Derrota

Asumir la derrota,

y rechinar los dientes

en la cruda realidad de la impotencia.

El camino recorrido,

el esfuerzo,

la generosidad del desafío,

se vuelven inútiles propósitos

de un transito que no sabe devolverlos.

Aun así,

hemos de respirar profundamente

y pensar que seremos más hábiles,

en el próximo viaje.

Somos corredores de fondo,

las etapas

pueden superponerse

y quién lo diría,

una realidad paralela descubre

su bosque

ante nuestros ojos

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Me ves,

estoy aquí

con un cesto de manzanas y de flechas,

que son encrucijada entre mis ojos.

 

Porque no me quisiste,

yo no pude quererme,

por eso,

arañé mis brazos

hasta que brotó la sangre,

sangre,

espaciosa, blanda

sangre a solas,

en el vendaval de mi impaciencia.

 

Y en ese empeño persistí en la daga,

tatuando un emblema sobre mis manos,

esas manos,

que apenas son visibles en las cortinas de la luz.

Tú me viste,

altiva, quizá, pensaste, débil…¿alocada?

entre la densidad de tu delirio

 

No me reflejes, no,

no me reflejes

Tus espejos me molestan

y ya las nubes no son consejeras en nosotros.

 

Yo soy tu sombra,

soy tu voz,

la mácula

de la ignorancia del mundo.

Y si arde Alejandría,

oda a los libros

que se contuvieron en la memoria,

mi memoria…

la memoria de todas ellas.

 

No me reflejes, no,

no me reflejes

que temo,

hacerme daño.