El uso controlado de los datos es un reto para la sociedad del siglo XXI. La teconología es un avance positivo y la gestión de datos masivos será, sin duda, valiosa, para la ciencia, la medicina, para el progreso social, educativo y económico, pero queda en nuestras manos concienciarnos en la importancia de que su uso no lo sea al servicio del mal, de la dominación o de la restricción de libertades.
Este poema pretende reflexionar sobre ello,
Profecía
Será un otoño demasiado caluroso
quemará la tierra
los iniciados se agolpan
entre las columnas del templo
los nervios se apoderan de sus frentes
Hoy podrán ver la gran roseta
ese honor concedido
el gran oráculo
aquel que todo responde
aquel que todo sugiere
aquel que piensa
lo que no pensamos
Big data, Big data
corean en un mantra
de vibraciones agudas
big data, big data,
oh gran oráculo
No hay dios sobre la tierra
solo los mendigos no tienen ubicación
Veo un niño, tras el dintel de la puerta
intentando apagar su móvil
No lo sueñes, le diré, aunque lo apagues
el gran disco tiene nodrizas satélite
no dejará de saber de tí
lo que compras,
la nota de tu examen
incluso si tu madre busca en google
como educar un hijo.
Pero esta escrito
que un día vendrá un niño
con su ejército de mendigos
y elevándose sobre los hombres
acabará con la impostada roseta
No habrá red
En este momento me daré cuenta
que, quizás, el día de la primera conciencia
podría llegar antes de tiempo
Es una de las personas que más quiero, pero no soy parcial cuando aplaudo su talento. Tiene algo, un toque impresionante, una maestría con las letras asombrosa. Lo que no tiene es botón de reblogeo en su blog, se lo digo…..pero hoy, saltándome el inconveniente he cortado y pegado su poema. Cierto, impresiona, es impactante, no busca frases hechas, ni apegos a maneras al uso.
He aquí un Poema de Boadicea( Pilar Astray Boadicea) al estigma que por siglos y civilizaciones ha rodeado a la menstruación.
Juzgad por vosotros mismos, ahora os dejo con ella,
POEMA PARA DÍAS ROJOS
Tener la regla como las gatas que maúllan
cosiendo sus ásperas lombrices en silencio
en un desgarrador grito congelado.
Manchar las bragas como María Magdalena
y lapidarse ante las miradas ajenas.
Frotar, frotar, sin tregua.
Sentarse en el suelo del vagón
como un gran orbe rojo y señalarte,
esta es mi sangre,
yo soy una mujer que sangra
y chapotea en su basura.
Exhibir las compresas,
preguntar a las vecinas por la cantidad
y el color como quién pregunta del tiempo.
Exigir un té caliente en los días no nombrados,
morirse,
autosuicidarse
un largo siglo al mes,
romper la infinitud,
sellar para después la risa.
Ser tu muerte,
tu no vida desparramada por el wáter,
ser la niña que no olvida
el día del comienzo de esa herida
y los susurros del recreo.
Cu-chi-chear.
Casi podría ser Cuchi una nueva marca de tampones,
pero tú quieres entregarte a lo salvaje
e huir de todas tus glaciaciones.
Sabes que no eres la bella oveja blanca
porque eres mujer que sangra
y se cuelga del espejo.
A veces no hay nadie
y no danzan los esqueletos.
Coges un pañuelo y te lo pones en el pelo,
y posas como para una madre
y te haces tierra de cajón.
Solo es un instante
antes de la montaña rusa
y el vértigo del golpe
en los ovarios.
Fotografías la luna que se te va
tan llena de luz, tan tuya
y tan roca muda
como una leve constelación de barcos fantasma.
Tú sabes de tu pozo
y como se apellidan sus esquinas.
Bajas sin cuerda sola
a descubrirte
en tu fragilidad de mujer asaltada
por el ciclo natural
que te asesina las entrañas
y te exime de la culpa,
de la creación y de la duda.
Otra vez será cantan ebrias las luciérnagas de tus ancestros
y te recuestas desnuda sobre tu caballo indomable,
desnuda, con tu vestido favorito,
bajo cirios de abismos.
Eres tu eco de feminidad
mártir de una juventud que se silencia
en la fachada que desboca su pintura
en una revolución por tener nombre de aldea
y ser termita en estampida.
Mírame,
construyendo mi nido, temblorosa
con todos mis caminos recorriéndome la piel,
como hoy nunca será este trueno
que me deja en esta zanja
y mis cenizas consumiendo mi absurda vergüenza
ante el olor
de mi sacrificio natural
de antigua marea.
Somos la cinta de sal
y somos las ballenas de árboles gigantes
estas noches de erizo
en la humedad de nuestro sexo eterno en flor
rebosante de escondites sin cerrojos.
Esta sangre
no es un bodegón que se intuye cereza seca y suave,
es mi realidad abierta,
mi cierva a salvo de las balas,
sin discordia entre mis dunas de diamante
me desagüo,
me desagüo,
no preguntes.
Mi penumbra
yace intacta para el insaciable cosmos,
es por esto que nos vallaron el paraíso
y nos hicieron extranjeras que relinchan
una vez al mes
encogidas como huesos miserables
ya marcadas para caldo de virtudes.
Hoy somos milagro sin siembra
que se repliega
testarudo ante sus crímenes.
Danzamos
Con un fulgor de algas en los ojos,
nos reducimos,
nos endurecemos,
nos sabemos mortales
bailando en círculos.
Habiendo esquivado el incienso
no somos polvo
ni nos dirigimos a la borda con un salto,
con la tranquilidad de habernos traicionado
como las sumisas yeguas que jalean
siempre cerca y siempre lejos,
siempre nosotras,
nos reconocemos en los miles de rostros
y nos abrazamos para recomponer
el inmenso gong que hoy nos nombra.
Oigo la rebelión exacta de las estatuas,
la cadencia perfecta del ahora
y el instante vital que se desploma
y me sujeta a este planeta
está llenando de amapolas mis gusanos
con un pigmento de campana.
Deshilvano mi fingida inocencia
en este cementerio macabro rutinario
que solo yo conozco
y en el que todas me acompañan
con sus molestias de hembra y sus rastrojos.
Giran en el viento
las sombras de las quemadas por un falso cielo
al que aúllan nuestras lobas y taladran nuestras escobas
arrastrando para nosotras el espectáculo nupcial de la lluvia
sobre las cosechas.
En nuestro interior
hay un ejército de semáforos impertinentes
erigiéndose con burla ante el silencio de las olas.
Nos amordazaron,
nos asesinan y sabemos
que hay mucho ruido para seguir tecleando,
para seguir componiendo,
para seguir sangrando,
pero sangramos,
y este es nuestro sagrado linaje
donde nadie puede talar el inmenso bosque
que forma nuestra única voz
cuando nos hermana la madre
y allí todas, somos una.
déjà vu, impresión inopinada
de que todo pasó en otra mirada,
que este beso de hoy, ya lo tenía,
en el recuerdo tenue de aquel día,
donde quizás, ayer, en otra vida
me diste el beso que tendré mañana.
El temple de tus manos
sobre la cordillera de mis paisajes,
destrabando,
transformando,
las grietas de nuestras cuerdas
en un tendedero de sonrisas
No sé qué pasaría si te digo
que sueño con tu voz cada mañana
que miento cuando digo que te olvido
cuando prende tu amor en mis palabras
Maldita es la memoria de tus ojos
maldita la verdad de mi mirada
Maldita nuestra historia, más maldita
Sí pienso… que se acaba
Cuando pesa el barro sobre las botas,
descálzate,
siente la rugosidad de la arena,
la humedad de la hierba,
el tacto de la tierra,
sobre tus pies.
Si te aferras a tus viejo calzado,
los lodos acabaran sumergiendo tus alas
impidiéndote volar.
Nuestro techo son las nubes
Nuestro lecho una eternidad
aunque dicha eternidad
sea un instante
Fotogramas pegados en una libreta,
negativos seriados en luz de poeta
y mientras se van moviendo las hojas,
lamento, perdida, lo que me despoja:
Un suspiro de amor, ese sentimiento,
aquella tarde gris, el adiós sincero,
lo que no comprendí porque te quiero
y un abrazo perdido en el deseo.
Lo que vale la vida, según creo
Hoy te extraño/ Hoxe estráñoche.
Galicia, verde nai, galega en mares
tan tenue es tu mirada de poeta
que más salvaje y fuerte es tu belleza
engalanando el fuego de tus lares.
Galicia, Breogán deixa un segredo
recóndito en la tierra de tus ojos
Equinoccio de soles, sacro, angosto
en el halo impensable de nosotros.
Galicia, nosa nai, inmensa meiga,
esencia de esconxuros nas fogueiras,
iluminada sorte que alimentas
recordos que no esquencen as ribeiras
Yo no se que sería si no viera
el color de tu lluvia y no lloviera.
Galicia, nosa nai, ay quien tuviera
mil vidas para verte en primavera.