Dos botellas y un día

En algún lugar de mi paisaje,

habrán quedado instaladas,

aquellas botellas que nos bebimos

en la borrachera de tu ausencia.

En algún lugar,

tal vez muy próximo,

a la nube donde depositamos

los jadeos de mayo

y la brisa,

en la espalda de abril.

Imagino rescatar su envase,

elevarlas en altar

descolorido,

la pose otros tiempos,

en palabras,

que quedaban impresas al oído.

Y beber de nuevo

sus brebajes,

indómita en tu piel

y sedentaria,

en la laguna de tus pensamientos.

Dos botellas de alcohol

que derrocaron,

tu noche,

y mi cordura,

dos botellas, y un día

en penitencia,

 descosidas

sobre la ropa,

como un emblema viejo,

como el mantra

oxidado

e incrédulo que no quiere desasirse,

de tu nombre

A veces el amor

A veces el amor

Se hace jirones,

Impresencia constante

Quemarropa,

Un final advertido y previsible.

A veces,

Pero otras,

Esas otras,

Tan benditas,

Te abrazan a una piel

Con nuevos ojos,

Y te devuelven la vida

En un instante.

Es la danza del cortejo

Sobre un balcón de nuevas golondrinas.

Reinventarse

Reinventarse,

como un código de desbloqueo,

de los acantilados de minutos,

 cuajar las horas,

desplegar las rutas,

siendo timón en mar

de turbulencias.

Sea, pues, la pirotecnia entre su ropa

y mapamundi los amaneceres.

Reinventarse,

entre los soportales de las rúas,

porque Compostela es una isla,

en los mares de su boca,

y yo la convergencia de sus tronos.

Atlántico en imperio,

mar de dentro,

vestido en marejada.

Regresarse

en esos atardeceres,

susurrantes,

cascada sobre dunas,

claroscuro,

esculpiendo la luz.

El poniente siempre barniza las miradas,

formateando la memoria de los versos,

en la floración de los sentidos,

el desgobierno de los vientos,

los venideros días, peregrinos,

del sol que desnuda tu cintura.

en el remanso de todas las auroras

Un alfabeto para amarse, también en febrero

En mi libro, un alfabeto para amarse, hay un poema que se nomina NOTAS DE AMOR. Es el poema desnudo.En su momento, sirvió de engarce en un juego que intentaba emular la canción cortesana. Como quiera que se acerca San Valentín, que mejor forma de recordarlo, con esta proposición que simula el cortejo cortesano y en el que introduzco, ahora sí, las notas de amor, que trastocan los objetos de siglo, hablando de metros y luceros.

Espero que os divirtáis.

Ahí va….

TE PIDO UN MINUTO DE TIEMPO

Te pido un minuto de tiempo,para convencerte, de que yo te quiero,
prometo en este momento, que yo solo siento, un amor sincero,
te pido un minuto de tiempo, que escuches al viento, que viene ligero, arrópate de mis caricias, en su mejor brisa, de un martes de enero.

Presiento que si tú me escuchas, no te olvidarías de cuanto yo espero
tenerte en mis brazos muy cerca, unir nuestros labios, en solo deseo,
rogando a la estrella del cielo, que a ti te regale, su mejor lucero,
y  así que en el firmamento se escriba tu nombre con todo su esmero.

Presiento que si tú me escuchas, no te olvidarías de cuanto te quiero,
prometo en este momento, que yo solo siento, un amor sincero.

Te pido un minuto de tiempo, que llega la noche y se enciende el fuego
y siempre una llama encendida, para recordarte, también en febrero.

Te pido un minuto de tiempo, un solo minuto, de todo este invierno,
presiento que si tú me escuchas, no te olvidarías de cuanto te espero

Un roce, una palabra viva, la flor de tus ojos, el amor que esconde
aquella sonrisa en la calle, las horas de metro, el verso, un acorde
silencios que duelen, tus labios, tu rostro, la vida, y ya no sé dónde
existe un lugar que no traiga, grabado en mis ojos, ya solo tu nombre

Te pido un minuto de tiempo, un solo minuto, en todo este invierno
Prometo en este momento, que yo solo siento un amor sincero

No lo leas

No lo leas,

este poema no nace para ser leído,

nace para ser digerido,

junto a una tapa de patatas alioli

y una copa de vino imaginaria,

la bola de cristal, donde sumerjo

bajo cero

las emociones.

El aceite de bar imprime un olor a frito,

conectado al olfato,

por más que demos instrucciones de bloqueo.

No lo leas,

este poema no sabe ni cómo empieza,

quizá diría que tú eres

la corriente

que arrebata mis días.

Es cierto, eso ya lo he dicho,

en otro poema, y

 sin embargo,

 pudiera ser un buen comienzo,

para manejar nuestras desconexiones.

Este poema pudiera ser un corte limpio,

perfecto en el diseño de su talle,

ausente de amplitudes,

pretendiendo,

emular al cuerpo que lo porta,

con la sinceridad que al verbo impone,

comenzar la digestión de sus estrofas.

Un poema yo,

navegando

entre todos los besos que nos dimos,

persistiendo,

en la adicción

a demoler los muros

que pueden separarlo

de tu rostro.

Este poema que nace, para no ser leído

tiene su fundamento en la batalla

que cotidianamente nos impone

sortear los aires de la noche

y las inquietudes del mañana.

Es la metáfora

que imprime

sus letras,

cuando no puedo abrir la puerta

de casa.

                          La metáfora

 que reclama

                       comencemos

por amarnos,

                    a nosotros mismos.

No lo leas,

aunque me muero de ganas

de que lo leas.

Aquel poema

Cuando la noche te envuelve

en alas de tul, los sueños,

van despejando las nubes,

aquel pasado recuerdo,

de aquel poema de Bécquer,

que leíamos al tiempo

entre pausas de silencio,

y entre latidos de versos,

que alborotan corazones

tan sinceros como inquietos.

Hoy,

que la noche devuelve

tus besos entre mis sueños,

aun se apresura el aliento,

y no hay rima que impresione,

ni poeta que destrone,

el amor que por ti siento.

Amarte

Amarte,

recorrer tu cuerpo,

abarrotarnos a besos

y seguir deseando que me beses.

Sol de invierno

El sol tamiza tus ojos viajeros,

la gestada cosecha que rebosa

la recolección de las miradas.

Sostenerse y sostenerte,

el equlibrio,

del bálsamo renacido de sus besos,

reiventándose,

en amante improvisado de tu  invierno.

Identidad

El vértigo de una partícula,

rechinando

sobre los bordes de mi conciencia.

 

Ninguna infinitud se normaliza,

en la gravedad ajena,

cuando somos átomos,

como manzanas,

pretendiendo la comprensión de este misterio

que nos une y nos ata,

nos retoma

entre la indentidad del Universo.

 

En este pequeño espacio

donde soy yo,

«Ser o no ser»

soy o no soy,

esa pregunta,

retumba como un eco

y se colapsa en las ondas de tu nombre,

porque tú me renombras

en la incertidumbre de todas las respuestas.

 

Miles de imágenes de yo,

en proyección,

sobre un tú ileso,

sobre un yo ileso.

La naturaleza elige cuando me miras.

No quiero finales

A mi nunca me han gustado los finales trágicos,

ni siquiera me gustan los finales,

quizá los hasta luego,

por eso recelo del amor legendario,

atado a la tragedia de altos vuelos,

las andanzas de malherido caballero

con damiselas de corte y cara triste.

 

Nunca he visto lo bello en la derrota,

la pasión maniatada de esperanza,

un tablero quebrado,

alfil y prisionero,

que se aboca al abismo derrotero,

por no ser estratega de sus coplas.

 

Y es que por mucho que el malogrado amor,

se proclame eterno,

no deja de ser una sospecha,

pues nadie lo sabe, pues la muerte

rasgó el papel en blanco de su historia.

 

Todas las andanzas comienzan con tono glorioso,

fraguadas en química pirotecnia,

y muchas de las veces,

culminan en cítrica batalla

sin nada de lisonja,

sin nada que perdure,

más allá del cubo de basura de las propios

y contaminados reproches.

Y sí fueras,

o no fueras,

lo que hiciste,

lo que no hiciste,

lo que se dijo,

esculpido,

en el tatuaje de la ira.

 

Me pregunto cómo estaría Isolda,

Ginebra, Julieta o la mismísima Helena de Troya,

si su avatar hubiese perdurado

a lo largo de los años,

cómo después de diez o veinte años,

cómo siquiera después de cinco,

cuando las hormonas se apaciguan

y los espejos devuelven

el rostro ante los ojos.

 

Por eso no quiero finales,

ni vuelos mariposa,

ni hilo rojo,

para calmar la soledad del aire,

el único que arropa,

el único que comprende,

que aquí se camina como se puede

y no como se quiere.

 

No me des finales,

quiero un comienzo,

cada día nuevo,

cada sol de invierno,

¿Nos conocemos?