Invierno

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El cielo no está azul. Diría que es invierno,

tiene esos tonos grises presentes en tus ojos

y un blanco inacabado de promesa perdida,

de esas que tejen huecos vacíos por la ausencia.

Desciende mi mirada, hay algo que me turba

que agita mi impaciencia con velos de infortunio,

como la nube negra que presagia tormenta

cuando todo está bien y la casa está en calma.

Rebelde la madera, entre el barniz y el tinte,

sobresale la letra, comienzo de tu nombre.

Es tenue ese silencio que me trae el recuerdo

de esa tarde de abril que se llevó tus manos,

constantes hacedoras de versos sin palabras,

el reloj en la pared, el papel de periódico,

los paseos sin tiempo, el mar en la ventana

y la madera oscura tallada con esmero

que habitaban cristales imaginando mundos

al paso detenido de los rayos de luz.

Ese viento que añora vestirse en tus zapatos

para poder hablarte, aunque fuera un segundo

y calmar las raíces de ese viejo castaño

que todavía guarda la impronta de tus besos.

El cielo no está azul. Diría que es invierno,

invierno en este agosto plagado de matices,

invierno.

Simplemente

No quiero decir aquello

de que soy la suma

de una centena de mujeres.

Tampoco quiero contarte,

lo fuerte que he sido,

lo que soy,

cada cual tiene sus propias batallas,

extendidas,

sobre el tablero de la vida.

No te diré que soy loba, meiga,

amazona en el desierto de las palabras,

ni delicada ni Ángel,

encantadora de colonias.

Hace tiempo que me aburren los estereotipos,

por mucho que sean los de moda.

 

Te diré, sin embargo, que me extasian

los colores del otoño,

que abarrotan mis ojos las ventanas

encendidas del invierno

y que te quiero simplemente,

sin que exista más motivo,

que la  luz que me dejan tus abrazos.

 

 

 

Sol de invierno

El sol tamiza tus ojos viajeros,

la gestada cosecha que rebosa

la recolección de las miradas.

Sostenerse y sostenerte,

el equlibrio,

del bálsamo renacido de sus besos,

reiventándose,

en amante improvisado de tu  invierno.

Invierno

Agarrarse los ojos

y las manos,

con los bolsillos vacíos de impaciencia,

observando

como cae la lluvia sobre el patio,

alborotando el sumidero,

el sencillo rebrotar del agua,

la pauta caótica de sus elementos,

mientras tú me miras

y yo pienso,

que deseo abrazar tu piel mojada

en la excelencia del invierno.

Solsticio/ O cepo do nadal

La ruta hacia tus manos,

transita todos los compases

que marcan nuestros cuerpos,

bajo la adherencia de los tiempos

y la sindicación de este solsticio.

 

El viento dispersando

la pradera de anemones,

báculo y lecho sobre el que descorchamos

la celebración de los encuentros.

 

Campanario de sauces asintiendo,

la fogata del tronco

en el renacimiento de los verbos.

 

Así es la trinidad de las edades,

clamando,

al imponente sol de este comienzo.