Sin sol que cobijarse

Maldecir al sol,
a veces, es de menos,
si sale cada día, para que todo aguante,
por mucho que el papel se esmere en embaucarte
este mundo es de locos, y la cordura un arte,
cuando ya todos mienten,
cuando ya nada vale
que no sea el comercio que nos mancha la sangre,
por las venas marchitas de todos los cobardes,
las lágrimas de niña al temblor de la tarde,
los tambores de guerra, la máscara del aire
los monstruos de la noche, lo que nadie comparte,
esos ojos vendados, aquí y en cualquier parte.

Maldecir a la luna,
a veces, es de menos,
si maquilla los días sin luz para cegarte,
tu razón de miseria en vuelo de rasante,
que se arropa en las nubes para no congelarse
en un giro maldito, en lucha de titanes,
donde no existen mitos, ni palabra que aguarde,
donde ya todo vale, porque nada ya vale
donde ya no hay aliento que pueda levantarse
y erizar a los pájaros, para poder llamarte,
despertándote vivo, de este sueño inquietante,
que aliena las verdades sin sol que cobijarse.

Maldecir es sin duda,
a veces lo de menos,
cuando el alma esta huida,
cuando todo es ajeno,
y salpica una vida,
deshaciendo los sueños.
Has sucumbido al frio,
y al poder de su miedo,
te han robado tu rostro,
eres angel caido,
eres dorso y reverso
un errante perdido,
el que vaga sin dueño.

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Pudiera contarte

Pudiera contarte,

que la noche gime en rojo

por mucho alcohol que se restriegue por sus calles,

los míseros alientos en un portal oscuro

sobre el desconchón de la pared,

la humedad carcomiendo los ojos

y… la esperanza.

Pudiera contarte.

que hay ideas que quiebran en dos a los hombres,

que en las aceras del hambre no hay consuelo,

y la ayuda de paquetes de leche en polvo es dinamita

sobre los diamantes del desierto.

Pudiera contarte,

que tu vida de escaparates y youtube,

es una ilusión nada certera,

de la incertidumbre que espera,

a un planeta perdido de la luz

poseído y poseso entre las sombras.

Pudiera contarte,

miles de cosas que sabes y no escuchas,

otras que escuchas como pesadillas,

alejadas, ajenas y de otros.

Pudiera contarte,

pero no lo hago,

prefiero contarte

la claridad del alma,

la luz sobre el portal,

la paz sobre el desierto,

planeta en órbita,

todas las fórmulas

que truecan las cajas de los truenos,

para la reversión de los destinos.

 

Esa llamada infinita a la palabra

para revertirla tu mirada

manos de tiza sobre el panel del mundo

virando rumbo

hacia el oceáno de los días.