La mente ejecutora

A veces, la noche es como un saco amargo,

el dolor adherido a la mirada,

por mucho que respires,

no estás vivo,

y la mente hace bucles

ajenos al aire que demanda

una exhalación más prolongada.

Inspira, exhala, exhala…

El manual de técnicas de relajación se agota,

cuando todo es una inmensa llaga

supurando,

sin nada que la cierre,

sin nada a lo que asirse,

salvo ese yo desnudo y temeroso

de seguir destrozándose la espalda.

No hay que culpar a la bala

ejecutora de los desaciertos,

sino buscar el porqué

nos situamos en su trayectoria,

previsiblemente,

una y otra vez,

hasta que el tiempo haga olvido de las sombras.

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Buscando salida

Observo el autobús, detenido, en su parada

y no hay asiento para mí,

pero se abren las puertas,

hay gente que me dice que entre,

mientras yo me refugio en el anonimato de un portal,

sin querer subir,

sin querer salir,

sin más explicaciones.

Yo ya no puedo tomar esa parada

ya no me llevará a ningún lugar,

porque yo ya no estoy en ninguna parte,

soy una errante,

con ganas de asaltar

a mi propia sombra,

de perpetrar un atraco

a los depósitos de mi presente.

Por eso hoy no me gustaría tener más piel

que la mía propia,

ya se me ha agotado el espacio en la caja de los golpes,

y  no tengo repuesto en mis tacones.

Mente en blanco,

respuesta, no dolor,

alfil en cuadro,

mente partida,

oblicua en el tablero,

mente embargada

ausente en el diario,

suplicante una mano que le empuje

a cualquier parte,

a cualquier autobús,

a cualquier día.

 

Ovillo

                  Muchas veces, por propio instinto de autodefensa, nos alienamos o bloqueamos pretendiendo evitar el dolor. Sin embargo, el dolor persiste. Este poema trata de reflexionar sobre esta situación.

 

Enroscarse, enrocarse, enmarañarse

Ser un ovillo

y descartar la lana

pretendiendo ser cristal en fuego

impune de lamentos

incandescente en brillo

Enroscarse, enrocarse, enmarañarse

para desabrigarnos de emociones

imposible defensa

imposible el acierto

pues todo lo que duele queda dentro

entre las madejas del recuerdo

y la huella contusa del silencio

 

 

Lado oscuro

En ocasiones todo parece salir mal. Nos sentimos emocionalmente heridos y descendemos, con nuestros demonios, a los parajes más oscuros de nuestros miedos. Podría haber hecho, debería haber hecho, no lo debí permitir, tendría que… Este poema habla de ese momento en el que ya estamos cansados de ese martirio. Decidimos abandonar la tiranía de nuestra propia mente y ya no nos importan sus machacones mensajes de culpa o de rabia Y, curiosamente, en este momento, comenzamos a sentirnos mejor.

 

Reinvento mi grito, hoy

no hay brebaje que calme la comezón de mi piel,

ese purito intenso que da bienvenida a la noche,

ni siquiera el alcohol más puro,

aunque se mezcle con miel y aguacate.

En esta historia, me he perdido algo

y no soy ya capaz de seguir el hilo

Todo me suena a teleserie,

quizás tenga detrás un muerto viviente,

demasiado drama  para una comedia.

Pero, es curioso, en realidad, me siento bien

ya no me importa que la lava caliente mis pies,

o que no exista conjuro que me rescate de esta vuelta

sin billete de ida a mi particular infierno.

Es latoso tener que resurgir,

aunque todos lo hacemos,

pero hoy me quedo en este lado oscuro,

resiliente a la sombra de mis ojos.