Mal hablados

Maldicientes,

los habladores del mal,

no tienen cuernos, ni tridentes,

pero sí la rabia en su lenguaje

y un fardo de miseria sobre su espalda.

Maldicientes,

te increpan y susurran,

para hacerte de menos,

quitarte tu estima.

No quieren una mujer loba acotando su espacio,

sino una damisela  gris entre sus barrotes,

por eso te culpan,

mala madre, mala hija, mala esposa, mala novia, mala…

será la regla, la menopausia o la luna…

(Llamémosle libertad)

Maldicientes,

los habladores del mal,

te quieren presa

de sus desdichas,

esa falda es demasiado corta

eres demasiado joven,

demasiado vieja,

alta, gorda, flaca, baja…

 

Las niñas temen un lobo feroz en su travesía,

pero no se dan cuenta que el lobo es el narrador

o la narradora,

imponiendo la ley del miedo sobre el bosque.

 

Maldicientes,

los habladores del mal

no descansan

siempre que les escuches,

por eso

RESPIRA…

NO LES ESCUCHES…

que se pudrán en su queja miserable

en su murmullo,

Ellos no podrán hacerte más daño

porque son humo y polvo de paja

y su mayor tormento es su propia existencia.

 

Te quiero libre, mujer

te quiero libre

 

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Imagen

Como un soplo

la brisa

danza con su cabello

dibujando

una caracola de sonidos

un espiral de notas

viajantes

sobre la cordillera de su cuerpo

Mujer sola

A veces las sociedades presionan, nos imponen corsés. Frente a esos corsés, este poema.

MUJER SOLA

Sobre un campo de lavanda,

eres el iris púrpura,

la clave en fa y la melodía

que detiene la noche entre los días,

danzando por la vida.

Mujer, solo, mujer, a solas,

recostada entre las flores,

paseante de sueños,

mujer sola,

plena en el eclipse de tus lunas.

Mujer Sirena. Reina de las mareas

Para amarte

Visité las nubes de tus ojos

Compartí cicatrices, desencuentros

revolviendo tiempos, asumiendo asertos

amurallando el viento del despojo

Para amarte,

Pretendí respirar en superficie

Y me jugué todos los créditos

todos los comodines del silencio

por no decir aquello no que no dije

Para amarte,

Devolví las notificaciones de despecho

apostando en todos los recuentos

e intenté dar cobijo a las baldosas

de tu viejo cuarto de dinteles grises

Y ahora que

tú decides impasible

que no hay nada que hablar

que es tal vez el destino o  la marea

la que al final nos lleva

y no hay timón para guiar

No lamento la batalla ni la suerte

ni el desamor, ni el destiempo, ni la herida

Me siento poderosa

en el fondo,

todo ese esfuerzo

me ha hecho fuerte

Guerrera

Estratega

Libre.