Una mujer deshila los versos de un poema

                    Una mujer deshila palabras en las redes,

mirando, ausente, triste, al mar que, malherido,

                    golpea sus sentidos con viento desatado.

                   Y ese aire de olvido, esa ausencia que hiede

                    parece no sostiene su mundo en un suspiro.

                    Sus ventanas de invierno no saben de deshielo

                    ni esas noches de antaño de brazos extendidos,

                    ni de aquellos poemas que adornaban su oído,

                    como tallos de rosas, como valles de lirio,

                    y que ahora, lejanos, se le antojan perdidos.

                    Más se alza una nube sobre el cielo estrellado.

                   Su forma le recuerda el porte de su amado

                    y añora aquellos pétalos que un día deshojaron,

                    todos aquellos besos de madera de ámbar.

                    Quién pudiera ser agua sobre un cabo arriado

                    y cruzar el abismo en un fondo de algar,

                     Quién pudiera ser ave y volar a su lado

                     hacia sus pies de luna y sus ojos de sal.

                     Una mujer deshila los versos en poema

                     y los guarda, escondidos, en un trozo de mar.

En pie de guerra ( figuradamente hablando)

Enraizar los sueños, arrastrarlos

a la materia inerte de los días,

y esconderlos en las palmas de las manos,

para impedir te tomen la medida.

En un armario viejo, ajeno ya a mí misma,

desempolvo ropajes y el velo que se afana

en maquillar las horas con paisajes lejanos,

quizá reconocerme en partes ya no mías,

o abandonarse así al flujo de la vida.

El tiempo no sana la evitación, la huida,

tampoco el verbo fluye, ni el cauce se contiene,

desborda el agua sabia la ajena correntía

y regresa inundando las llanuras de invierno,

cobrándote tributos para todo deshielo

de aquellos nombres míos, ajenos a los miedos,

aquellos nombres propios que nunca sucedieron.

.

No es todo lo que soy. Tampoco lo que tengo.

Soy un torrente en llamas, descalzo, sin fronteras,

un huracán de nieve, un temporal de soles,

la hojarasca, las olas, la madreselva, el suelo.

Y aunque sea eso, y no todo lo que soy,

Y aunque tenga fuerza, no toda la que tengo,

no hay abismo ni gruta que cierre mi palabra,

ni que pueda contar en trozos de medida,

lo que una larga noche deposita en el día.

Rosas

Estoy delante,
observando el sillón que ocupabas,
Tan dormida,
Y tan despierta.
El sillón que ocuparon todas ellas,
las que se han ido,
dejando en la memoria,
la estancia repleta,
el camino abierto
y las ventanas,
para llamarse mujer, sencillamente,
sin pretensión,
sin altavoz ni barricada,
con la mirada serena,
de quien sabe,
que volverá una nueva primavera,
para traerme las rosas del recuerdo
y la palabra verdad bajo las olas.
No hay versales,
que puedan describir ese momento,
los cestos de manzanas,
más repletos,
y el sabor de tus mares en las manos.

Épica

A todas las mujeres que hacen, día a día, un mundo mejor.

HEROINAS DE SÁLVORA

El mar bateando su fiereza

anunciando el año,

el canto de sirena

la noche tan cerrada,

en el sonido angustioso del auxilio.


Eran cuatro,

solo cuatro mujeres,

un mar fiero

y una dorna.

La fuerza descansa en la nobleza del alma,

esa ingenuidad que rompe muros

para hacer normal lo extraordinario,

y que regala cincuenta y seis vidas

en los cuatro viajes

de rescate del “Santa Isabel”

Porque Sálvora

lleva nombre de heroina

lleva nombre de mujer.

Heroína

La mayor parte de las heroínas de cómic no suelen llevar mucha ropa,

una indumentaria poco apropiada para abarcar hazañas

y hundir las manos sobre el fango del peligro,

diluyéndose en el techo de cristal trazado a lápiz,

para redondear sus atributos.

Las heroínas comparten acepción con una droga mortal,

algo que tampoco sufren los héroes,

en ese avatar del diccionario,

alcanzando su adición en el amor romántico,

el amarre de la idea envenenada,

en ese «fueron felices»con su super-héroe.

Puede ser que mañana descubramos

una Alejandría ahogada,

sobre la miseria del comercio.

Y mientras la mente adolescente fragua las ideas en combate,

la sociedad insiste en continuar, de espaldas, a la caverna.

 

Mal hablados

Maldicientes,

los habladores del mal,

no tienen cuernos, ni tridentes,

pero sí la rabia en su lenguaje

y un fardo de miseria sobre su espalda.

Maldicientes,

te increpan y susurran,

para hacerte de menos,

quitarte tu estima.

No quieren una mujer loba acotando su espacio,

sino una damisela  gris entre sus barrotes,

por eso te culpan,

mala madre, mala hija, mala esposa, mala novia, mala…

será la regla, la menopausia o la luna…

(Llamémosle libertad)

Maldicientes,

los habladores del mal,

te quieren presa

de sus desdichas,

esa falda es demasiado corta

eres demasiado joven,

demasiado vieja,

alta, gorda, flaca, baja…

 

Las niñas temen un lobo feroz en su travesía,

pero no se dan cuenta que el lobo es el narrador

o la narradora,

imponiendo la ley del miedo sobre el bosque.

 

Maldicientes,

los habladores del mal

no descansan

siempre que les escuches,

por eso

RESPIRA…

NO LES ESCUCHES…

que se pudrán en su queja miserable

en su murmullo,

Ellos no podrán hacerte más daño

porque son humo y polvo de paja

y su mayor tormento es su propia existencia.

 

Te quiero libre, mujer

te quiero libre

 

Mujer sola

A veces las sociedades presionan, nos imponen corsés. Frente a esos corsés, este poema.

MUJER SOLA

Sobre un campo de lavanda,

eres el iris púrpura,

la clave en fa y la melodía

que detiene la noche entre los días,

danzando por la vida.

Mujer, solo, mujer, a solas,

recostada entre las flores,

paseante de sueños,

mujer sola,

plena en el eclipse de tus lunas.

Mujer Sirena. Reina de las mareas

Para amarte

Visité las nubes de tus ojos

Compartí cicatrices, desencuentros

revolviendo tiempos, asumiendo asertos

amurallando el viento del despojo

Para amarte,

Pretendí respirar en superficie

Y me jugué todos los créditos

todos los comodines del silencio

por no decir aquello no que no dije

Para amarte,

Devolví las notificaciones de despecho

apostando en todos los recuentos

e intenté dar cobijo a las baldosas

de tu viejo cuarto de dinteles grises

Y ahora que

tú decides impasible

que no hay nada que hablar

que es tal vez el destino o  la marea

la que al final nos lleva

y no hay timón para guiar

No lamento la batalla ni la suerte

ni el desamor, ni el destiempo, ni la herida

Me siento poderosa

en el fondo,

todo ese esfuerzo

me ha hecho fuerte

Guerrera

Estratega

Libre.