¿Y quién quiere serlo todo
cuando puede ser un beso,
que se queda muy pegado
a todo lo que deseo
cada vez que yo te tengo?
¿Y quién quiere serlo todo
cuando puede ser un beso,
que se queda muy pegado
a todo lo que deseo
cada vez que yo te tengo?
No hay mayor demencia que hacer siempre lo mismo esperando obtener resultados diferentes( Estein)
Mudar la ropa
como las alas de mariposa
para volar a un mundo alternativo
quebrar y requebrar los pasos, detenidos
para mirarnos de nuevo, en positivo
volvernos a escribir
volver a vernos
Amarnos al fin,
sin atropellos
hasta que la mañana
despierte la piel a los sonidos
de la ciudad trepidante y ser nosotros
cascada y maremoto,
sobre la barandilla de los rascacielos
bendecidos por la iluminaria
de venus
en una noche de verano.
Doctorándome
en tus ojos,
retándome
en el atardecer de tus labios,
perdiéndome,
en el entendimiento de mis sentidos,
habitantes,
de la perpetuidad de tus recuerdos.
Hay una rosa y seda, rosa y malva
amarilleando bordes azul plata,
indicando el inicio de la vida,
en este libro el tuyo de las rimas.
Hay una rosa seda, rosa y malva
sobre la faz certera del que aguarda,
aquel Gorrión escriba, tú recuerdas
embriaguez divina,
y la materia,
el huracán que empuja
la leve creación,
la pluma que suspira…
Tal es tu inspiración,
tal es mi inspiración,
ideas sin palabras
Tú decías,
cadencias sin cintura
Y sin deriva.
No hay mejor compás que aquel que escriben
los átomos del iris, las pupilas
que han de engendrar los tiempos que perviven.
Mientras haya un misterio para el hombre,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
podrá no haber poetas, tú lo has dicho
pero, sin duda nacerán los versos,
las estrofas pegadas al deseo,
sin duda no seremos más que eso,
quizá un simple anhelo de aquel beso,
pero habrá,sin duda,poesía.
Me resulta determinante el viento,
cuando aletea hojas intuyendo,
que no hay nada que sirva de motivo,
para anclarme a la luz de tus sentidos,
un bucle de peldaños sin destino,
orientados al sur de mis tormentos.
Me resulta determinante el viento
Tú, estarás evadido en pensamientos,
mientras en mí solo cruje este lamento,
querer calmar todo el dolor que siento
y no poder hacerlo en el intento,
porque decirte no, es decirte miento
(Para suavizar el ritmo, nada como una canción…Ojalá)
Ojalá llueva luz sobre la tierra nuestra,
Ojalá en nuestros campos se enreden mariposas
que tejiendo sus alas, se conviertan en rosas
Ojalá la ventana sea una puerta abierta
la escalera a las nubes, la distancia que acorta
ese dulce camino al sabor de tu boca,
Ojalá llueva luz, que no encuentre derrota,
desatando los vientos, que me traen tu presencia
Ojalá llueva luz, ojalá lluevan cosas,
como versos de amor, como sonrisas rojas
como un duelo de cielos, como puentes de lunas
como todas las cosas, como todas a una
Ojalá yo me pierda entre todas las tuyas
Ojalá todo esto se escriba en una historia
Ojalá llueva luz…ojalá lluevan cosas
Si se aman las palabras
cuando chocan unidas,
dibujándo las olas
entre la luz del día,
si se aman las palabras,
ya se ama la vida,
porque esto que te digo,
esto es la poesía…
Hoy he escrito este poema, dentro de la serie de poemas dedicados a «mis fuentes», mis poetas visitantes y acompañantes en todas y cada una de mis noches. Uno de los que vino pronto a mis noches, y en ellas se ha quedado para siempre, fue Paul Éluard. Por eso le dedico este poema. En él, se me ha escapado un pequeño guiño a Lynch…😊.
je t’aime
Te amo por amar,
por la palabra hierba
creciente entre las risas,
tú fuiste el mensajero de mi pez dorado,
en la niebla fundida en aquel primer beso,
visitaste la rebelión de las estrofas,
en mi verso adolescente
y te quedaste, hasta hoy, entre las líneas
de todos mis poemas,
cómo no confesarlo,
je t’aime.
Te amo por amar,
en los frondosos frutos
que recalan nuestras bocas
y en ese verbo presente, infinitivo,
en siempre,
lo he dicho, para todas las nubes,
las sombras que tu creas enraízan
todas nuestras noches.
Te amo por amar,
je t’aime
No sin poesía,
pudiéramos amarnos al atardecer,
cuando la hierba encuentra su verde insuperable,
y contar las piedras del camino,
buscando cualquier lugar al que llamar casa.
Pudiéramos conversar transformando,
la palabra curiosa, la palabra confusa,
la palabra enredada entre las rosas,
y tal vez, pudiéramos seguir amando,
cuando la noche alcanzase las cortinas,
desmorando los naipes en apuesta
sobre el gris neón de nuestros pasos.
Pudiéramos, sí, pudiéramos amarnos…
pero no sin poesía.
Los versos se conjugan
en rojo gravitacional,
cuando los planos
se abren,
finitos
sobre el lenguaje de la métrica.
Bajo el dominio
de la ley del bardo,
extrema poesía de tus brazos,
tú y yo nos amamos,
como dos fotones
desplazados,
y es todavía más sonora
nuestra transferencia,
una fuente de manzanas,
en la curvatura de nuestras áreas.