Eternidades

“La eternidad no tiene partida de nacimiento” ( Victor Hugo)

 

Solo en el espacio giratorio,

la güija de los nombres interpuestos,

en la relatividad de mi materia

 

No hay nombre que repetir en alta voz,

no hay nombre,

ni espuma que recoja,

la ebullición del espíritu

cuando conoce,

la atemporalidad de nuestros pasos,

sobre el compás de todas las ideas.

 

Por eso te amaré esta noche,

igual que la primera,

o que la última,

en el espacio abrigado de tus besos.

 

Puede que nuestro amor no llegue a ser eterno,

pero sí lo serán nuestros momentos,

esos abrazos regalados,

sobre un acantilado de minutos,

en el remanso de todas nuestras lunas.

 

 

 

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Justificaciones y emociones

Cuando Justiniano, recogiendo las ideas de Aristóteles sobre el amor filial, en una de sus Novelas repetía aquello de que el amor desciende, luego asciende y después se extiende, adagio del que quedó prendado hasta el mismo Cervantes, utilizaba las referencias al afecto familiar, siempre en la línea de sangre, y para justificar la el mantenimiento de los bienes en la familia de origen. Línea descendente(hijos), ascendente(padres) y la colateral(hermanos). Pero por ahí no quiero seguir, no quiero aburriros con una parrafada de derecho sucesorio. Volvamos a la frase. Era defendible. El amor a los hijos es el más grande. ¿Pero esa era la finalidad real?¿Por qué no el amor carnal?¿Es aplicable a toda clase de afectos? ¿Es una ley física universal que mimetice y siga el universo? El amor de pareja ¿Creéis que primero desciende y luego asciende? El amor universal ¿No se expande primero? Las respuestas que podríamos dar nos indican que Justiniano fue un pionero de la posverdad, nos versó la regla sobre el afecto para justificar el traspaso de los bienes, lo que en una sociedad romana patriarcal,significaba mucho y no tan bueno para la viuda,(a tanta expansión no llega).

        La emoción nos lleva a la conducta, o quizás sea lo contrario, la emoción es el caramelo, el envoltorio de la finalidad real. El afecto- digo los bienes- descienden

Reflexiones al borde del pijama

                          Esta noche viene pensativa. Diciembre ataca, con sus luces, mercadillos, rojo, verde y amor, mucho amor. Enredada entre las bolsas de adornos navideños, me pregunto,  es el amor una emoción o una acción.

                            Podemos sufrir por amor, morir de amor, sentirse feliz por amor, emocionarse, amarse, re-amarse y re-emocionarse. No me rallo, el amor es una emoción que desencadena su acción la de amar, o amando recibimos una emoción satisfactoria. El amor lo que no es una omisión, ni tampoco sabe de agravantes. ¿Por qué?, porque no puede existir amor alevoso. Si uno pretende amar a otro, utilizando medios o métodos que reduzcan la capacidad de defensa, sin peligro propio, cuando menos ha hecho…!un amarre!! – y eso está mal- Todo lo que no sepa contar con la plenitud de facultades del otro, mal pero que muy mal. Quien no quiere peligro propio, no ama, simplemente.

                      El amor puede ser diurno y nocturno, pero nunca con nocturnidad, aprovechando la confusión de la noche. Eso es aprovecharse (y está mal, pero que fatal) de un ligue de discoteca. Ya no digamos que el amor no puede tener disfraz- aunque muchos pongan su mejor careta- ni acometerse con abuso de confianza o superioridad. El amor pues, no sabe de agravantes.

                    Pero cuidado, el amor tampoco sabe de atenuantes. No cabe un amor embriagado. Eso es un cebollón en toda regla por el que sientes “ que quieres a todo el mundo”. Menos la legítima defensa, porque amar no es atacar, ni el estado de necesidad.

                   Concluyo, si el amor es una acción, sin capacidad de ser omisión, sin agravantes y sin atenuantes. El amor es, sin duda, la emoción más pura.

                       Que sí, que sí, que me voy a dormir ya…