Mi querido Octavio

Sigo con mi serie de poemas dedicados a grandes poetas. Este poema está escrito pensando en los maravillosos versos de Octavio Paz.

 

El viento es aire, siempre de viaje,

agreste y demandando tu oleaje

Desbocando las riendas, carruaje

del grito desvanecido del paisaje

Quien pudiera versarte como nadie

Quien pudiera ser rosa y también aire

Yo también callo en grito,

sedienta de tu espuma te recito,

entrelazando manos en la nada…

Altos muros de agua, aguas blancas

Aguas enternecidas de palabra,

para dejarte un soplo de esperanza,

agua de sol, azul, en agua calma

el agua bendecida por el alma.

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Una rosa

Hay una rosa y seda, rosa y malva

amarilleando bordes azul plata,

indicando el inicio de la vida,

en este libro el tuyo de las rimas.

Hay una rosa seda, rosa y malva

sobre la faz certera del que aguarda,

aquel Gorrión escriba, tú recuerdas

embriaguez divina,

y la  materia,

el huracán que empuja

la leve creación,

la pluma que suspira…

Tal es tu inspiración,

tal es mi inspiración,

ideas sin palabras

Tú decías,

cadencias sin cintura

Y sin deriva.

No hay mejor compás que aquel que escriben

los átomos del iris, las pupilas

que han de engendrar los tiempos que perviven.

Mientras haya un misterio para el hombre,

mientras haya esperanzas y recuerdos,

podrá no haber poetas, tú lo has dicho

pero, sin duda nacerán los versos,

las estrofas pegadas al deseo,

sin duda no seremos más que eso,

quizá un simple anhelo de aquel beso,

pero habrá,sin duda,poesía.

 

Sueño de amor

                       Cuando decidí ordenar mis poemas de amor bajo un alfabeto, en un alfabeto para amarse, lo hice de manera improvisada y no emulando, lo confieso, la decisión de otros poetas. Aun así, luego cuando ya estaba publicado, Un aflabeto para amarse, recaí en la lectura de la obra de un poeta, jurista  y político ecuatoriano del XVIII/XIX, que gustó del mismo criterio para ordenar su consejos en forma de verso en su Alfabeto para un niño.  Yo aquí homenajeo a Olmedo  en su dimensión como poeta. De la vida, hace tiempo y por muchos motivos, lo que más me interesa es lo que esconden dentro las personas y por ello la poesía.  Hoy retomo como base un poema de José Joaquín de Olmedo, llamado un sueño, y escribo este poema, que se lo dedico y espero le llegue, entre los pliegues de las dimensiones de los tiempos.

 

Saber puedes las veces que te amo,

las veces que recuento nuestro sueño,

y aquellas otras tantas que despierto,

maldiciendo,

la luz del día, la torre, la mañana,

la historia que no fue, que era soñada

y me quedó pegada en la mirada.

 

Mallarmé

Vino a esta mesa Heaney, Valente, Victor Hugo, Whitman, Eluard, Pardo Bazán y hasta Espronceda; Cómo no iba a invitarle. Lo sé, a veces no resulta aparente, pero sus versos para mí fueron la cara de la moneda. Sigo con mis atrevidos homenajes poéticos a los grandes. Ahí va el poema que he escrito dedicado a este gran maestro.

 

El infierno divorciando al mal,

sobre vulgares cortinas, adornando,

tus ventanas ajadas de tormenta,

en un antro cualquiera.

 

A veces te comprendo,

viajando sin pan y sin limosna,

alborotando osamentas,

desiertos sin cisterna y viejos,

en esa rabia ruda acostumbrada

a flirtear con la muerte y el sudario.

 

Mascar la agonía en versos incorruptos,

y el rayo de la luna atravesando,

los marchitos rincones de las calles.

 

A veces te comprendo,

sé que buscas,

ese halo de luz, la luz parlante

de tu infinita condescendencia hacia lo humano,

a dónde tu vás, Etienne,  allí dónde,

el bien sino, el bien, en esta parte

 

 

 

Dulce tu queja

             Este poema no pretende ser una réplica de su homónimo, que es insuperable, sino un homenaje y recuerdo a ese gran poeta.

 

La solitaria rosa de tu aliento,

un soplo sobre el cuello y en silencio,

regresiones de miel en entretiempo,

pies mojados, mejillas y tu acento.

 

La sanitaria rosa de tu aliento,

remolino de luz, ya te presencio,

con el barniz de azúcar de tu lienzo,

y en las notas de copla de este verso

 

Todo recuerda a ti, oculto mío

decorando las aguas de mi rio

correntía en la vid del sentimiento.

 

Todo recuerda a ti, dulce tormento

enajenado otoño de tus bríos,

que se versa en abril por un momento.

 

Estimada Emilia

Naturalismo y rima, ágil y despierta. Querída Emilia Pardo Bazán. He aquí el poema que le dedico.

 

En las binarias galeras de lo nuestro,

comparte cicatriz este poema,

sobre la sangre gélida de espera,

que volvió para escribir de otra manera.

Y no lo creas, no, ya no es mi mano

la que urde telares con estrofas,

ni la que ha de traerte en primavera,

Son tus versos salvajes que rebrotan,

como un truco de magia sin chistera

por mucho que tú aun no  lo creas.

 

“Firma y versos a las damas

son cosas que no se reclaman“.

Va a ser que sí,  (Emilia), sí

y ahora  también se proclaman

para traerte aquí, en sabia nueva.