amado.

 

 

Agradecimiento y balance

                     No quiero iniciar este año sin un breve agradecimiento, abrazo pero que muy grande, a todos los que me leeis y a todos vosotros a los que yo leo. Ratos buenos, pero que muy buenos, despejando la mente de la batalla diaria con vuestros textos. Ya lo dije el año pasado, pero ahora, que ya voy camino de la recta final para cumplir dos años con este blog, no tengo sino que agradeceros mucho la oportunidad de esta experiencia. Hace menos de dos años no me hubiera imaginado compartiendo mi libreta de poemas con nadie.

                    Las cifras, creo que no son importantes, pero, en todo caso, estoy  muy agradecida por esas casi sesenta mil visitas( me faltan pocas para ese número rendondo), que puede ser un objetivo para el cumple blog, los 14.579 me gustas durante el año 2017 y vuestro aliento en los miles de comentarios. Quiero decir que yo me quedo con vuestro aliento, lo mejor, todos los comentarios compartidos y vividos. En estos días de enero habeis confiado más de cuatrocientos- en concreto 414- me gusta en siete días…No son muchos, o sí, para mí uno solo ya es mucho. Todo suma y cada palabra vuestra es recibida con ilusión y gratitud.

                     Balance en el futuro año que comienza y en el que os deseo los mayores éxitos a todos.

 

Alter ego

Voy detrás, invisible, como una nube blanca,

humo del cigarrillo sobre tu garganta,

el soplido de aire al crujir las palabras.

 

Quizá ya me hayas visto, quizá no lo recuerdas,

derramando caricias sobre el vibrante ruido

y en la ventana amarga de toda la desgana,

amenizando en gris  de noche atarcedido,

mandíbulas abiertas en eco detenido,

verdad de ser aquello por lo que tú has venido.

 

Que te diré, que lo sabes, aunque sea lo mismo,

lo siempre te encuentra, la que siempre te digo,

por eso, que ya es hora, de quebrantar el ritmo,

volar entre los soles que forman este istmo,

entre cascadas áridas, pajares de sonido,

estrellados murales de lápices sin caja

refugio para huérfanos de la mitad del alma

un techo improvisado de papeles de plata.

 

Ya me duelen las manos de hacer tanto pesebre,

un nido para hablarte, un lecho de montaña.

Voy detrás, invisible, como una nube blanca

humo del cigarrillo sobre tu garganta

 

Víctor Hugo y sus mesas parlantes

            Me impacta la carga poética de las “ mesas parlantes” de Víctor Hugo. Es un ejercicio de metafísica, más allá de la pura poesía. Ningún capítulo tiene desperdicio. Ninguno.

            El espacio no tiene mirada. El espacio, el tiempo, dos apariencias, dos visiones,  dos imposibles, dos ojos reventados de horror, dos pezuñas sangrantes del castigo, dos mandíbulas formidables del abismo…

              Hablar en lengua celeste- dice( en teoría) Galileo- es lanzar llamas…Todo esto no tiene nombre, todo esto es luz y desconocido, todo es rayo y es máscara, es sol y es errante…el espacio no tiene pasaporte, no hay descripción del cielo.

              El evangelio, comenta en otra mesa, ha hecho de la tumba algo clemente para los arrepentidos, pero, hete aquí su error, ha hecho de ella algo inexorable para los miserables.

              La noche es la democracia estrellada, no hay astros huérfanos, no hay estrellas viudas, no hay soles perdidos. El firmamento es la república simbólica que mezcla los astros de todos los rangos y realiza la fraternidad …

                Amor, amor, tu eres la solución suprema, la última cifra…el cálculo extremo

                 El mediocre se queja de las migajas del cielo, estudia el universo desde el miserable punto de vista de la tierra , con apetito de humo, glotón de bruma, famélico de sombras. Si yo estuviera en este lugar pediría un todo o nada, la inmensidad, vuestros telescopios encarcelan el cielo…

                  Las agrupaciones de las diferentes frases son mías,  las palabras enigmáticas de Víctor Hugo, poesía de la grande para disfrutar esta noche de Reyes. Un abrazo a todos

Amanece

Amanece el amor,

y bien temprano,

franqueando miradas,

desbaratando invierno,

igualando al sol, en resta y suma,

de sábanas de hilo y confidencias.

Una aurora de besos,

en el hallazgo de tu cuerpo.

 

Hashtag

En una tarjeta de visita

la presentación de tu hashtag

el dios de los metadatos,

en el anhelo de “trenderizarse”

modularse en tópico,

por no decir amoldarse,

al uso,

estética de consumo publicitario

de los manierismos posmodernos.

 

Al lado del retuit, no tenemos

botón para tomar cerveza

ni una calle para salpicar las rozaduras

que cada zapato nos impone.

Los corsés no saben de vanguardia.

 

 

En una tarjeta de visita,

no puedo arañar tu sentimiento,

me sobran los marcos

y  la fragmentación de tu semántica.

 

Soy espectadora insurgente

de la rebelión de los gusanos.

No hay filtros ni difuminados en las fotografías de la muerte,

las manos desnudas se señalan,

proyectándose en el holograma de los rostros

y en el falso paisaje sobre el croma

desbaratando los murales.

 

Si quieres palpar la cinta que teje todos los sonidos

no hace falta que quiebres las líneas,

deja que el aire te envuelva con sus vientos,

porque no hay gafas 3d para este lado de la vida.

Bloqueo

Todo retumba

sobre el muro hueco

de mi silencio

Todo retumba,

mientras las paredes

se van pegando,

formando un hilo

de nuevos pensamientos.

Sin nubes para emborronar tus ojos

sin máscara de pestañas en los cielos,

un tatuaje de cordura,

secuestrando

todos los recuerdos.

Todo retumba

bajo el muro hueco

de mi silencio.

Todavía te quiero

 

Mis pies,

como pinceles,

sobre el terrazo,

tatuando de rosas,

el quebranto de sus piedras,

rellenando,

la sinrazón de tu ausencia.

 

Acrílico delineando

las desventuras,

entre el huecos dedos,

acantilado de recuerdos,

precipitándose

sobre mis estrofas.

 

Todavía te quiero

Solsticio/ O cepo do nadal

La ruta hacia tus manos,

transita todos los compases

que marcan nuestros cuerpos,

bajo la adherencia de los tiempos

y la sindicación de este solsticio.

 

El viento dispersando

la pradera de anemones,

báculo y lecho sobre el que descorchamos

la celebración de los encuentros.

 

Campanario de sauces asintiendo,

la fogata del tronco

en el renacimiento de los verbos.

 

Así es la trinidad de las edades,

clamando,

al imponente sol de este comienzo.

 

El secreto de Santiago López

                  

                  La familia de Santiago era una familia feliz.  Sus abuelos, siempre tan sonrientes, Ángel y Laura, sus padres, Lisa y Quique, y su pequeño hermano Luis de siete años. Santiago tenía ya quince años y era un gran aficionado a la astronomía. Podía pasar noches y noches contemplando las estrellas. Su abuelo le observaba y le decía siempre la misma frase: «En algún momento todos seremos una estrella de ese firmamento».

                Todos vivían en una bonita casa en el centro de la ciudad, con un impresionante jardín de margaritas. Sí Margaritas, porque a la abuela de Santiago le gustaban mucho las margaritas. Un día la abuela se puso mala, muy mala. Santiago tuvo miedo y rezó, rezó mucho para que se curase. Sorprendentemente pasados dos días el milagro se hizo y su abuela, de ochenta años, volvió a florecer tan impresionantemente fuerte como sus margaritas. Otro día su padre tuvo un fatal accidente. Eso sí que fue terrible, pensó lo peor, pero mirando al firmamento pidió a las estrellas que lo curasen. Y así se hizo.  Por eso Santiago se sentía tan seguro contemplando el cielo desde la ventana de su cuarto.

              El abuelo llevaba tres días algo molesto, así que llamó a Santiago.

  • Santiago, ven, debo contarte algo

               Santiago accedió. El abuelo abrió una puerta secreta, y tanto, jamás hubiera pensado estaba ahí, tras el hueco de la escalera y llevaba a una gran estancia, en la que había máquinas que nunca había visto, ordenadores, impresoras 3d muy sofisticadas y otros artilugios que no conocía. En una cámara adyacente el más terrorífico escenario. Unos robots que parecían de carne y hueso con la apariencia de su abuelo, de su madre, de Luis y de él.

  • Tendrás que irlos renovando a medida que crezcáis o tu madre envejezca- dijo el abuelo. Queda en tus manos decidir cuándo debamos morir. Dentro de unos días deberás elegir si continuas con mi labor y me revives. No tenemos mucho tiempo y tienes mucho que aprender.

            El abuelo enseñó a Santiago grandes conocimientos de robótica, el uso de la maquinaría y la paciencia del trabajo anticipado. Curioso, el abuelo preparaba con mimo su propio robot.

           Al cabo de tres días el abuelo entró en coma. Cuando el médico de diagnóstico su muerte cerebral, Luis pidió a las estrellas del firmamento, que tanto caso habían hecho a su hermano Santiago, que no le pasara nada al abuelo. Y el milagro se hizo. Ahí estaba su abuelo ¡curado!

            Es reconfortante sentirse seguro mirando a las estrellas.