Alter ego

Voy detrás, invisible, como una nube blanca,

humo del cigarrillo sobre tu garganta,

el soplido de aire al crujir las palabras.

 

Quizá ya me hayas visto, quizá no lo recuerdas,

derramando caricias sobre el vibrante ruido

y en la ventana amarga de toda la desgana,

amenizando en gris  de noche atarcedido,

mandíbulas abiertas en eco detenido,

verdad de ser aquello por lo que tú has venido.

 

Que te diré, que lo sabes, aunque sea lo mismo,

lo siempre te encuentra, la que siempre te digo,

por eso, que ya es hora, de quebrantar el ritmo,

volar entre los soles que forman este istmo,

entre cascadas áridas, pajares de sonido,

estrellados murales de lápices sin caja

refugio para huérfanos de la mitad del alma

un techo improvisado de papeles de plata.

 

Ya me duelen las manos de hacer tanto pesebre,

un nido para hablarte, un lecho de montaña.

Voy detrás, invisible, como una nube blanca

humo del cigarrillo sobre tu garganta

 

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Hacia mi

Me desafío, me reto,

me invento y reinvento

Me creo, quizás me crezco

El mar se me antoja muy lejos

y mis manos no sirven de remos

reencuentro, me siento,

sé que hay lugares oscuros, pero muy propios

que rehúyo, que dudo, temiendo.

Es complicado reconocerse

batiendo salvaje los propios muros.

Me veto, me impido, me intento

me importuno, me alejo,  me cerco

El miedo se apodera en este trecho

El oleaje de mi mente me nubla

Pero el silencio me empuja

Y es entonces, cuando

me invade una energía impropia

que me sumerge en un espacio interior

donde el sonido y el color se asemeja

donde los rostros no tienen imagen

y ya nada se aplaza.

Inhalo la vida, me concentro, observo

y una pequeña flor resurge sobre mis ojos

para recordarme que tras el peligro

se encuentra un jardín de flores incontables.