Y fuiste viento sobre mi cadera,
musicando la vida
fuiste vórtice,
remolino,
sinfonía,
compactando
nuestras adicionales dimensiones.
Y fuiste viento sobre mi cadera,
musicando la vida
fuiste vórtice,
remolino,
sinfonía,
compactando
nuestras adicionales dimensiones.
Te separas, cuando yo voy despacio
te acercas, cuando yo voy deprisa,
y es curiosa la constante asimetría
columpiando perpetuas resonancias.
Parece que te extiendes campo abierto,
hacia el extremo opuesto,
y no vislumbro
el fin de aquellos pasos tortuosos
que suenan a asfalto entre las nubes.
La paradoja es que tú estás más cerca,
la velocidad no es un crucero,
que conjugue el lenguaje de los versos.
La paradoja es que tú estás más lejos,
cuanto más me aproximo a tu horizonte.
Quizá es vértigo, respuesta en torbellino,
que trae el agua presta al sumidero,
y a mí lo que me gusta es espaciar las piedras,
sobre el estanque que compone la mirada.
Carezco de murallas, yo no temo,
ser presa del azar de tu sonrisa,
hace tiempo que vengo de regreso,
atomizada en el viento que roza la piel,
como paso de azahar entre tornados.
Ya conozco todos tus lunares,
la sombra de tus lunas
y la noche.
Ya no soy filamento ni membrana
sino de mi propia piel,
y tanto que no amo,
sino por instantes,
de tantos dígitos,
como los centímetros de mis torres.
He cambiado de dimensión
para intentar comprenderte
y ahora, quizá es tarde,
pero ya sé,
que no era necesario ni preciso,
porque tú, como holograma estático,
eres solo una fantasía de mi mente.