Sentirnos

Sentirnos,

más allá de las palabras,

del teléfono,

de la videollamada.

Sentirnos,

sentirte,

sentirme,

en infinitivo,

en presente,

desgajando los verbos,

en ese tacto ausente

que cada noche

me deja

tu mano

sobre mi espalda.

 

Ese tacto imposible,

pero tan real,

como que te siento,

aunque no estés presente.

 

Estás ahí,

en todas las versiones imaginadas

de mis besos.

Llave

Y si no estoy preparada para hablar,

si fuera recipiente contenido,

la sal decreciente,

la bruma,

oscureciendo los pies.

Y,

si no fuera posible

desasirse,

corsé denostado,  apalancado,

en la materia gris del subconsciente.

 

Y si nadie, quizá, ni aquel poeta,

de verso tosco, en alcohol,

de la inmundicia,

si nadie pudiera.

 

Descender al infierno

enseña poco,

si no lo hacemos,

a nuestro particular Averno,

aquel que nos es ingrato

a la razón y al olvido.

 

Y si quisiera ser fuego,entre tus manos,

aire entre los cabellos de la noche,

rocío, agua, alquimia entre tu sexo,

tierra para dejarte cuando el día

me lleve a seguir vagando entre los cielos.

 

Y si pudiera caer, sigilosamente,

macerando colaciones de segundos,

fabricar el ungüento

que me haga humana y terrestre,

bajo la luna de tus ojos.

 

 

 

Cisne negro

Hay veces que el amor vuela tan alto,

como un cisne negro,

 sorprendiendo la huella de mis cielos,

Con un conjuro ancestral y detenido

en la asombrosa predicción de tu mirada.

 

Si no hubiera más sucesos

que tu nombre,

si no hubiera más segundos

que los tuyos,

si no hubiera más amor

en este sueño,

transformando

el color de la noche,

cuando asoma

la palabra del día,

la mañana.

Esa ventana abierta hacia ti.

No existe escala,

ni potencia

para medir el impacto de tus ojos,

sobrevolando la Luna de los míos.

 

 

 

 

Simplemente

No quiero decir aquello

de que soy la suma

de una centena de mujeres.

Tampoco quiero contarte,

lo fuerte que he sido,

lo que soy,

cada cual tiene sus propias batallas,

extendidas,

sobre el tablero de la vida.

No te diré que soy loba, meiga,

amazona en el desierto de las palabras,

ni delicada ni Ángel,

encantadora de colonias.

Hace tiempo que me aburren los estereotipos,

por mucho que sean los de moda.

 

Te diré, sin embargo, que me extasian

los colores del otoño,

que abarrotan mis ojos las ventanas

encendidas del invierno

y que te quiero simplemente,

sin que exista más motivo,

que la  luz que me dejan tus abrazos.

 

 

 

Cimientos

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No puedo pensar en renacer sin árboles, por eso quiero raíces, cimientos, porque el cemento solo enluce la fragilidad de la estructura.

 

Hay veces que el silencio

arremete

fronteras de fuego

y teje muros que rompen,

la tersura del viento,

esos muros,

que se encalan,

en la mirada de la derrota.

 

Por eso dame raíces,

cimientos,

el cemento solo enluce

la fragilidad de la estructura.

 

Mírame

A veces todo es un bucle.

un periplo

sin cauce,

la pantalla en negro,

de bloqueo,

la falta de las guías, la membrana,

en la que asirte a mis sonrisas.

 

Hubo un tiempo que el suelo,

tenía estrellas brillantes

y saltábamos,

dándoles bienvenida.

 

No sé en qué momento perdí la cuenta

de las lecciones desaprendidas,

ni cuándo perdimos el ángel

que velaba tus sueños,

pero por lo que más quieras,

mírame,

mírame ahora, desde lo más dentro,

y tal vez, así, pudiéramos

construir una fuente

para recibir el arco iris.

 

 

Viaje

 

No existe mejor viaje

que aquel que hacemos sin fecha de regreso.

Por eso he lanzado al abismo los boletos de vuelta,

y he trucado los días de mi calendario.

 

Llevo en mi mochila

una anotación de marca-páginas,

una fotografía de hace años

y un mapa de carreteras ilegible.

 

 

Cuando tus besos se pegan a mis labios,

no son necesarias las barreras,

ni las barandillas de silencio,

 

Un campo de girasoles

difumina la lluvia,

agua,

correntía,

sobre todo desierto

que no sepa

de tu nombre.

 

Solsticio

Entre las manos,

las cuatro hojas del trébol,

las cuatro puertas,

hacia mayores dimensiones,

el tacto de tu sonrisa

y el aire revelando,

el aliento próximo,

el transito

del fuego.

Hijo de la tierra,

rueda,

sobre el arco iris de los nombres

desatando

la fuerza de los elementos

porque cuando el sol se detiene

tus ojos,

iluminan mi mundo.


Tú me sabes

             

Tú me sabes a café de la mañana, 

a la asonancia libre, el tendedero

            de galería al sol, madera blanca,

             luciente entre las tejas y persianas.

            Tú me sabes a tarde y avellana,

           al verde que desviste la montaña,                

a un pantalán de dunas, pasarela

             a castaña de otoño y a morera,

             a soportal, a tientas, a bengala.

              Tú me sabes al vaho en los cristales,

              al musgo renaciente en las aceras,

              torbellino, aguacero y vendavales.

              Tú sabes a solsticio, tras la hoguera,

              a esa fuerza del fuego que me aboca

               por ser caricia, eterna viajera

              reclamando la fruta de tu boca

              por esta vez, y por las venideras

               Tú me sabes a verano entre las rocas,

              Tú me sabes a mayo en primavera.

Déjame

Déjame,

         que te descubra en silencio,

           cuando no hay orillas,

              donde esconder los sonidos

Y las caracolas,

            huelen a mar y a frutos del invierno.

Déjame,

         que siendo duna, comprenda tus mareas,

            que siendo luna, relate tus detalles

              y cuente tus besos uno a uno,

           para formar un árbol de nuestras densidades.

Déjame,

          que te ame,

             soplando viento,

                 sin brújula ni meta

                desatando candados,

atravesando,

              los aludes que lastró tu primavera

                y las correntías del otoño.

Déjame,

             simplemente

                     que te ame.