4 de abril

Me gustaría prometerte un arco iris,

que ilumine tus días,

apalabrarte la esperanza,

en un contrato de versos musicados.

Sin embargo,

yo no puedo negar la oscuridad que nos visita,

y sucumbo, cada tarde, en el pánico

la ausencia de respiradores,

enfermos y un triaje

anunciado por la partida de nacimiento.

 

Me gustaría decirte que resistas,

que vendrán lunas y soles, y mañanas,

y volverá la cotidianidad de las caricias.

 

Sin embargo,

mis manos,

se sienten impotentes,

tropezando con el cristal de la mampara,

la protección que nos separa,

la máscara del miedo.

Y me desangro,

por no encontrar cordura en cada tarde.

No tengo el medicamento,

ni la vacuna,

que permita resucitar a nuestros muertos,

solo me queda rezar,

pedir clemencia

y que la diosa naturaleza nos ampare.

 

Te podría decir que este verano,

volverás a reír, tendrás amores,

desvestirás el alma y serás fuego,

en las hogueras de junio, en el solsticio.

 

Y ello será así,

sin duda.

Después de la tormenta, siempre amaina,

pero tendremos pérdidas,

demasiadas,

y todavía no puedo quitarme las lágrimas

que ya anidan de forma permanente

en la ventana.

 

Pudiera pedirte que te unas

al alarido de mis gritos,

las inclemencias de los inocentes

y que cuando esto termine,

no cierres tu ventana y  vuelvas a irte al bar,

como lo hacías ordinariamente,

te pido tengas presente,

que habrá alguien caído,

al que dar la mano,

alguien al que levantar,

alguien que sanar,

alguien que cuidar,

y ese es el lenguaje en que se imprime

la verdadera resistencia.

 

La verdadera resistencia…

ya lo veo,

nos daremos la mano y,

ese sí puede ser nuestro arco iris.

 

 

 

 

23 días

23 días,

penitentes,

por un golpe de quimio,

cabalgando

como una pena sin ley,

en el código de todas las sonrisas.

Cuántas veces

se hacía mudo el silencio,

retándonos,

impotentes,

sobre la extrema luz de esos ojos

hacia el infinito.

Cuántas veces,  campeona,

frente a las cédulas de la ira…

 

23 dias,

cuántas veces,

sobrepasando los decibelios de todas ordenanzas,

enredamos la música hasta los cielos,

mientras bailábamos

para saciarnos de angustia,

tacónes sobre el suelo,

desatando

los timbales del miedo,

arrebatándonos,

los minutos que restan.

 

23 días.

cosiéndonos los hilos,

para no perdernos

y no dejar de verte.